sábado, julio 13, 2013

Transporte de cartòn

Latas retorcidas circulan hoy día por las calles intransitables llenas de motos en la ciudad de Santa Marta, servicio público acostumbrado al menudeo y a la guerra del centavo, a detenerse le hasta a un mosquito. Rutas inexistentes de verdadero servicio de transporte en una ciudad que está a pocos años de cumplir su Quincentenario, cosas que pasan en un pueblo gobernado por quien supo ganar las elecciones con un apoyo tremendo de parte del pueblo, pero que lo traduce en planes y más planes, sin tener obras aun construidas.
Luego de esta introducción  veamos si es justo que se proponga por parte de la alcaldía hacer un ajuste a las tarifas del servicio público de Santa Marta. Dirán que la gasolina aumenta  que los repuestos están más costosos, que hasta en el aumento suponemos que le meten lo que tienen que pagarle los buseteros a los que piden vacunas. Pero en definitiva ese problema no es del que se sube a una lata retorcida llamada busetica, y debe recorrer la avenida del libertador, pasando por el mercado y la playa para llegar al Ocean Mall. Recorrido de por más estúpido, ilógico e irrisorio en una ciudad pequeña que apenas empieza a crecer siente que no está organizada para eso.
Aumentarle 200 pesos al servicio de transporte, y 300 en domingos y festivos parece más un favor a algún concejal que cuente con un emporio transportador, más que algo justo. Porque la ciudad no da para eso, no existen rutas definidas que no pasen por la playa o por la cr 5ta, y eso que hace 7 años salí de Santa Marta y al regresar sigue igual el servicio de transporte. Llenas las calles de moto taxistas, de esos señores que les toco recurrir al empleo informal en pleno gobierno del gran colombiano. 
Las calles rotas, la gente sin cultura vial, las buseticas en pleno corre corre, incomodas por naturaleza, las busetas grandes que siempre pasan por la playa y que acomodan a la gente en manadas los domingos para que se pueda ir al Rodadero o a las playas del aeropuerto.
Ni que decir de los amigos de la mancha amarilla, taxistas abusivos que se valen del precario y a veces escaso servicio que prestan para incrementar las tarifas a su acomodo, y cuando consideran, así como suena: de acuerdo al marrano.

A todas estas consideraciones, es claro decir que el mundo en el que se vive en Santa Marta es como la canción del Chávez del vallenato, un mundo de Cartón, ideal para algunos, mentiroso para muchos y torpe para el pueblo. Sin lugar a dudas, no hay que ser adivino o crítico para entender que antes de pensar en aumentar tarifas de buseticas o de carreras de taxis, lo mejor es organizar el transporte público, hacer una reforma que incluya creación de nuevas rutas, para una ciudad pequeña al extremis, que se respeten las normas de tránsito y claro que se cuente con un parque automotor a la altura de una ciudad de 500 años, no más de las mismas latas y buseticas oxidadas.

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