Tengo que decir que nunca he votado por un candidato que Álvaro Uribe haya postulado a alguna elección local, regional o nacional. Entiendo el daño que personas como él le han hecho a la democracia y al país. Uribe está en la otra orilla del mismo daño en el que está Gustavo Petro, otro personaje que creció gracias al odio y rencor que produjo el primero en una sociedad que vio cómo se asesinaban jóvenes para hacerle creer al país que le estaba ganando la guerra, o cómo compraba congresistas para comprar su reelección en el año 2006. Dos males que se necesitan para vivir, y que en la elección del presidente del Senado para el periodo 2026-2027 le demostraron al país que la política es dinámica y que no importa lo que cueste: con tal de hacer valer el poder, cuando se quiere, se puede.
Ver abrazados y gritando juntos a Rafael Nieto, del Centro Democrático, con los senadores del llamado Pacto Histórico porque Honorio Henríquez ganaba la elección de la presidencia del Senado el 20 de julio es la demostración cruel de que usted, cada vez que pelea por Petro o por Uribe, no es más que un idiota, una persona vacía de cerebro, muy emocional y poco racional, que se ve demasiado diminuto ante las circunstancias bajo las cuales el llamado Pacto Histórico, como focas y en una religión que es igual a la del uribismo, hace lo que diga su mesías.
Petro, un exguerrillero que cada vez que habla dice las locuras que le da la gana, decía en su último discurso que el país que entrega es muy diferente al que recibió, con cifras maquilladas y que convencen a su grupo político, un comité de aplausos que tiene líder en el Senado: Iván Cepeda. La fuerza política que deja de herencia cuatro años de izquierda en el poder, con todo lo que eso conlleva, cuenta con 26 senadores y 42 representantes a la Cámara, algo que para Uribe fue un verdadero banquete en su aspiración de demostrarle al nuevo presidente de Colombia que sigue siendo un mal necesario si quiere gobernar.
Uribe, quien se resiste a perder el poder y a que su partido desaparezca en la orilla de la derecha, tomó la decisión de juntarse con Petro para cimentar la presidencia de Honorio Henríquez en el Senado. El llamado Pacto Democrático resulta de mezclar a lo que nunca ha sido de centro con lo que, por historia, termina siendo un pacto con corruptos y bandidos para que se vuelvan gestores de paz.
Gustavo Petro, otro dinosaurio que no se resiste a salir o perder el poder —como lo hace Uribe—, y quien a partir del 7 de agosto se dedicará a dar órdenes a sus congresistas con la aspiración de que todo lo que este gobierno de Abelardo proponga salga mal. Porque la verdad hay que decirla: a los políticos no les interesa que el país progrese, solo les interesa progresar ellos.
Con Petro termina un gobierno que será recordado tanto por la profundidad de las reformas que intentó impulsar como por la intensa polarización política que acompañó buena parte de su mandato. Con Petro debería irse la miseria de un presidente mentiroso y poco racional. Uribe y Petro se buscaron para llenar sus ansias de poder: uno con Honorio por su "honor", y el otro solo porque su mezquindad no le permite entender que Colombia le dijo que no quería cuatro años más de su nefasto gobierno. En fin, este 20 de julio nacieron las abejas del Pacto Democrático.
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