jueves, agosto 06, 2026

Entraron nueve, quedaron tres: la soledad del megalómano y el final del viaje

El 7 de agosto de 2022 pasó a la historia por ser el día en que el primer gobierno de izquierda iniciaba su andar. Ese día, en la posesión de Gustavo Petro, el mandatario electo fue recibido en la Casa de Nariño por el presidente saliente, Iván Duque, quien junto a su familia y sus colaboradores más cercanos dejaba el gobierno tras cuatro años de férrea oposición por parte de quien llegaba a sucederlo. Petro arribó junto a su hijo Nicolás y la esposa de este en ese momento, Daysuris del Carmen Vásquez; sus hijas Sofía, Antonella y Andrea; su otro hijo, Nicolás Alcocer, y su esposa de entonces, Verónica Alcocer, ataviada con un vestido que parecia estar disfrazada del papa Francisco.

En la foto presidencial del día aparecen los nueve, unidos y agarrados de la mano. Una familia a la que el poder mordió y envenenó a tal punto de dejar al megalómano de Gustavo Petro hoy solo, pero con muchas «jóvenes rebeldes» a su lado, como Juliana Guerrero o Gabriela Muñoz. Los escándalos de la familia presidencial apenas estaban por comenzar: estos incluyen la detención de Nicolás Petro junto a su ya expareja, Daysuris del Carmen. Nicolás, acusado de enriquecimiento ilícito como servidor público y lavado de activos; Day, su expareja, acusada de lavado de activos y violación de datos personales cuando descubrió que Nicolás la engañaba con su mejor amiga, Laura Ojeda. Y la polémica frase de Petro en la que afirmó que no había criado a su hijo, conocido como "Remolacho".



Nicolás Alcocer (hijo de Verónica Alcocer y adoptado legalmente por Gustavo Petro) ha manifestado públicamente que vive en Europa desde hace varios años, al igual que Andrea Petro, la otra hija del mandatario, quien al parecer reside en París. Sin embargo, la joya de la corona se la lleva Verónica Alcocer, quien entre todos sus escándalos y delirios de Lady Di criolla, se mudó hace un par de años a Suecia, en donde ostenta una agitada vida nocturna —al parecer financiada por el Estado colombiano— en búsqueda del silencio de la que fue la esposa del saliente presidente. Han existido serios cuestionamientos sobre sus viajes internacionales, su equipo de apoyo y los recursos destinados a su oficina. En los últimos días del gobierno se divulgaron audios atribuidos a una excolaboradora cercana de Alcocer, en los que se hacen acusaciones sobre el presunto manejo irregular de recursos, uso de testaferros y financiación ilegal de campaña. Organismos de control solicitaron información sobre estos gastos, lo que generó un tenso debate público sobre el verdadero alcance de las funciones de la Primera Dama.

Gustavo Petro es un personaje con todos los rasgos de un megalómano: alguien que se siente más inteligente o capaz que los demás, busca constantemente admiración y reconocimiento, piensa que las reglas no aplican para él, es capaz de exagerar sus logros o atribuirse méritos que no le corresponden, tiene seria dificultad para aceptar críticas y se cree destinado a cambiar el mundo o a cumplir una misión extraordinaria. Se refugia en su red X, desde donde trina a altas horas de la noche, y se va de viaje con muchachitas o amiguitas que lo acompañan en esa soledad que su fragmentada familia no logró llenar.

Entraron nueve el 7 de agosto de 2022. Cuatro años después, solo lo acompañan su hija Antonella —que también se irá a Europa— y su hija Sofía, quien regresó luego de terminar sus estudios en europa. El poder le arrebató una familia a Petro, pero le dejó pelo nuevo, estiramiento facial, un paseo por Panamá y bastantes viajes junto a jovencitas rebeldes que tratan de llenar el vacío.

Este 7 de agosto, Colombia grita más fuerte que nunca: ¡Fuera Petro! Vas de salida; que nunca más un personaje como tú regrese al poder.





martes, agosto 04, 2026

Barranquilla: Capital alterna de Colombia

Durante décadas, el poder político de Colombia ha tenido un único epicentro: Bogotá. Desde la capital han gobernado los presidentes, se han definido las grandes decisiones del Estado y se ha concentrado la mayor parte de la administración pública. Ahora, el presidente electo, Abelardo De la Espriella, pretende romper con esa tradición y ha elegido a Barranquilla como el escenario desde el cual comenzará a impulsar una nueva visión de gobierno. Un guiño a la ciudad que está de moda en Colombia. Uno de los argumentos del mandatario electo es que la medida busca corregir el histórico centralismo colombiano y otorgarle un mayor protagonismo a la región Caribe en las decisiones nacionales.

Algunos países que ya manejan esta figura son Bolivia —donde Sucre es la capital constitucional y La Paz es la sede del Gobierno y del Congreso— y Sudáfrica, que no tiene una sola capital: Pretoria alberga el poder ejecutivo, Ciudad del Cabo el legislativo y Bloemfontein el judicial. En los Países Bajos, Ámsterdam es la capital constitucional y La Haya la sede del Gobierno y de la Corte Suprema. Chile es otro ejemplo: hasta 1973, su Congreso sesionaba en Santiago, pero tras el retorno a la democracia en 1990, se inauguró la nueva sede en Valparaíso como una medida orientada a promover la descentralización del país.


En el caso de Colombia, la propuesta planteada busca que Barranquilla complemente a Bogotá, no que la reemplace como capital. Para que dicho reconocimiento tenga carácter permanente y no dependa del gobierno de turno, la vía más sólida sería una reforma constitucional aprobada por el Congreso mediante un acto legislativo.

Sin embargo, la iniciativa ya ha desatado duras críticas. Mantener dos sedes de gobierno implicaría altos costos adicionales, traslados frecuentes de funcionarios, mayores gastos logísticos y la urgencia de definir con precisión qué entidades o funciones operarían realmente desde la Arenosa.

Para Barranquilla, la idea de De la Espriella representaría una mayor inversión pública, pues la ciudad tendría que adecuar su infraestructura para atender al presidente, ministros, altos funcionarios y delegaciones internacionales. Esto se traduciría en recursos para seguridad, vías, conectividad y telecomunicaciones. Asimismo, significaría un gran impulso económico: la llegada frecuente del Ejecutivo generaría demanda para hoteles, restaurantes, transporte, empresas de logística, eventos, servicios tecnológicos y seguridad privada. En términos de visibilidad internacional, embajadores, inversionistas y organismos extranjeros tendrían más actividades oficiales en la ciudad, consolidando su proyección como centro de negocios y puerta de entrada al Caribe.


Si la iniciativa se implementa con un traslado real de funciones y no solo como un despacho presidencial simbólico, Barranquilla podría consolidarse como un segundo centro político y administrativo del país, de manera similar a lo que ocurre en otras naciones. Si, por el contrario, la presencia del Gobierno termina siendo ocasional y carente de nuevas competencias o entidades, el impacto económico y administrativo será meramente testimonial. Barranquilla está de moda y hoy tiene el foco del país; es la ciudad que más ha crecido a pesar del desgobierno de Petro. Abelardo le rinde un homenaje, aunque ni siquiera haya ganado las elecciones en esa plaza.

sábado, agosto 01, 2026

De los masajes de Nerú a la vanidad de Abelardo por vivir en Barranquilla

En el gobierno de Gustavo Petro, los colombianos terminamos pagándole al famoso coreógrafo —y autonombrado «ex-gay»— Nerú Martínez, mediante contratos de prestación de servicios para desarrollar actividades supuestamente relacionadas con: promoción del bienestar físico y mental de los funcionarios, actividades deportivas, culturales y artísticas, integración y fortalecimiento del clima laboral, además de pausas activas y jornadas de bienestar para el personal de la Presidencia. Famosos se hicieron los videos de Nerú haciéndole masajes en las nalgas a Verónica Alcocer. En 2024, por ejemplo, uno de los contratos rozaba los $77 millones de pesos, con la excusa de «mejorar el clima laboral» en la Casa de Nariño.

Ya en 2023 se habían difundido fotos y videos en los que se observaba a Verónica Alcocer recibiendo un masaje de Adolfo Martínez Carrillo (Nerú) en una playa de Cartagena. Las imágenes generaron una fuerte controversia no solo porque el masajista era contratista de la Presidencia y cercano a la primera dama, sino porque en la toma se observa el masaje en la espalda y zona lumbar mientras se escucha la frase: «Con marihuana se siente más rico».


A esto se sumaron los extravagantes gastos de Verónica Alcocer, que incluían un séquito de apoyo (fotógrafo, maquillador, asesoras, estilista y otros contratistas) financiado con recursos públicos. Investigaciones periodísticas estimaron que estos contratos superaron los $1.000 millones de pesos en el primer año y medio de gobierno. Sin contar sus viajes internacionales como «embajadora en misión especial», en los cuales gastó $112,5 millones en viáticos y desplazamientos durante ese mismo periodo: una cifra superior a la reportada por sus dos antecesoras en periodos completos.

Por el lado del presidente Petro, durante su mandato se reportaron más de 65 viajes internacionales, acumulando más de 276 días fuera del país con un costo superior a los $22.000 millones de pesos —sumando el combustible del avión presidencial y los gastos de las comitivas—, según datos obtenidos mediante derechos de petición. Un derroche duramente criticado por la oposición, mientras el Gobierno se justificaba bajo el cliché de las «misiones oficiales». Durante este tiempo, los petristas y las focas del régimen jamás dijeron una sola palabra; callaron como suelen hacerlo cada vez que se cuestiona al mesías de vereda. Petro en su vanidad, tambien financió la pelicula del almirante padilla, con más de $8.000 millones de recursos públicos en una producción cinematográfica en un contexto de restricciones fiscales. No vi llorar a los petristas esos dias.

Actualmente, el Batallón Paraíso, sede de la Segunda Brigada del Ejército en Barranquilla, está siendo acondicionado para funcionar como sede alterna del despacho presidencial cuando Abelardo de la Espriella se encuentre en la ciudad. Las obras incluyen la adecuación del edificio, mejoras en accesos y zonas exteriores, jardines, pisos, vidrios, dotación tecnológica, subestaciones eléctricas, seguridad y logística. Más de 400 personas trabajan a toda marcha para terminar antes del 7 de agosto.

Por supuesto, para el petrismo esto ha sido el grito en el cielo. Hasta el momento no existe un informe oficial que detalle el costo total ni el origen completo de los recursos, y es precisamente esa falta de información la que ha encendido el debate. Lo que sí se conoce públicamente es que el gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, afirmó que la Gobernación no ha destinado recursos propios, indicando que se coordinaron aportes de empresarios privados mediante donación de materiales (vidrios, pisos, jardines e insumos). Asimismo, se informó que las subestaciones eléctricas habrían sido suministradas por Air-e —empresa que se encontraba intervenida por el Gobierno saliente—, aunque sin un detalle oficial publicado sobre las condiciones de dicho aporte.

En lo personal, prefiero mil veces tener a un presidente cerca de la capital del Caribe, con adecuaciones para lo que será su sede en Barranquilla —quizás para saciar la vanidad de Abelardo de no alejarse de esta hermosa tierra—, que seguir pagando con plata del Estado los masajes con canabis de Verónica y sus giras internacionales, que lo único que han dejado son escándalos en Suecia entre tanta salida nocturna de la señora Alcocer, ex esposa de Petro.

viernes, julio 31, 2026

¿Quién carajos es Caicedo? Un condenable "cambio"

A comienzos de 2025 empezaron a aparecer grafitis con la pregunta «¿Quién carajos es Caicedo?» en ciudades como Bogotá, Barranquilla, Medellín, Bucaramanga, Cúcuta, Armenia, Ibagué, Pereira, Tunja y otras, sin que inicialmente se identificara al responsable. La campaña generó curiosidad y especulación en redes sociales. Cuando Carlos Caicedo, exgobernador del Magdalena, ya era precandidato presidencial, fue consultado por esas pintadas. En una entrevista con Caracol Radio afirmó que conocía el fenómeno por los medios y las redes sociales, y que no descartaba que simpatizantes de sus ideas políticas las estuvieran realizando, aunque no aseguró haber ordenado la campaña.

En un hecho que resulta tan épico como anecdótico, el pasado 29 de julio —Día de Santa Marta—, Carlos Caicedo fue condenado en primera instancia por el Juzgado Noveno Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Bogotá a una pena de 117,6 meses de prisión (9 años y cerca de 10 meses), además de una multa de $4.453 millones y la inhabilidad para ejercer funciones públicas por el mismo tiempo de la condena. Según la sentencia, el proceso se relaciona con el contrato PS-04 del 20 de agosto de 2014, celebrado entre la ESE Alejandro Próspero Reverend y la empresa Mediredes S.A.S., por un valor aproximado de $6.532 millones. El objeto del contrato era realizar el mantenimiento y la adecuación de cinco centros de salud de Santa Marta: Bastidas, La Candelaria, Mamatoco, Taganga y el barrio La Paz.

La jueza concluyó que Caicedo fue coautor de los delitos de contrato sin cumplimiento de requisitos legales y peculado por apropiación agravado, en concurso con el delito anterior. En esencia, la decisión judicial sostiene que el proceso contractual presentó irregularidades que permitieron la apropiación indebida de recursos públicos destinados a la infraestructura de salud.



La sentencia es de primera instancia, por lo que seguro sera apelada ante el Tribunal Superior competente; mientras la decisión no quede en firme, el proceso continúa. Sin embargo, la jueza señaló que no tendría derecho a beneficios o mecanismos sustitutivos de la pena y que, una vez ejecutoriada la sentencia, deberá expedirse la orden de captura para cumplir la condena.

Mientras se resuelve la apelación a estos más de 9 años de cárcel, el exalcalde de Santa Marta sigue vinculado a otros expedientes penales y disciplinarios. Además, es investigado por la Fiscalía tras una denuncia por presunto abuso sexual de una menor y enfrenta varias denuncias de mujeres que lo señalan por presunto acoso sexual y abuso de poder cuando trabajaban en la Gobernación del Magdalena o en el movimiento Fuerza Ciudadana.

Santa Marta vivió 12 años bajo el poder de Caicedo con la promesa de un falso cambio que nunca llegó, pero que sí enriqueció a los "nuevos ricos" de la ciudad. Caicedo, Rafael Martínez y Virna Johnson fueron los alcaldes durante este período: toda una maquinaria escudada bajo el discurso de la transformación para cambiar a los de antes por ellos... y resultaron peores. ¿Será que Santa Marta aprende la lección y se libera de las garras del populismo?

Es momento de recordar aquel video de Caicedo llorando con gafas oscuras, diciéndole a la persona que lo grababa: «¡Qué risa tiene ese hijueputa!». Todo un clásico por estos días; un clásico para muchos de los que hoy tenemos la sonrisa de la tranquilidad, sabiendo que siempre estuvimos frente a un delincuente como los de antes que tanto criticaba, hoy condenado por corrupción.

miércoles, julio 29, 2026

Acompasar el clítoris con el cerebro

Hay personajes públicos en la historia que quisiéramos que nunca hubiesen llegado al poder. En Colombia, desde el año 2002, vivimos el calvario de tener mesías políticos: seres sobrenaturales para sus seguidores, personajes que dicen cualquier locura y a quienes su fanaticada —llámese uribista o petrista— le aplaude todo. Son un comité de aplausos idéntico al perrito del taxi que solo sabe asentir con la cabeza.

Gustavo Petro, que durante toda su vida fue oposición a los gobiernos nacionales, se hizo a la fama como el senador que denunció la parapolítica en Colombia, escarbando con juicio las relaciones de la clase política con los paramilitares en la década de los 2000. Su paso por el Congreso le valió ser alcalde de Bogotá, donde fue un verdadero fracaso: un mal ejecutor que ya mostraba de lo que era capaz al tener el poder. Y preciso, cuando a la izquierda le tocó gobernar, lo hizo bajo el mando de este oscuro personaje.

Petro, un político enfermo, mentiroso y dueño de un lenguaje excremental con el que es capaz de encantar a sus huestes, suelta frases desatinadas en pleno consejo de ministros como: "Una mujer libre hace lo que se le dé la gana con su clítoris y con su cerebro, y si sabe acompasarlo, será una gran mujer", o también: "El clítoris y el pene están amarrados al cerebro. En la sexualidad juega el cerebro; la sensibilidad está ligada a los nervios y los nervios llegan al cerebro". Un show mediático al que ya tiene acostumbrados a sus petrolovers.


Siguiendo la polémica expresión sobre "acompasar el clítoris con el cerebro", parte de sus seguidores parecen haber convertido esa frase en su forma de hacer política: repetir sin cuestionar lo que dice el líder. Y buena parte de las mujeres del Pacto Histórico parecen seguir la línea de acompasarlo, pero dando la impresión de usar más lo primero que lo segundo.

Las exponentes más conocidas de esta política son:

  • María Fernanda Carrascal: La representante petrista que ha soltado perlas como "El trabajo es una mierda" o la premisa de "Vivir sabroso" —al mejor estilo de Francia Márquez o de los petristas durante estos cuatro años—. Defensora de la "Primera Línea", regaló otra frase célebre al afirmar que "Los colombianos trabajan 60 horas al día", sumada a su patinazo durante la instalación del Congreso y la elección de la Mesa Directiva de la Cámara, cuando al contar los votos dijo: "180 votos para Simón Bolívar".

  • Alejandra Omaña (Amaranta Hank): Famosa por su pasado en la industria del entretenimiento para adultos. Confesó haber falsificado documentos; durante la campaña al Senado afirmó en una entrevista que su primer trabajo fue falsificando cédulas venezolanas cuando era muy joven, además de haber mantenido una relación con un hombre vinculado a la criminalidad.

  • Isabel Zuleta: Conocida coloquialmente como "la quemona Zuleta", famosa por decir en 2022: "Ya a Fajardo lo quemamos, sigue Fico", frase interpretada por sus críticos como la admisión de una estrategia para descalificar políticamente a sus rivales. La senadora también propuso "intervenir" o "allanar" la revista Semana en 2023. Impulsora de la reelección presidencial, entre 2024 y 2025 promovió públicamente la idea de modificar la Constitución para permitir nuevamente la reelección de Petro. Una de sus intervenciones más comentadas fue cuando afirmó que 45 millones de pesos mensuales no le alcanzaban para "vivir sabroso" debido a sus gastos familiares. En 2026, su nombre volvió a sonar en denuncias sobre presuntas presiones a autoridades penitenciarias en el caso de la cárcel de Itagüí.

Y entre las perlas más recientes alrededor del mandatario aparecen:

  • Juliana Guerrero: En el centro de varias polémicas por el presunto uso de títulos académicos irregulares, proceso por el cual la Fiscalía le imputó cargos al intentar aspirar a un alto cargo en el Gobierno. Suma denuncias por presunto tráfico de influencias y cobro a empresarios —señalada por sectores y por la exdirectora del DAPRE, Angie Rodríguez, de integrar una supuesta red para facilitar contratos—, cuestionamientos por el uso de aeronaves de la Policía para desplazamientos oficiales y un acelerado ascenso dentro del Ejecutivo que despertó críticas sobre la meritocracia.

  • Gabriela Muñoz: Quien parece manejar temas clave en la Aerocivil. Su nombre saltó al debate público luego de que Angie Rodríguez afirmara que tendría un modus operandi similar al atribuido a Juliana Guerrero en gestiones estatales. Vale aclarar que no se conocen imputaciones ni condenas judiciales en su contra; las afirmaciones hacen parte del debate público y corresponde a las autoridades definir la veracidad de las acusaciones.

Estas mujeres del pacto, cumplen la premisa y frase de Petro, "Una mujer libre hace lo que se le dé la gana con su clítoris y con su cerebro, y si sabe acompasarlo, será una gran mujer.". Muchas de estas con poco de lo segundo y mucho de lo primero al parecer. 


viernes, julio 24, 2026

Uribe les mostró el camino, los demás lo siguieron

En el año 2014, el entonces expresidente Álvaro Uribe Vélez, luego de sentirse traicionado por Juan Manuel Santos, montó su propio partido bajo su fotografía y el lema de un mesías viviente. Alrededor de él, logró llevar al Senado de la República a 20 personajes, muchos de ellos desconocidos, incluyendo a Honorato Henríquez en la última curul de su lista cerrada (hoy presidente del Senado). En esa lista cerrada y encabezada por Álvaro Uribe aparecían personajes como Ernesto Macías, Paloma Valencia, Iván Duque, Alfredo Rangel, Juan Carlos Vélez, José Obdulio Gaviria, Paola Holguín, Alfredo Maya y Carlos Felipe Mejía, entre otros. Muchos desconocidos con una causa en común: todos capaces de cargarle el bolso y la sombrilla a Álvaro Uribe cuando se requiere.

Uribe mostró el camino para que un caudillo pueda armar una lista cerrada, colocar su nombre e impulsarla. Petro vio la luz y se la jugó por hacer un partido de izquierda, uniendo a las fracciones de esa orilla política que tradicionalmente siempre estuvieron dispersas. En el 2022 presentó su llamado Pacto Histórico, en donde incluía en una lista cerrada a personajes como Isabel Zuleta, Roy Barreras, Pedro Flórez, Álex Flórez, María José Pizarro y al amante declarado de Petro, Gustavo Bolívar. Para el 2026, la lista fue más descarada en los nombres que llevó Petro al Senado; y ya con el poder en sus manos, para montar más de 4 millones de votos que para él y su séquito sí son legítimos cuando ganan, fueron capaces de incluir nombres como la misma Isabel Zuleta —recordada como la 'Quemona' Zuleta, la que dijo que a Fajardo ya lo habían quemado—, el youtuber Wally o la actriz porno Amaranta Hank. Incluyó en ese sancocho a Patricia Caicedo, la hermana del cuestionado exgobernador del Magdalena Carlos Caicedo; tienen en la Cámara a la influencer Lalis, y a la siempre errática Mafe Carrascal, quien quizás bajo la mirada de Petro es de esas mujeres que sí sabe acompasar su cerebro con el clítoris para lograr triunfar. Toda una mezcla de la cual no puede salir nada bueno. La senadora Zuleta dice locuras, como las que dice Petro: temas sin pruebas ni fundamentos, pero basados en lo que su líder quiere contarle al pueblo. Decir que Abelardo no se puede posesionar como presidente es, precisamente, producto de llevar personas sin preparación al Congreso, pero que son un comité de aplausos para uno u otro mal de este país.


El invento de llevar personas desconocidas o sin trayectoria lo hizo Uribe; Petro se lo copió. Con una bancada numerosa hoy día, Petro se vuelve un verdadero actor político para, en conjunto con la bancada de Uribe, frenar proyectos o lograr acuerdos, todo por ir en contra del presidente Abelardo de la Espriella. Uribe, durante el segundo mandato de Juan Manuel Santos, se dedicó a sabotear el gobierno de aquel periodo 2014-2018: fue capaz de emberracar a la gente y sacarla a votar 'NO' en el plebiscito, un capricho de Santos que le costó mucho. Con eso lograron colocar como presidente en el 2018 al desconocido asistente de clases del "profe Uribe" en Estados Unidos, por encima de quien seguía intentando llegar a la presidencia y veía cómo sabotear al gobierno era la mejor forma de alcanzar el poder. 

Uribe tenía a Carlos Felipe Mejía, el perro rabioso que gritaba locuras en el Congreso. Petro tiene a su quemona Zuleta, la que grita y destila odio, lo mejor que saben hacer. La misma que decía que 45 millones de pesos no le alcanzaban para vivir sabroso, pero que se montaba en las tarimas en Medellín con sus amigos, los gestores de paz, bandidos comprobados y excarcelados por este Gobierno.

Petro se atribuyó las marchas y el estallido social de 2021, cuando el entonces presidente Duque y su ministro Carrasquilla pretendían seguir imponiendo más impuestos a la clase media. En esa época hicieron lo que mejor saben hacer: oposición. Incendiaron el país, quemaron y cerraron calles, emberracaron a la gente, y todos les dimos la razón. El gobierno de Duque fue tan malo que el gordito Iván acabó con el uribismo en el 2022, pero el mitómano redomado de Petro lo logró revivir en el 2026. Hoy Uribe pelea la derecha con Abelardo.


Perlas:

  • Mención aparte merece la jugada del Centro Democrático con su némesis político: unirse para lograr la Presidencia del Senado. Toda una jugada y, como dicen algunos petristas, "inteligencia superior de Petro". Yo le llamo "todo vale" en política, en esa que tanto critican, pero que tanto hacen; en esa política llamada PetroUribismo... Veremos más cosas, seguro. La pelea apenas comienza.

martes, julio 21, 2026

Las abejas del pacto democrático

Tengo que decir que nunca he votado por un candidato que Álvaro Uribe haya postulado a alguna elección local, regional o nacional. Entiendo el daño que personas como él le han hecho a la democracia y al país. Uribe está en la otra orilla del mismo daño en el que está Gustavo Petro, otro personaje que creció gracias al odio y rencor que produjo el primero en una sociedad que vio cómo se asesinaban jóvenes para hacerle creer al país que le estaba ganando la guerra, o cómo compraba congresistas para comprar su reelección en el año 2006. Dos males que se necesitan para vivir, y que en la elección del presidente del Senado para el periodo 2026-2027 le demostraron al país que la política es dinámica y que no importa lo que cueste: con tal de hacer valer el poder, cuando se quiere, se puede.

Ver abrazados y gritando juntos a Rafael Nieto, del Centro Democrático, con los senadores del llamado Pacto Histórico porque Honorio Henríquez ganaba la elección de la presidencia del Senado el 20 de julio es la demostración cruel de que usted, cada vez que pelea por Petro o por Uribe, no es más que un idiota, una persona vacía de cerebro, muy emocional y poco racional, que se ve demasiado diminuto ante las circunstancias bajo las cuales el llamado Pacto Histórico, como focas y en una religión que es igual a la del uribismo, hace lo que diga su mesías.

Petro, un exguerrillero que cada vez que habla dice las locuras que le da la gana, decía en su último discurso que el país que entrega es muy diferente al que recibió, con cifras maquilladas y que convencen a su grupo político, un comité de aplausos que tiene líder en el Senado: Iván Cepeda. La fuerza política que deja de herencia cuatro años de izquierda en el poder, con todo lo que eso conlleva, cuenta con 26 senadores y 42 representantes a la Cámara, algo que para Uribe fue un verdadero banquete en su aspiración de demostrarle al nuevo presidente de Colombia que sigue siendo un mal necesario si quiere gobernar.

Uribe, quien se resiste a perder el poder y a que su partido desaparezca en la orilla de la derecha, tomó la decisión de juntarse con Petro para cimentar la presidencia de Honorio Henríquez en el Senado. El llamado Pacto Democrático resulta de mezclar a lo que nunca ha sido de centro con lo que, por historia, termina siendo un pacto con corruptos y bandidos para que se vuelvan gestores de paz.



Gustavo Petro, otro dinosaurio que no se resiste a salir o perder el poder —como lo hace Uribe—, y quien a partir del 7 de agosto se dedicará a dar órdenes a sus congresistas con la aspiración de que todo lo que este gobierno de Abelardo proponga salga mal. Porque la verdad hay que decirla: a los políticos no les interesa que el país progrese, solo les interesa progresar ellos.

Con Petro termina un gobierno que será recordado tanto por la profundidad de las reformas que intentó impulsar como por la intensa polarización política que acompañó buena parte de su mandato. Con Petro debería irse la miseria de un presidente mentiroso y poco racional. Uribe y Petro se buscaron para llenar sus ansias de poder: uno con Honorio por su "honor", y el otro solo porque su mezquindad no le permite entender que Colombia le dijo que no quería cuatro años más de su nefasto gobierno. En fin, este 20 de julio nacieron las abejas del Pacto Democrático.

sábado, julio 18, 2026

Mezquinos

La actitud de Gustavo Petro e Iván Cepeda frente a Abelardo de la Espriella refleja una postura soberanamente mezquina, pues privilegia la confrontación y la descalificación barata sobre el debate de ideas y el respeto por las instituciones. Delatan, además, un desconocimiento total de las leyes y del Estado de derecho, ese mismo del que Petro tanto se ufana en Twitter dándose golpes de pecho como el "gran demócrata" de la nación. Estamos ante la enésima pataleta antidemocrática del progresismo criollo, una izquierda que hoy rechaza los resultados validados por las instituciones competentes. Un par de mezquinos más en la fauna política colombiana.

La mezquindad es, por definición, una forma de actuar caracterizada por la pequeñez de espíritu, la falta de generosidad y la tendencia a operar con egoísmo, rencor y mala fe. En nuestra política, esta miseria humana ya se volvió paisaje. Lo vimos desde el día uno con la posesión de Petro y el ridículo capítulo de la espada de Bolívar que Iván Duque no quiso ceder; y lo vemos hoy con el berrinche en torno a la posesión de De la Espriella en una guarnición militar. Petro no cederá, preso de su bajeza de espíritu y de ese descomunal ego mesiánico. Hoy, derrotado y aferrado a una narrativa ficticia, prefiere llamar "ilegítimo" al presidente electo.

La desobediencia civil es un mecanismo legítimo de protesta en las democracias occidentales, siempre que se ejerza de forma pacífica y asumiendo las consecuencias legales. Históricamente, gigantes como Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr. la utilizaron para cuestionar leyes abiertamente injustas. Pero equiparar a esos próceres con Iván Cepeda es un chiste de mal gusto.


Cepeda ha anunciado con bombos y platillos que promoverá la "desobediencia civil" contra el gobierno de Abelardo de la Espriella, cuestionando su legitimidad bajo la excusa de su doble nacionalidad. Ya advirtió que no asistirá a la posesión presidencial el próximo 7 de agosto, sin importar el lugar donde se realice la ceremonia. Ratificó su cruzada pacífica combinada con el control político, las acciones judiciales y la movilización ciudadana. Eso sí, para cobrar el sueldo no tiene escrúpulos: señaló que sí se posesionará como senador y se acogerá al Estatuto de la Oposición para seguir atornillado al Congreso. Afirma que no le reconoce legitimidad política ni ética a De la Espriella, pero bien que usará las herramientas del Estado para torpedearlo. Todo un "demócrata" el pupilo de Petro.

Tengamos memoria: si la derecha hace cuatro años no hubiese reconocido la victoria de Petro, el entonces mandatario ya se habría victimizado en plazas públicas, el lugar preferido para las lágrimas de cocodrilo de quienes se autodenominan "progresistas". Son personajes profundamente antidemocráticos y enemigos de la ley, sectarios que solo creen en la justicia cuando esta les da la razón. De lo contrario, se quitan la máscara y se convierten en lo que son: dictadores de Shein y de Temu, copias baratas de la tiranía global que abunda cuando los resultados electorales no les favorecen, y cuya única salida es recurrir a la mentira sin pruebas, gritando un falso fraude electoral.

viernes, julio 10, 2026

El país de "Los Nadie" y "Los Nunca"

En este país el poder se vuelve obsesivo. Así es como Gustavo Petro, quien se hacía llamar un demócrata —siempre y cuando él fuese el ganador de las elecciones—, hoy no reconoce los resultados. Junto a su pupilo Iván Cepeda, ha diseñado una estrategia para intentar regresar al poder en cuatro años; una receta que consiste en incendiar el país, sabotear al gobierno entrante y hacer lo que esa izquierda radical mejor sabe hacer: oponerse a todo, destruir y bloquear. Son tan buenos en esa tarea que, durante sus cuatro años de mandato, ellos mismos se sabotearon, se bloquearon y se autodestruyeron entre peleas internas, chuzadas, reclamos y la exclusión de la vicepresidenta de la vida pública. Relegaron a la dueña de la frase de "los nadie" a eso: a ser nadie en este horrible gobierno que, por fortuna, termina pronto.

"Los nadie" de Petro incluían a Roy Barreras como su mejor aliado en el Congreso; a Armando Benedetti como embajador en Venezuela y luego ministro del Interior; a Laura Sarabia como su mano derecha; a Rosita Villavicencio, una activista sindical, como ministra de Relaciones Exteriores; la joven revolucinaria Juliana Guerrero que falsificó sus titulos de pregrado; al pastor Alfredo Saade como director administrativo de la Presidencia y luego embajador en Brasil; y, como cerezas del pastel, a Juan Carlos Florián como ministro de Igualdad y a Daniel Quintero como superintendente de Salud. Todo un coctel ácido y amargo de personajes que marcaron el derrotero de este destilado gobierno petrista.

Hoy, ese mismo gobierno reclama ante todos el nombramiento de los que Abelardo de la Espriella, presidente electo para el periodo 2026-2030, ha llamado "los nunca". El gobierno entrante pasa de "los nadie" a los que siempre han estado en la política. Es así como el gabinete lo conforman los políticos de siempre, tales como Mauricio Gómez, Rodrigo Lara, Elsa Noguera y Viviane Morales, entre otros. Un ramillete de personas que siempre han estado en el poder con el gobierno de turno, a excepción del gobierno Petro, que optó por subir a cargos públicos a personas sin experiencia ni estudios, pero muy afines a sus ideales y a su radicalización ideológica.

El Gadafi colombiano —o bien Gustavo Petro por sus pintas extravagantes y gafas oscuras— ha dicho que no reconoce al gobierno entrante de Abelardo. Al igual que su pupilo Iván Cepeda, llaman a la desobediencia civil, a no reconocer el resultado y, obviamente, a seguir avivando esa lucha de clases y odios que tanto encanta a la izquierda. Petro no reconoce el resultado, pero sabe bien que perdió, aunque ahora hable de supuestos algoritmos en Estados Unidos que modificaron los resultados. Me pregunto si Petro sabrá siquiera qué es un algoritmo.



"Los nadies": Expresión popularizada por el escritor uruguayo Eduardo Galeano y adoptada por Petro en su campaña de 2022 para referirse a los excluidos, ignorados y marginados. En la campaña de 2026, Cepeda y el petrismo la siguieron usando como bandera de inclusión social.

"Los nunca": El lema impulsado por Abelardo de la Espriella para representar a quienes supuestamente "nunca han gobernado o pertenecido a la clase política tradicional", vendiéndose como la alternativa a "los de siempre".

La realidad es cruda: claramente "los nadie" terminaron siendo el sector más radical y menos preparado de la izquierda, y "los nunca" de Abelardo son, paradójicamente, los mismos que antes gobernaban y que hoy han vuelto al poder. Este es el país de las narrativas, donde "los nadie" le tiran a "los nunca", olvidando convenientemente que en su gobierno de "Nadies" estuvieron personajes con un dudoso historial político, pero que ayudaron mucho a Petro en su radicalización y en lo que mejor sabe hacer: nada.

martes, julio 07, 2026

I-legitimo

Hace unos meses, el actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, decía que para que la cocaína fuera legal solo debían quitarle la «I» a la palabra ilegal, y con eso —según el laureado Petro— todo termina y se vuelve legal la droga. Petro, un tipo que pareciera que en las noches se mete sus meques o quién sabe qué sustancias para comenzar a trinar y escribir locuras, quiere llevar al país a una guerra civil. La violencia corre por sus venas; total, es un guerrillero que se declaró en rebeldía y se alzó en armas contra el Estado.

Hoy, luego de ser el presidente del país y no reconocer los resultados de las elecciones, Petro toma el camino que vimos muchos en estos cuatro años: el de su radicalización extrema y el llamado a la lucha de clases que dio lugar a las guerrillas y a las pugnas entre conservadores y liberales hace más de sesenta años.

Gustavo Petro afirmó que no reconoce la legitimidad del gobierno entrante de Abelardo de la Espriella y sostuvo que, según él, «Abelardo no ganó las elecciones». Incluso escribió en su cuenta de X que «el presidente de Colombia, de acuerdo con la decisión de los colombianos, es Iván Cepeda». Llama ilegítimo a Abelardo y dice que el presidente es Iván Cepeda. Un caso muy parecido ocurrió en Santa Marta hace unos años, cuando Carlos Caicedo logró imponer en el tarjetón a Jorge Agudelo, quien por votación lograba ganar, pero bajo un manto de ilegalidad, dado que su inscripción se dio fuera de los tiempos de ley gracias a un juez amigo de apellido Villalba.


De esas historias que gustan en la izquierda, a la que le cuesta llegar al poder y, cuando lo hace, difícilmente lo quiere soltar. Para Petro, Colombia debe seguir su camino: el de la rebelión o desobediencia civil, como la llaman él y su pupilo Iván Cepeda. Y eso que nos querían vender que ellos eran la democracia y la institucionalidad. Un verdadero despropósito el de este gobierno que no es capaz de reconocer los resultados aun cuando ya el CNE le entregó a Abelardo de la Espriella el certificado como ganador de las elecciones. Petro, sin ninguna prueba, sale a incendiar el país —lo mejor que sabe hacer— diciendo que las elecciones las ganó Abelardo gracias a algoritmos manipulados en California. ¿Sabrá Petro qué es un algoritmo, acaso? O peor aún, ¿lo sabrán los petristas que repiten como loros?

Petro afirmó que, en su criterio, las elecciones fueron fraudulentas y que Iván Cepeda fue el verdadero ganador, por lo que insistió: «El presidente de Colombia, de acuerdo con la decisión de los colombianos, es Iván Cepeda». Posteriormente, Cepeda hizo un llamado a la «desobediencia civil pacífica» si, según él, no se garantizaban la legalidad y la transparencia del proceso de transición y de la posesión presidencial. También convocó a movilizaciones sociales. Petro, por su parte, convocó marchas para el 20 de julio y respaldó la idea de mantener la protesta social, mientras insistía en que el resultado electoral debía ser impugnado por las vías jurídicas. Van a incendiar el país, como solo ellos saben hacerlo; buscarán marchas, cerrar calles, protestas y bloquear a un país que no merece tener estos dirigentes.

Para Petro y Cepeda, la elección de Abelardo no fue legítima, aunque para las instituciones el ilegítimo sea Cepeda. Quizás, si aplicamos la lógica petrista de quitarle la «I» a la palabra, Cepeda sería el legítimo ganador del país de las maravillas, así como hace unos años Agudelo, en Santa Marta, fue el alcalde de la ciudad de hierro.

miércoles, julio 01, 2026

¡No sea tan hijueputa, Iván!

Ha ganado las elecciones presidenciales Abelardo de la Espriella, una persona que nunca había hecho política, que no vivía en Colombia y que en poco más de nueve meses logró unificar el voto en contra de Petro, de este nefasto personaje que tanto daño le hizo al país en los últimos cuatro años. La diferencia del triunfo fue de algo más de 250 mil votos, en un país dividido en dos. Una diferencia que para Petro y su pupilo Iván Cepeda no es nada, pero a la vez es mucho: significa, ni más ni menos, su salida del poder.

En estos días, un petrista famoso y que logró gran impacto con su serie Matarife (dedicada a Álvaro Uribe) salió bastante demacrado y llorando, insultando al excandidato y senador Iván Cepeda por haberlos —según el señor Daniel Mendoza— vendido. En el video, Mendoza insultaba a Cepeda diciéndole, textualmente: "no sea tan hijueputa, Iván".

Iván Cepeda se reunió con Gustavo Petro recientemente en la Casa de Nariño, quizás delineando la estrategia para su actuar durante los próximos cuatro años en el gobierno de Abelardo de la Espriella. Una estrategia sencilla a todas luces, y que no es más que marchar en las calles, oponerse a todo lo que el nuevo gobierno proponga y, claro, incendiar el país como ellos solo lo saben hacer. Cepeda, en una rueda de prensa reciente, incluso habló de "desobediencia civil" si Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia a partir del 7 de agosto, no cumple sus exigencias.


Estas condiciones incluyen: renunciar a la ciudadanía estadounidense antes de asumir la Presidencia (Cepeda sostiene que la doble nacionalidad genera un conflicto de lealtades incompatible con el cargo, una interpretación controvertida ya que otros juristas sostienen que la Constitución no establece esa prohibición de forma expresa); aclarar sus presuntos vínculos con agencias del gobierno de Estados Unidos, en particular por actuaciones profesionales pasadas relacionadas con autoridades estadounidenses, punto sobre el cual Cepeda ha pedido explicaciones públicas; comprometerse a respetar la soberanía y la justicia colombianas, manifestando que el nuevo gobierno no actuaría subordinado a intereses extranjeros; y no promover persecuciones políticas, incluyendo garantías respecto al tratamiento del presidente saliente y de los dirigentes de la oposición. Cepeda, como perdedor, le exige al ganador. Su oposición es tan chiquita como ellos; es lo único que saben hacer y lo que han hecho durante décadas.

Ese mismo Cepeda, senador de la República, no fue capaz de pronunciarse nunca por el caso de Nicolás Petro y la financiación de la campaña; nunca dijo nada por los audios de Benedetti, el escándalo de Laura Sarabia, las chuzadas y el polígrafo a su niñera. Cepeda calló cuando se mencionaba el saqueo de la UNGRD y los carrotanques de La Guajira, los contratos y nombramientos cuestionados de familiares y allegados; nunca pronunció palabra sobre los reiterados choques con las altas cortes y otros poderes públicos, ni sobre el carrusel de ministros y la inestabilidad del gabinete, que dejó más de 69 ministros en cuatro años. Nunca mencionó o pensó en los escándalos de corrupción en varias entidades del Gobierno. Cepeda, arquitecto de la fracasada "paz total", no se declaró en desobediencia civil por las masacres que ocurrieron en las narices de Petro, quien se dedicaba a jugar al congelado con el Clan del Golfo.

Pero Iván Cepeda sí llama a la desobediencia civil porque el presidente electo no ha renunciado todavía a la ciudadanía estadounidense. Van a incendiar el país y a tratar de volverlo inviable, como ya lo mencionan en redes sociales. Es lo que saben hacer, y es lo que nosotros, los colombianos de a pie, no deberíamos permitir. ¡No sea tan hijueputa, Iván! Ayude a construir país, no a destruirlo.

miércoles, junio 24, 2026

Petrolin

Estuvimos cuatro años en las manos de un presidente mitómano, dócil con los bandidos y al que nunca le importaron las reglas o leyes del país. Finalizó su gobierno como todo un dictador de Temu, incapaz de reconocer que salió derrotado con su pupilo, aunque hizo de todo para ganar, poniéndole el Estado a disposición a un candidato; algo que hizo sin pudor alguno: fue de frente y perdió. Chiquitos ante la derrota, y solo luego de que no pudieron demostrar todo lo que hablaron del sistema electoral colombiano, dicen que aceptan su triste revés.

En su gobierno, el Clan del Golfo —con el que negociaba su comisionado de Paz, Danilo Rueda— pasó de tener 4,061 integrantes en el año 2022, a registrar cerca de 9,915 miembros en el 2025. Todo un logro para la política de «paz total», que logró el efecto inverso: en vez de desmovilizar bandidos, los hizo más fuertes gracias a las concesiones de Petro y su gobierno; concesiones que incluyeron el retiro y la purga de generales del Ejército y la Policía. Una desbordada expansión que llegó acompañada del incremento de la criminalidad en todo el país.

Al realizar un análisis psicológico de Petro, podemos identificar a una persona que suele interpretar los acontecimientos dentro de un marco de conflicto entre fuerzas antagónicas (pueblo vs. élites, soberanía vs. poderes extranjeros). Este estilo es común en líderes de orientación populista de diferentes ideologías. Sus mensajes muestran una fuerte seguridad en sus interpretaciones, incluso cuando estas son controvertidas o cuestionadas por otros actores. Esto puede reflejar una personalidad con alta convicción ideológica y poca disposición a modificar sus posiciones.



Petro, al igual que otros líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador, es capaz de cuestionar procesos electorales después de resultados desfavorables, lo cual responde más a una estrategia política y a un fuerte compromiso con su propia narrativa que a una enfermedad mental. Petro solo duró cuatro años en el poder, aunque "Petrolín" lleva 32 años en la vida pública, en la que fue elegido siete veces democráticamente. En todas esas ocasiones en las que ganó, nunca se quejó del sistema electoral.

Sin embargo, cuando pierde el poder del Estado —y pierde con la dureza con la que lo hace frente a un aparecido que no es político, que no vivía en Colombia y que llegó producto del mercadeo a la Casa de Nariño—, es incapaz de reconocer su derrota, aunque se haya esforzado hasta más no poder con todo lo que el presupuesto estatal les daba. La izquierda tuvo la mala fortuna de que el momento de gobernar llegara bajo el mando de Gustavo Petro, un exguerrillero del M-19 y exsenador de la República que intentó ser presidente tres veces hasta que, luego de un estallido social y un mal gobierno de Iván Duque, logró llegar a la Casa de Nariño.

Petro quizás no entienda que muchos colombianos no votaron por la derecha, sino en contra de lo que él hizo en cuatro años, en contra de toda su prepotencia; porque una cosa es ser oposición, escenario en donde se mueven como pez en el agua, y otra muy distinta es llegar a administrar deudas y negociar mercados. "Petrolin" tuvo sus aciertos en algunos indicadores, los cuales seleccionaba con pinzas a la hora de mostrar resultados, pero no le contaba al país el fracaso en seguridad y el miedo, la improvisación, el deterioro, la soberbia moral y el desorden que muchos sienten cuatro años después de que subiera al poder.

Álvaro Leyva acusó a Gustavo Petro de tener un problema de drogadicción en una carta pública en 2025, pero esa acusación ha sido negada por Petro y no ha sido demostrada públicamente con pruebas concluyentes. El perfil de Petro es el de un mitómano que miente con acusaciones de fraude en su red social X, tomando pantallazos de ChatGPT o de software de estudiantes de ingeniería de sistemas para embaucar a los que ciegamente van tras él. Lo mismo ocurría en épocas de Uribe Vélez con sus fanáticos uribistas, que posaban de ciegos, sordos y mudos. En eso se parecen los dos extremos: convocan fanáticos que los defienden tirándole agua sucia al otro lado para justificar su propio actuar.


lunes, junio 22, 2026

Fragmentados: El país del tajo en la mitad y el berrinche de Petro

Colombia está dividida en dos. Esa es la realidad y la foto fija que dejaron las elecciones del 21 de junio de 2026. Gustavo Petro se la jugó como nunca antes un presidente lo había hecho, interviniendo descaradamente en los comicios del país, y aun así perdió. Sucedió a pesar de tener a todo el aparato del Estado en campaña electoral y contar con la sospechosa permisividad hacia los grupos armados, que carnetizaron a la población y la obligaron a votar en regiones como Chocó, Nariño y el Cauca. Mesas enteras en las que solo se contabilizaron votos para un único candidato: el de Petro.

La fotografía final tras el preconteo nos muestra el mismo mapa de hace cuatro años: un país en las periferias y otro en el centro. En las costas triunfó el petrismo. En la Costa Caribe, aunque Abelardo De La Espriella es de Montería, en los siete departamentos de la región se impuso el pupilo de Gustavo Petro. Lo mismo ocurrió en la Costa Pacífica, donde Iván Cepeda arrasó en Nariño, Cauca, Valle del Cauca y Chocó.

Fue una votación impulsada por el miedo. Una Colombia que le teme al autoritarismo y a la idea de cambiar la Constitución en cabeza de la izquierda; y otra Colombia que le teme a ser "destripada", como se refería Abelardo en la campaña electoral.

Dentro de esas divisiones debemos revisar los fragmentos. En la izquierda de Petro, los más de 12 millones de votos que consiguió Cepeda fueron, en su mayoría, su músculo inicial —ese que siempre lo acompaña—, pero también sumaron los votos del miedo en las regiones donde hoy dominan los grupos armados al margen de la ley. Se sumaron, además, los votos de los empleados públicos y sus familias, obligados a votar por Cepeda bajo amenaza de despido; los votos que le endosó Roy Barreras en su habitual movida de ajedrecista político; los jóvenes de la "primera línea" que ya salieron a incendiar, y ese país que siempre marcha en contra de lo que llaman la derecha.

Del otro lado, los fragmentos que se cuentan son los de muchos votantes que no necesariamente "amaban" a De La Espriella, sino que querían un cambio frente al gobierno actual y sus políticas. Mucha gente votó para cambiar el rumbo del país tras la fracasada "paz total" y la corrupción incrustada en las altas esferas del gobierno Petro. Asimismo, muchos votaron para sacar al inquilino de la Casa de Nariño, el mismo que prometía hace unos días "un siglo de progresismo"; el mismo que se lanzó primero en una campaña por la constituyente, que luego negó en busca de votos, y que seguro ahora dirá que sí.

Abelardo no recibe un cheque en blanco. Con la votación de ayer el país quedó partido en dos, y esas dos Colombias son igual de válidas. El discurso del llamado "Tigre" anoche es un llamado a la unión, a tener un presidente que sea de toda Colombia y no solo de quienes votaron por él. Tiene todo para ser un gran mandatario si se sabe rodear de personas capaces y no cae en el error de Petro: hacer lo que le daba la gana con autoritarismo y de la mano de su secta más cercana. Un presidente electo en una votación tan ajustada suele tener menos margen político y necesita negociar más con la oposición, el Congreso y las regiones.



El gran derrotado de ayer fue Gustavo Petro. El país le dijo que no quiere su proyecto político, pero sobre todo, el voto fue para frenar las extralimitaciones de quien no le importa hacer lo que sea para mandar desde el poder, colocando a personajes como Benedetti al mando de la política, o a Daniel Quintero —imputado por corrupción— manejando hilos institucionales. Lo que le queda a esa mitad derrotada es aceptar los resultados con gallardía, algo que aún no han hecho ni Cepeda ni Petro, parapetados en la demagogia de que solo aceptarán los escrutinios. Unos escrutinios que ya van por encima del 99% y no muestran mayores cambios respecto a lo ocurrido el domingo.

La tarea del nuevo presidente es gobernar para toda Colombia, respetar la Constitución y las leyes, y sobre todo, no seguir con el discurso polarizador y de odio que caracterizó estos cuatro años de gobierno y a una campaña electoral que, por fin, llegó a su fin. Una tarea titánica porque muchos, en ambos lados, siguen pensando con el hígado.

viernes, junio 19, 2026

En campaña, cuando ganan y cuando pierden

Lo mejor que saben hacer en la izquierda de este país es oposición: saben denunciar, saben destruir con comentarios, pero no saben construir. Eso ya nos quedó claro en estos cuatro años de gobierno de Gustavo Petro. Sobre todo cuando se radicalizan y se esconden tras sus seguidores, un equipo que los rodea con el único mérito de ser fieles a la causa radical, pero sin el suficiente criterio o mérito adicional que requiere un cargo en el alto gobierno.

Iván Cepeda, un buen senador que tiene como gran mérito haber logrado que Álvaro Uribe haya sido condenado por el delito más tonto de todos los que se le han investigado, pero quizás el único donde Uribe dejó cabos sueltos, creyéndose el todopoderoso e intocable que se sentía. Cepeda es un senador que denuncia y que sabe vivir en la oposición; desde ahí se siente cómodo y lo hace bien. Tanto es así que, quizás sintiendo que las cosas no marchan para él, inicia su correría por las cárceles y contactos para buscar denuncias contra sus enemigos políticos. Lo que les queda siempre será denunciar, incendiar, buscar cómo destruir. Cuando son oposición tienen el remedio para todos los males del país, pero cuando gobiernan desde su radicalismo no son capaces de unir a una nación; son gobierno para un sector del país y no para todos.


En campaña, hablan de amor, de la vida, pero su incoherencia comienza cuando son los primeros defensores del aborto y hablan incluso de que ocurra en cualquier momento del embarazo. En campaña hablan de la vida, el amor, se hacen pasito con todos los sectores de centro. Incluso borran mensajes que lanzaron en contra de Fajardo, Claudia López y otros personajes; solo la coherencia de Fajardo le permite estar apartado de este sector político. Claudia López y Catherine Juvinao terminaron donde tanto criticaron.

Cuando ganan, son la prepotencia en pasta, son arrogantes, se radicalizan, se atrincheran, utilizan todos los medios del Estado para perpetuarse. No les importa nombrar corruptos como Daniel Quintero al frente de la Superintendencia de Salud; Quintero tiene más de 40 investigaciones relacionadas con su administración en distintos organismos de control y en la Fiscalía. Petro, en sus consejos de ministros, habla sus locuras —quién sabe si bajo el efecto de alguna droga o del alcohol—, en donde dice que ningún negro le va a decir qué hacer, o que las mujeres que acompasan el clítoris con el cerebro son geniales.

Cuando pierden, les queda incendiar el país. Amenazan con salir a las calles a destruir todo, dicen que si no ganan el país se va a incendiar y que ellos se podrán armar porque ya probaron el poder. En esa izquierda radical caben personajes como Beto Coral (en proceso de deportación de los Estados Unidos) y Martha Peralta, senadora indígena salpicada por corrupción en el caso de la UNGRD en La Guajira. No les importa nada. Cabe lo peor de lo peor sin remordimiento alguno.

En campaña son amor y vida; cuando gobiernan son arrogancia y prepotencia; y cuando pierden quieren destruir el país como lo hicieron en el año 2020 gracias a Duque y su mal gobierno. Esa es la izquierda progresista que nos tocó en Colombia.




sábado, junio 13, 2026

Si usted es inteligente no pelee por políticos

En estos días los ánimos están a flor de piel. La gente se muestra más sensible con la política y con el Mundial, siendo la contienda presidencial el principal tema de debate entre amigos y familiares. Cuando alguien no está de acuerdo con determinado candidato, en lugar de debatir ideas, lo califican de bruto, ignorante o estúpido. A mí me han llamado uribista y, del otro lado, petrista.

A todos los que quieren encasillarme en sus estereotipos y modelos de pensamiento solo puedo decirles una cosa: soy un ciudadano libre. Mi opinión no tiene ningún compromiso político porque no vivo de los políticos. Así como puedo escribir una crítica contra Petro, también he escrito muchas contra Uribe. Sin embargo, cuando algunos se quedan sin argumentos, prefieren recurrir al insulto antes que a la razón. La polarización del país ha llegado a tal punto que cualquier persona que no piense igual es ubicada automáticamente en el bando contrario. Me han llamado “elemento útil de Abelardo” y, por consiguiente, me han tildado de uribista. Incluso familiares que alguna vez me apreciaron han terminado cayendo en esa lógica. Su capacidad de argumentación parece terminar donde comienza el insulto hacia quien no comparte su candidato o cuestiona el modelo de gobierno que hemos tenido durante los últimos cuatro años.



Cuando se les pregunta qué logros destacan para justificar una candidatura presidencial, las respuestas suelen ser escasas. Algunos repiten constantemente los mismos argumentos: la mesada para los adultos mayores y el aumento del salario mínimo. Si pregunto qué ha hecho Iván Cepeda para ser presidente, la respuesta suele ser: “¿Y qué ha hecho tu candidato, Abelardo?”. Mi respuesta es sencilla: mi candidato ya no está en esta fase de las elecciones; voté por Sergio Fajardo. Entonces vuelven a responder que el gran mérito de Iván Cepeda es haber contribuido al proceso judicial contra Álvaro Uribe. Cuando les pregunto si eso basta para gobernar un país, responden: “¿Te parece poco? Con eso alcanza para ser presidente del mundo”. Una vez más, la inteligencia termina donde no hay argumentos.

Lo más curioso es que muchas personas pelean y se distancian por políticos que, en la práctica, comparten espacios, conversan y hasta celebran juntos. Mientras algunos amigos y familiares discuten y se ofenden entre sí, los dirigentes políticos se abrazan, comparten eventos y mantienen relaciones cordiales.

Un ejemplo es Carlos Caicedo, a quien Gustavo Petro llegó a calificar como “el marginal de la política”. Hace apenas unas semanas, Caicedo afirmó en una entrevista que no compartía los métodos del Gobierno Petro y marcó distancia frente a varias de sus decisiones. También cuestionó el incumplimiento de compromisos con el Magdalena y criticó la influencia de sectores de la política tradicional dentro del Gobierno. Sus críticas eran constantes y, además, mantenía distancia frente a la candidatura de Iván Cepeda. Sin embargo, consciente de las limitaciones de su aspiración presidencial y de sus escasas posibilidades electorales —no marcaba ni el 0.01% en las encuestas—, terminó retirando su candidatura para adherirse a Cepeda. Así funciona la política: los adversarios de ayer pueden convertirse en aliados de hoy. Claudia López, la camaleónica exalcaldesa de Bogotá, terminará, seguramente, apoyando a Cepeda, si es que aún no lo ha hecho. Un acto político que, quizás, aporte apenas dos o tres votos: el suyo, el de Angélica Lozano y el de Ernesto Gómez.

La campaña de Cepeda se presenta hoy bajo el lema “Me la juego por la vida”. Sin embargo, también ha recibido el apoyo de Santiago Botero, conocido popularmente como “Mr. Balín” por sus declaraciones en favor de respuestas contundentes contra la delincuencia. Además, sobre él han recaído denuncias públicas por presunta violencia intrafamiliar, acusaciones que él ha negado y que corresponden a las autoridades esclarecer. Resulta, cuando menos, llamativo que una campaña que hace de la defensa de la vida uno de sus principales mensajes reciba con tanto entusiasmo respaldos que generan controversia.

Si usted se considera una persona inteligente, no pelee por políticos. Al final, ellos viven cómodamente mientras usted, en el mejor de los casos, es un trabajador asalariado que necesita conservar su empleo y que depende de que la empresa donde labora obtenga buenos resultados. Su bienestar y el de su familia están mucho más ligados a su esfuerzo diario que a las disputas políticas que otros convierten en una guerra personal.

viernes, junio 12, 2026

Cuatro años fueron suficientes

No, y definitivamente no. No votaré por la continuidad de este perverso gobierno al que muchos seguidores petristas llaman "el mejor de la historia"; al que muchos le dicen que sacó de la pobreza a los viejitos que reciben 230 mil pesos; al que muchos llaman "el mejor" porque, sin sustento alguno, planteó un salario mínimo en dos millones de pesos con un aumento de más del 20%, cuando el costo de vida del año anterior fue de solo el 5%. Y no votaré, no porque esté en contra de que la gente gane más plata o que los viejitos reciban una mesada, sino porque estoy en contra del "todo vale", del autoritarismo y la prepotencia de quienes se hartan como adalides de la moral mientras persiguen a quien no piensa igual que Petro, hasta el punto de llamarle bruto o ignorante, y pedirles que se vayan del país.

No soy de extrema derecha y nunca he votado por un candidato de esa corriente política; en cambio, sí voté por Petro tres veces (dos a la presidencia y una al senado) y también voté por Iván Cepeda al Senado cuando se lanzó por el Polo Democrático en el año 2014. Pero mal haría yo, entendiendo la realidad de este país, al permitir con mi voto que se le dé continuidad a las políticas del "todo vale" y a esos personajes que manejan el poder; esos que subieron como parte de una falsa promesa de cambio que nunca fue. Incluyendo a Armando Benedetti, quien, luego de ser redimido por Petro, logró ser el gran salvador de los años finales de este gobierno y quien, junto a Roy Barreras, representa lo peor de lo peor en la política del país. NO apoyo al actual presidente porque no estoy de acuerdo con que se suba borracho a una tarima a decir locuras, o peor aun, a postear en redes sociales en la madrugada bajo los efectos quien sabe de que sustancias.

No creo en la continuidad de este proyecto político de Petro. Lo considero un proyecto mesiánico, tan perjudicial como el que representó Uribe en su momento: un modelo en el que no parece caber todo el país, sino solo una parte de él; un modelo en el que se gobierna para los propios, sean estos de derecha o de izquierda.   No quiero para mi país un cambio del modelo de Estado mediante una constituyente impulsada por Petro a través de la recolección de firmas. No sé si su propósito sea implementar un modelo socialista o facilitar su regreso al poder, como ha ocurrido en otros países de la región. Lo que sí sé es que me preocupa cualquier intento de concentrar más poder en una sola corriente política.

No quiero un gobierno basado únicamente en promesas y discursos de plaza pública; un gobierno que, en nombre de proteger a las minorías, termine sacrificando los intereses de las mayorías. No quiero un gobierno que le incumplió al Caribe y a Barranquilla.  Tampoco quiero un gobierno que, por sus diferencias políticas con alcaldes y gobernadores que no pertenecen a su misma corriente ideológica, obstaculice el desarrollo de las regiones. Colombia necesita un liderazgo capaz de trabajar con todos los sectores y territorios, sin importar sus afinidades políticas, porque el progreso del país no puede depender de la militancia o de la cercanía con el gobierno de turno.                       

Tampoco quiero para Colombia otro presidente subordinado a un líder político, como ocurrió con Duque y Uribe, ni una relación similar entre Cepeda y Petro. Colombia merece más. Aunque considero que los dos candidatos que llegaron a la instancia final representan alternativas poco atractivas, estoy convencido de que cuatro años más del modelo actual no son lo que deseo para mi país. No quiero un gobierno cuyo presidente aparezca en tarimas en un estado de ebriedad, publique mensajes en redes sociales a altas horas de la madrugada o mantenga una confrontación permanente con las instituciones encargadas de ejercer control y equilibrio democrático.

Tampoco quiero un país en el que un candidato responda a quienes piensan distinto con frases como “¿por qué no se van del país?”, como si fuera dueño de Colombia o como si quienes están en el poder tuvieran derecho a señalar o excluir a quienes no comparten sus ideas. Colombia necesita más respeto por la diferencia, instituciones fuertes y líderes que gobiernen para todos, no solo para quienes los apoyan.

Cuatro años fueron suficientes para demostrarnos el fracaso de la paz total; el incremento de los grupos al margen de la ley, tanto en presencia como en número; el pacto de la Picota del hermano de Petro con bandidos para hacerse pasito; o tener que pagarles a los bandidos de la Primera Línea un millón de pesos para que no incendien el país, en vez de mandarlos a trabajar.

Y puede que el otro candidato sea igual de malo o incluso peor, pero aún no lo hemos visto gobernar. En cambio, ya conocemos a Petro y hemos visto cómo ha ejercido el poder y su constante irrespeto hacia quienes piensan diferente y hacia diversas instituciones.  Puede que el otro candidato también resulte ser irrespetuoso, pero al menos ha manifestado su intención de respetar y cumplir la Constitución, no de modificarla. Por su parte, considero que Petro ya ha utilizado el poder para favorecer a sus aliados políticos: los clanes que históricamente han comprado votos en el Atlántico o quienes estuvieron involucrados en escándalos relacionados con los recursos destinados a La Guajira.  Y qué decir de los casos que involucran a Bonilla y Velasco, sobre los cuales existen denuncias relacionadas con presuntas prácticas para obtener apoyos políticos en el Congreso. Por eso, aunque no me entusiasma ninguna de las alternativas, considero que ya tuvimos la oportunidad de evaluar a Petro en el ejercicio del poder y los resultados no me convencen.

Pero no solo no votaré porque Armando Benedetti o Roy Barreras sean los redimidos de Petro; no lo haré porque no estoy de acuerdo con que personajes como Hollman Morris, maltratador de su esposa, sea el dueño de un medio de comunicación bajo el amparo y con dineros del Estado, y que haya puesto ese medio al servicio de influencers que destilan el odio que tanto critican los petristas a quienes no piensan como ellos. No estoy de acuerdo con las políticas económicas de Petro y la izquierda, quienes de manera irresponsable endeudan al país y raspan la olla para cubrir 700 mil puestos de trabajo en la nómina estatal —muchos de ellos de corbata—, que solo suman votos pero no le suman al país. No estoy de acuerdo en que solo las universidades públicas sean las que presten el servicio de educación; por si no lo saben los petristas, las universidades privadas invierten sin ánimo de lucro en mejorar la educación sin tener estudiantes por 15 años, como pasa en las públicas con líderes de izquierda que solo atizan al estudiantado. No estoy de acuerdo con la toma de las universidades que Petro ha hecho a modo de intervenciones en varias instituciones del país, incluyendo la del Atlántico y la de Antioquia. 4 años son suficientes.

No estoy de acuerdo con las políticas de izquierda que dejaron perder los Juegos Panamericanos para Barranquilla en el año 2027 o que la ciudad no pudiera organizar un gran premio de formula 1, como símbolo de su ineptitud y mezquindad con la ciudad que más ha crecido en Colombia en los últimos años. No puedo estar de acuerdo con un modelo de gobierno que sacrifica el sistema de salud para imponer su sistema socialista —al estilo de cómo funciona en Cuba—, capaz de dejar morir a quienes necesitan medicamentos y no girarle los dineros a las EPS por puro capricho. Un gobierno que ha intervenido el sistema groseramente, peleándose con los actores que lo manejan en vez de concertar; un gobierno que se radicalizó en la extrema izquierda y que hoy, en su candidato, muestra la radicalización con su fórmula vicepresidencial, donde no suman sino que se endurecen más en su postura política.  No estoy de acuerdo con que Daniel Quintero, acusado de corrupción en Medellín por la fiscalia, sea quien maneje y vigile el sistema de salud.  

Si el 22 de junio los resultados no favorecen al petrismo, no sería extraño ver intentos de desestabilización y protestas en distintas partes del país. Para muchos será difícil aceptar la pérdida de espacios de poder, contratos y privilegios ligados al Estado. Como ha ocurrido en otras ocasiones, algunos buscarán presentarse como víctimas mientras promueven el caos, lo que podría derivar en intervenciones de las autoridades para recuperar el orden público.

Yo no votaré por Cepeda, porque creo que el país no va bien y porque creo que estamos más cerca de ser Venezuela que de ser Argentina, como tantos se comparan. Los petristas, desde el mismo Gustavo Petro para abajo, son los únicos culpables de que un tipo como Abelardo de la Espriella, quien hasta hace unos meses parecía un mal chiste, sea hoy el más opcionado para darle un giro de 180 grados al gobierno del país. Petro, y solo Petro, tiene la culpa; así como en su momento el aprendiz Duque fue el gran culpable de darle la oportunidad a Petro para que la desaprovechara con su visión de país radical. Un país en el que incluso su pupilo Cepeda llama a que se vayan los que no comulgan con su idea de nación progresista. Por ellos, no votaré.


miércoles, junio 10, 2026

Jugadas Desesperadas: El Naufragio y las Piruetas Constitucionales del Petrismo

En el petrismo siguen confundidos. La derrota con Abelardo en la primera vuelta los ha dejado aturdidos; no han podido salir de esa sacudida. Hay damnificados evidentes, como María José Pizarro, a quien ya no se le ve al lado de Iván Cepeda en las tarimas. La senadora Pizarro ejercía un cargo que no requería trabajo: era la jefe de debate de un candidato que se negó a debatir.

Pero hablando de jugadas desesperadas, el petrismo lo tiene que intentar todo: desde entutelar el uso de la camiseta de Colombia por parte de los que no quieren a Petro —o un gobierno petrista cuatro años más—, hasta entutelar la frase "Firmes por la patria", que tan adictiva se ha vuelto para los colombianos (desde los niños hasta los abuelitos la repiten). Y es que a la campaña de Iván Cepeda todo le ha salido mal: desde no reconocer los resultados de la primera vuelta en cabeza de Petro y el candidato, no ir a los debates y pelear por lo que no es —como la camiseta de Colombia y su uso—, hasta salir en estos días a enseñar a chasquear los dedos como señal para pedir plata para lo que sigue.

Lo más reciente que se suma a su cúmulo de cagadas es la emisión de un acto de suspensión del presidente Petro por parte de una representante a la Cámara petrista, exesposa de Roy Barreras y miembro activo de su movimiento. Una jugada que puede ir en dos vías: victimizar a Petro —como tanto le gusta— para salir a las calles a incendiar el país, o permitir que en estas dos semanas que quedan de campaña toda la andanada del Estado Petro pueda promover la elección de su elegido, a quien cada día se le nota más incómodo, tratado como un títere de Petro. Sí, exactamente lo que tanto le criticaron en su momento a Iván Duque con Álvaro Uribe.

La congresista del Pacto Histórico, Gloria Arizabaleta, quien forma parte de la Comisión de Acusación, señaló que sí tiene competencia para suspender al presidente. Todo lo contrario a lo que dice la ley. Pero ellos, en su petrismo y de forma desesperada, necesitan figurar en estos días. La exesposa de Roy anunció que, en su calidad de investigadora del jefe de Estado en sus diez procesos disciplinarios por supuesta intervención en política, enviará el auto oficial al presidente del Senado, Lidio García, donde oficializará su decisión de suspender al jefe de Estado. Según la información conocida, Arizabaleta fundamentó el auto en el artículo 217 de la Ley 1952 de 2019. La representante investigadora concluyó que se cumplen los requisitos establecidos para ordenar una suspensión provisional durante una investigación disciplinaria.


Hay que recordarle a los petristas —que buscan maneras desesperadas de figurar y victimizar a Gustavo— que la Comisión de Acusaciones tiene funciones de investigación e instrucción, pero no de suspensión o destitución directa del presidente. El artículo 178 de la Constitución establece que la Cámara, previa actuación de la Comisión de Acusaciones, puede acusar al presidente ante el Senado. Es decir, la Comisión investiga y recomienda, pero no juzga ni sanciona. Asimismo, el artículo 174 dispone que corresponde al Senado conocer de las acusaciones formuladas contra el mandatario.

De acuerdo con el diseño constitucional colombiano, una eventual suspensión del presidente solo podría producirse dentro del trámite constitucional ante el Congreso en pleno, y no por la decisión individual de una representante o del presidente de la Comisión de Acusaciones. Diversos constitucionalistas y dirigentes políticos han señalado recientemente que solo el Senado en pleno podría adoptar una medida de esa naturaleza. La Constitución colombiana no autoriza a un representante individual a suspender al presidente de la República. La Comisión investiga; la Cámara acusa; y el Senado conoce y decide en los juicios políticos correspondientes.

Eso lo conoce Petro, lo conoce Roy Barreras y lo conocen los estudiantes de derecho petristas. Pero saben perfectamente que es una jugada para llevar al límite la Constitución, tensionar el ordenamiento y movilizar personas en las calles en contra del "fascismo" —como ellos lo llaman— o a favor del petrismo —como realmente es—. Saben que están perdiendo y que el país los rechaza; por eso acuden a jugadas desesperadas. Claro que, como todo en esta campaña, esta pirueta también les ha salido mal.




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