lunes, junio 01, 2026

Y acá vamos de nuevo

Han pasado las elecciones presidenciales en su primer peaje: la primera vuelta. Una jornada con resultados que pueden parecer inesperados para algunos, debido a las expectativas de que Cepeda —el candidato del gobierno— ganara en primera vuelta, y a que finalmente el antigobierno, Abelardo de la Espriella, se llevara esta primera victoria.

Llegamos de nuevo al péndulo de los extremos; a movernos entre dos malas opciones de país, dos visiones tan contradictorias como perjudiciales por lo que representan. En sus modelos solo caben quienes piensan como ellos. Por un lado, Cepeda y una izquierda que se radicalizó con Petro en cuatro años; un personaje que solo gobernó por redes sociales y que se dedicó a descalificar a todos los que no lo acompañaran, hablando mal de instituciones como el Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia, el Congreso y otros tantos. Demostró un total desprecio por el sistema de Estado que nos rige, a tal punto de querer acabarlas, tal y como lo decía Cepeda en sus discursos.

Por el otro lado está Abelardo de la Espriella, quien ha sabido capitalizar el sentimiento del "Fuera Petro" con una campaña sumamente showman y un plan de gobierno en el que habla de destripar a la extrema izquierda, lo cual tampoco es conveniente para este país. Es el reflejo de un país que no entiende de razones, o que no es capaz de ver más allá de encasillarse en si estás en contra de Uribe o de Petro. Un Uribe que pasará a la historia como el gran perdedor de estas elecciones, ya que no fue quien logró movilizar votantes hacia su candidata, la gran derrotada de la jornada de ayer.


Petro se lanzó con todos los recursos del Estado porque entendía que estaba perdido contra Abelardo. Así fue como se vino a la costa con toda su artillería a movilizar buses de pueblos en el Atlántico para hacer ver un apoyo fuerte en Barranquilla. Sin embargo, aunque Cepeda ganó en la ciudad, la diferencia fue mínima: poco más de 8 mil votos en una ciudad que hace cuatro años le había dado más de 100 mil votos de diferencia sobre Fico Gutiérrez, el segundo en esa ocasión.

Cepeda y sus seguidores, haciendo alarde de prepotencia y radicalismo durante esta primera vuelta, se ufanaban de gritar "solo Cepeda en esta monda"; y ya desde el otro extremo les respondieron: "monda pidieron, monda llevaron". Dos malos mundos llenos de irrespeto. Esa misma prepotencia de Cepeda, con la cual nunca quiso ir a debatir sabiendo que Sergio Fajardo lo desarmaba en dos segundos, o ese radicalismo de colocar a una indígena como su candidata vicepresidencial —esa misma senadora que dice en sus discursos que la gente estudiada es la que ha robado a Colombia, y que ella, por no haber terminado la primaria, era la mejor opción para no robar—. Como si en el Pacto Histórico no estuvieran los Olmedo López, o Carlos Ramón González y Bonilla.

La prepotencia de Cepeda de no ir a debates cuando se creía ganador, hoy seguro la aprovechará Abelardo. Esa campaña de Cepeda le mostró el camino antidemócrata a los demás, en una contienda electoral en la que todas las reglas posibles se rompieron por parte del gobierno, al punto de no aceptar los resultados porque no le favorecieron. Más del 59% del país le dijo "Fuera Petro", como gritan en los estadios muchos colombianos que no quieren un país radicalizado a la izquierda; muchos colombianos que ven cómo se perdió la oportunidad verdadera de cambiar a Colombia.

Y aquí vamos de nuevo: el país a elegir entre los dos extremos, dos modelos peligrosos por su radicalismo. Petro ya demostró que no gobierna para Colombia sino para su sector de izquierda; olvidó las regiones y todo aquello que no comulgara con su proyecto. Abelardo, en su discurso, menciona destripar a la izquierda. Qué peligro estar en este punto, qué dolor de estómago tener que elegir entre el SIDA y el CÁNCER. Eso es Colombia, pero ya vamos de nuevo, como en los últimos años.


viernes, mayo 29, 2026

La herencia del espanto: votar con la cabeza en el barranco

En nuestro país, las elecciones han estado marcadas siempre por el miedo: el temor a las FARC, el temor a Uribe, el temor a Petro, y el temor a la extrema derecha representada en Abelardo de la Espriella. Al tomar una decisión con miedo, pensamos más en “evitar perder” que en “ganar”; vemos más riesgos que oportunidades, tendemos a actuar a la defensiva y, muchas veces, terminamos eligiendo lo que da tranquilidad inmediata, no lo que realmente queremos. El problema aparece cuando el miedo exagera escenarios, paraliza o hace que decidamos solo por pura ansiedad.

Este domingo, lo que se juega en el país va más allá del miedo. Significa no ceder ante un falso cambio; significa el destino de lo que se ha construido en un país que, aunque imperfecto, aún es maravilloso para vivir. Quienes se montan en el gobierno con el falso discurso del cambio y de reivindicar acciones sociales terminan como todo político del montón y caudillista: entregados al poder y consagrados como los nuevos millonarios. Los casos ya los hemos visto en Santa Marta con el experimento de Carlos Caicedo y su clan; después de doce años, la ciudad sigue igual o peor que antes del caicedismo, con nuevos ricos montados en camionetas, rogando por los pesos que les da el hecho de ser simples lavaperros.

Petro entiende que su candidato no la tiene fácil. Por eso, ha hecho lo que ningún otro presidente se había atrevido a hacer: ha injerido directamente en las elecciones mediante sus redes sociales. Fue a la Costa Caribe descaradamente una semana antes y, en cada ciudad, se refirió a su candidato mientras despotricaba del rival de turno. Petro ve cómo el fenómeno del outsider Abelardo está captando la atención ante un posible segundo gobierno de izquierda —quizás más radical, pero que puede resultar más ordenado que el de Petro—, con un Cepeda que nunca imaginó ser presidente, hasta que a Uribe se le ocurrió denunciarlo y se le volteó la arepa en la Corte Suprema de Justicia. Podríamos decir que Uribe es el mayor elector de los últimos 24 años en el país, siempre colocando presidente, como pasó con Santos, con Duque, con el mismo Petro y, ahora, operando para que no sea Iván Cepeda.

Lo que está en juego es la Constitución, la carta que rige el modelo de país en el que vivimos. No es un buen momento para pensar en reformas en un país dividido y polarizado, donde no existen los consensos. Una Constitución que la izquierda quiere hacer a su medida —quizás para implementar un modelo comunista o, como lo llaman en el siglo XXI, el "modelo progresista"— puede dar al traste con todo un país. En Venezuela lo vivieron, y nosotros en Colombia podemos estar caminando el mismo sendero que los venezolanos recorrieron con un mitómano como Chávez, quien tiene mucho parecido a Petro: puro show.


Este domingo no deberíamos elegir entre el miedo a seguir el camino de Venezuela escogiendo a Abelardo, o el miedo a tener a un personaje apolítico que ha sido un showman en campaña, quien dice odiar el comunismo y ser el Milei o el Bukele colombiano. Este domingo deberíamos elegir con sensatez, definiendo a quién seríamos capaces de entregarle nuestra casa para que la administre; alguien que haya demostrado capacidad de gestión y liderazgo. Por eso, mi voto nuevamente será por el mejor candidato, aunque para muchos no sea el ganador. Para mí, Sergio Fajardo es la persona que este país necesita para dejar de lado la polarización y cambiar el territorio desde su estructura. Un cambio serio y seguro por el que volveré a votar por tercera vez consecutiva, aunque pareciera que el país camina derechito hacia el barranco entre Cepeda y Abelardo.


miércoles, mayo 27, 2026

El pacto de la ética movible

En la recta final de las elecciones en primera vuelta para presidente en Colombia, el país se apresta a elegir al sucesor de un gobierno que se dedicó a hacer exactamente lo que tanto criticó a los demás. El menú incluye la mayor estratagema de corrupción reciente, protagonizada por personajes de la calaña de Olmedo López, Luis Fernando Velasco, el exministro Ricardo Bonilla, Carlos Ramón González (hoy prófugo de la justicia refugiado en Nicaragua) y Sandra Ortiz. A este club se le sumaron luego los cuestionados Jorge Iván Ospina y el imputado Daniel Quintero. Todo un cartel digno de un "pacto histórico", pero de hampones.

No se puede ser un buen gobernante cuando el entonces candidato y hoy presidente de la república hablaba en su círculo cercano de "mover la línea ética". Correrla, acomodarla, tal y como lo hace hoy con su candidato Iván Cepeda, interviniendo descaradamente en política todos los días. Esto incluye el cinismo de ver a su elegido electoral mover esa misma línea ética sin pudor, organizando eventos masivos a una semana de las elecciones y pretendiendo normalizar de forma literal lo que nunca se ha hecho o simplemente está prohibido por ley. Pero claro, para él sí se puede. Estamos ante un candidato que, además, se niega sistemáticamente a debatir sus propuestas, nocivas como modelo de país.

Ese mismo candidato recibe con descaro a quienes son imputados por la justicia, aplicando la vieja máxima atribuida a Álvaro Uribe: que voten los proyectos mientras no estén en la cárcel. Así es como recibe con los brazos abiertos a Carlos Caicedo, investigado y acusado en varios procesos relacionados con presuntas irregularidades en la contratación pública durante su etapa como alcalde de Santa Marta y gobernador del Magdalena. El exgobernador ya ha sido imputado, acusado formalmente y llamado a juicio en distintos procesos. Caicedo es recibido en medio de una rueda de prensa donde balbucean sobre un supuesto "acuerdo programático"; una salida digna que busca el exgobernador ante su fracasada intención de ser presidente. Un personaje que, seamos claros, no tiene los votos en estas elecciones ni para lograr la reposición de dinero que la ley otorga a quienes alcancen el umbral del 3% de la votación válida total.


En las huestes de Iván Cepeda hay de todo. Ahí figura el senador Antonio Correa, quien fue secretario de Salud en Magangué durante la administración de Jorge Luis Alfonso López, alias “El Gatico” (hijo de la empresaria del chance Enilce López). La Corte Suprema llamó a Correa a juicio por presuntos hechos de corrupción relacionados con contratos y supuestas coimas en convenios interadministrativos en Bolívar y Córdoba. Correa pertenece al Partido de la U, pero ha sido un férreo impulsor y ferviente apoyo del gobierno de Petro. Nada raro en nuestra fauna política.

La periodista Juanita Gómez lo resumió perfectamente: lo de Petro con Cepeda no es una simple campaña presidencial. Parece una estrategia paso a paso para quedarse con el poder, desacreditar las reglas de juego y empujar al país a una peligrosa normalización del abuso político.

jueves, mayo 21, 2026

Por hechos y hoja de vida: Mi voto contra el cáncer y el SIDA de la política en Colombia

Imagínese tener que elegir entre el sida y el cáncer; entre dos males que se confrontan diariamente, se necesitan mutuamente para vivir y son en estos momentos los punteros en las encuestas. La discusión en Colombia sigue atrapada en el bucle de Uribe y Petro. En estos días, la pelea fue por un mural al frente de la casa de Uribe que le recordaba los 6.402 falsos positivos ocurridos durante su gobierno. Qué mamera y qué cansancio la disputa eterna entre estos dos tumores políticos.

Cuando pareciera que no hay más remedio que seguir la corriente e ir a donde va la gente, terminando como siempre en que el "voto útil" defina la elección presidencial, es bueno y necesario recordar que no todo está perdido. Hay opciones sensatas y con verdadera preparación para gobernar; personas que ya lo han hecho y lo saben hacer. Por eso, mi voto en esta elección del 31 de mayo será, por tercera vez, por Sergio Fajardo: un doctor en matemáticas, calificado en su momento como el mejor alcalde y el mejor gobernador del país, docente en diferentes universidades del mundo, una persona que habla inglés perfectamente y que sería un digno representante de este país, lejos de los extremos radicales de Abelardo de la Espriella o de Iván Cepeda.

Fajardo es matemático de la Universidad de los Andes, con maestría y doctorado (PhD) en la Universidad de Wisconsin-Madison. Durante su alcaldía en Medellín (2004-2007), uno de sus principales hitos fue la transformación urbana y social de la ciudad, donde impulsó parques-bibliotecas y colegios, logró una reducción importante de la violencia y realizó la más alta inversión en educación y cultura ciudadana. Como gobernador de Antioquia (2012-2015), fortaleció los programas educativos, promovió la infraestructura regional y mantuvo una narrativa de transparencia. Esa es una gestión hecha realidad, completamente distante de los discursos demagogos del gobierno actual de Petro.


Fajardo ha defendido durante años una premisa clara: “La educación es el camino para transformar a Colombia”. Esa misma educación de la que carece el país y que lleva a muchos a irrespetar la propiedad privada, incluyendo al mismo presidente Petro, quien desconoce la ley al afirmar de forma absurda que las fachadas de las casas son propiedad pública. Una muestra más de cómo contradicen la Constitución Política, esa que tanto quieren cambiar para perpetuarse en el poder y montar un modelo de gobierno fracasado como el de Venezuela.

A lo largo de los años, Fajardo ha mantenido una imagen de honestidad, alejado de las maquinarias tradicionales. Es una figura moderada, técnica y con un discurso anticorrupción respaldado por hechos. Cuenta con experiencia ejecutiva real, a diferencia de esos candidatos que solo han sido congresistas, figuras mediáticas o abogados de Twitter. Él ya manejó presupuestos públicos gigantescos y lideró equipos complejos. Sabe gobernar.

Es hora de que el país se pellizque y cambie el libreto confrontacional entre el petrismo y el uribismo, dos corrientes destructivas que solo le hacen daño a Colombia. El 31 de mayo, mi voto va nuevamente a la fija. Mi voto es por Fajardo.

viernes, mayo 15, 2026

¿Cómo le explico a los extraterrestres?

Lo que está haciendo el gobierno de Donald Trump es una nueva fase de desclasificación de archivos sobre OVNIs —o como los llama oficialmente el gobierno estadounidense, UAPs (Unidentified Anomalous Phenomena). La administración Trump ordenó publicar documentos, fotos, videos e informes militares que durante años estuvieron clasificados. Y sí, si los extraterrestres nos visitan, el día que asomen por estas tierras nos preguntarán muchas cosas, pero yo no sabría cómo explicarles que el candidato del gobierno es el que puntea las encuestas, y que le sigue un fanfarrón que fue abogado de los paramilitares en el proceso de paz de Uribe.

¿Cómo le explico a los extraterrestres que, aunque este gobierno pueda tener más de 34 escándalos conocidos —todos capaces de tumbar a un presidente—, es capaz de tener a su escogido como puntero en las encuestas? ¿Cómo explicarles que, pese a haber violado los topes en la financiación de la campaña "Petro Presidente 2022" con cuentas ocultas; que pese al caso de Nicolás Petro (vinculado a lavado de activos y dineros de narcos para el hijo del presidente); a las chuzadas y al polígrafo de la entonces mano derecha de Petro, Laura Sarabia, con su niñera Marelbys y múltiples interceptaciones ilegales, acompañados de los audios de Benedetti en los que menciona financiación y amenazas por 15 mil millones; más el saqueo de la UNGRD por parte del petrista Olmedo López, en donde aprovecharon contratos de carrotanques en La Guajira y sobornaron a congresistas para lograr la aprobación de proyectos en el Congreso... pese a todo esto, la gente sigue apoyando a Petro?

Que pese a las imputaciones a los exministros Velasco y Bonilla, y a Olmedo López por la UNGRD; pese al destrozo de Ecopetrol por parte del jefe de campaña de Petro Presidente 2022, Ricardo Roa, involucrado en violación de topes, tráfico de influencias y nepotismo; que pese a que Petro y sus petristas denunciaban todo esto en el pasado, hoy lo conviven y lo celebran. Pese a los gastos millonarios de Verónica Alcocer, llena de una vida de lujos aunque ya no ejerza como primera dama porque Petro prefirió los brazos de Linda Yepes en Panamá; o que a pesar de tener infiltración de las disidencias de las FARC en el Ejército y en el DNI —algo que criticaban esos mismos petristas, pero que hoy celebran—; que pese a todo eso, siga teniendo un séquito de seguidores importante.



A la gente poco le importan los supuestos nexos con "Papá Pitufo" en contrabando y el DNI, o las denuncias de Angie Rodríguez por corrupción y espionaje, o que el líder actual esté en la Lista Clinton con sanciones de la OFAC/EE.UU. Nada importan los contratos a dedo por 31 billones de pesos de este gobierno, como tampoco la crisis de los pasaportes con Thomas Greg y sus irregularidades. Atrás queda el Pacto de la Picota; aquí no hay escándalo que valga.

El asesinato de Miguel Uribe en el gobierno de Petro para un fanático petrista no es nada, mucho menos que su hermano haya gestionado el Pacto de La Picota, o que una tal Juliana Guerrero, con títulos falsos, tenga tanto poder en la Casa de Nariño. Y la cereza del pastel: Daniel Quintero y su grupo cercano manejando la Superintendencia de Salud. Adicionando, por supuesto, a los influencers, tuiteros y bodegas a sueldo con dineros del Estado.

Nada importa hoy. No hay forma de contarle a los extraterrestres cómo este país piensa, en su mayoría, elegir a quien es el ungido por el dueño de todos estos escándalos. Lo único sensato es pensar que les da más miedo el abogado que parecía un chiste para ser presidente y que hoy tiene mucha fuerza entre la gente, con opciones reales de que quien es recordado como el "matagatos" pueda ser presidente. Este país es un chiste, algo que jamás entenderían los extraterrestres


viernes, mayo 08, 2026

El espejo roto: El idilio de la ceguera colectiva

Parece un guion de ciencia ficción, pero es nuestra realidad nacional: tras cuatro años de una gestión que ha coqueteado peligrosamente con el abismo, más del 30% de los encuestados ya sintonizan la frecuencia del "sucesor" de Gustavo Petro. ¿Cómo explicarle a un observador externo —a un extraterrestre, si se quiere— que un país que vio en primera fila el naufragio de Venezuela hace 27 años, hoy decida caminar por el mismo sendero pedregoso, ignorando el reflejo del espejo vecino?

La respuesta no está en la lógica, sino en la rentabilidad de la polarización. Iván Cepeda, ese arquitecto de la narrativa del "enemigo único", ha encontrado en la figura de Álvaro Uribe una mina de oro político. Para sus seguidores, el único mérito necesario es haber logrado que el expresidente enfrentara a la justicia. No importan los cabos sueltos, ni que el delito fuera el "más suave" de su repertorio; el trofeo de la captura es suficiente para obnubilar cualquier juicio crítico sobre la capacidad de Cepeda para gobernar un país, y no solo para perseguir fantasmas del pasado.

Mientras tanto, en las calles, el "vivir sabroso" se traduce en una matemática simplista y peligrosa. El petrismo de base celebra que "a los viejitos les llega plata" o se regodea en un salario mínimo de dos millones de pesos —cifra que ningún gobierno anterior se atrevió a tocar, quizás por responsabilidad macroeconómica, no por falta de ganas—. Para este sector, la seguridad es un daño colateral aceptable. ¿Qué importan las bombas de las disidencias de las FARC o el estrepitoso fracaso de la "Paz Total" si el bolsillo siente un alivio artificial?

Sin embargo, detrás de la cortina de las "reformas sociales" y la "transición energética", se esconde una estructura voraz. El gobierno de Petro, autoproclamado adalid del cambio, se alimenta hoy de la misma burocracia podrida que prometió extirpar. La nómina estatal está inflada para saciar el hambre de personajes como Armando Benedetti, Roy Barreras, el preso Wadith Manzur o el imputado Daniel Quintero, quien hoy maneja los hilos de la salud. Es una paradoja sangrienta: el motor de la candidatura de Cepeda son los sectores tradicionales de La U, los liberales regionales y las estructuras de los Besaile o Antonio José Correa. El "cambio" resultó ser un reciclaje de lealtades por mermelada.



Lo más fascinante —y aterrador— es el comportamiento del fanático. Conversar con un petrista hoy es revivir el mesianismo que alguna vez rodeó al uribismo. Ambos bandos operan bajo la misma premisa: el líder es intocable, a pesar de que sus colaboradores más cercanos estén presos, bajo investigación o huyendo. Ante la evidencia de la corrupción en la UNGRD o la compra de votos en el Congreso, la respuesta es el cinismo puro: "Eso mismo hacía Uribe". Es la claudicación de la ética ante el altar de la ideología. Han aceptado que el país es inamovible, pero se consuelan con una posverdad cómoda: "Tú tienes tu realidad y yo la mía".

Al final, la tragedia colombiana no es que no veamos el espejo de Venezuela; es que, aun viéndolo, preferimos romperlo antes que reconocer que nos estamos convirtiendo en la misma imagen que juramos rechazar. Con tal de que el "enemigo" no vuelva al poder, el país puede arder. Total, según ellos, así se vive sabroso.

viernes, mayo 01, 2026

Esa película ya la vimos, y el final no fue feliz

Hace cuatro años, el entonces candidato Gustavo Petro recriminaba a su contrincante, el difunto Rodolfo Hernández, por no asistir a los debates en segunda vuelta. Sus seguidores, conocidos como "petristas", también lo hacían en redes sociales y se ufanaban de tener un candidato que "peinaba" a los demás; eso decían ellos.

Hoy, la realidad es que el candidato de Petro no es capaz de ir a un debate con los otros aspirantes. Las razones que expone son que no quiere hacer un "show", pero de fondo está que no es capaz de controvertir acerca de los fracasos de este gobierno que representa el senador Cepeda, cuyo único mérito ha sido ser el carcelero de Álvaro Uribe Vélez. Cepeda no es capaz de argumentar algo diferente a mencionar a Uribe en sus discursos, algo que han logrado vender como buena mercancia para un debate inexistente, Uribe es malo y eso es conocido por Colombia.

¿Ya vamos camino a ser la próxima Venezuela, donde hubo miseria y corrupción, o aún nos falta? Petro ya tiene su caballito de batalla con una constituyente para la que pide donaciones a una cuenta de un amigo suyo que lidera la iniciativa. Petro necesita reformar el sistema político, hacer cambios en instituciones del Estado que se han opuesto, como debe ser, a lo que él quiere convertir a Colombia en su impulso mesiánico. Todo esto con reformas como la de la salud, que ya demostró ser un fracaso de modelo con el magisterio. Petro quiere acabar con la explotación del petróleo en el país; llama, sin embargo, a importar y desaparecer la soberanía y la independencia de otros países en ese sector.


Aun así, parece increíble que el país camine al borde del abismo apoyando a Iván Cepeda. Una persona con dos dedos de frente no es capaz de entenderlo, pero vivimos en Colombia y pasamos de ser una república donde mandaba el "Gran Colombiano" a la Colombia donde manda un exguerrillero. He de aclarar que nunca he votado por Uribe y que no soy de su corriente política, pero ni Uribe se atrevió a tanto con todo el poder que tuvo: fue capaz de respetar cuando le tumbaron su segunda reelección con esta Constitución que tanto repudian los petristas cuando les pone freno en seco a sus intenciones.

Por el otro lado, aparece un outsider al mismo estilo de Rodolfo Hernández: un personaje que no está capacitado para gobernar, pero que intenta capitalizar el odio más visceral hacia Petro de algunos sectores que hoy no parecieran mayoría. Abelardo entiende, y así lo dice, que no conoce el país, que no está en el mismo nivel de Sergio Fajardo para gobernar porque nunca lo ha hecho; sin embargo, marca como segundo en las encuestas. Está muy por detrás de un 40% que parece asegurado para Iván Cepeda, quien cuenta con la maquinaria estatal más poderosa que se recuerde, comandada por Armando Benedetti y otros tantos politiqueros que hoy son redimidos alfiles de Petro. El país está patas arriba, definitivamente.

Tú, petrista, que saliste a marchar por la salud: nunca olvides que has peleado con tu familia para defender hoy a tipos como Armando Benedetti, Daniel Quintero y Carlos Ramón González en un gobierno que sabe mover fichas con dineros públicos.

Esta película ya me la vi hace cuatro años: dos malos candidatos. Por un lado, Iván Cepeda, sin mérito alguno y con muchos cuestionamientos por sus amigos de las FARC; del otro lado, Abelardo, un abogado sin experiencia pero con mucho fandom en épocas en las que las ideas de gobierno no importan. A este país solo le duele ser uribista o ser petrista, y a la mierda todo lo que sea sensatez. El resultado puede ser el cambio del modelo de país que hoy conocemos con la constituyente de Petro: una caja de Pandora que se abre y no sabemos cómo terminará.

 

viernes, abril 24, 2026

El Banquete de los Cínicos: Un Gobierno que se Devora a sí Mismo

En el primer gobierno de izquierda de este país hemos tenido de todo lo que criticaron cuando eran oposición. Pero la gran diferencia de estos personajes en el poder es la forma  canibalista en la que se han ido consumiendo a lo largo de estos cuatro años.  Con un cinismo y una desvergüenza absoluta, aquellos que pretenden reelegirse bajo el abrigo de las mismas políticas, juran que en su gobierno no habrá personajes como Sandra Ortiz (presa), Luis Fernando Velasco (preso), Ricardo Bonilla, Angie Rodríguez, Carlos Carrillo, Juliana Guerrero, Armando Benedetti, Laura Sarabia, Ricardo Roa o un Roy Barreras presidiendo el Congreso. 


El gobierno Petro se destruye desde adentro; entre ellos mismos se despedazan a punta de escándalos. El primero fue el de Laura Sarabia con Armando Benedetti. Cuando el segundo aún no era redimido por Petro y el "petrismo", gritaba en una acalorada discusión que Sarabia estaba en su cargo gracias a él, recriminando que el gobierno no reconocía el esfuerzo de "Armandito" tras conseguir 15 mil millones de pesos para la campaña Petro Presidente. 

En este gobierno, está claro: paga ser bandido. Que lo digan los "arquitectos" de la Paz Total o los gestores de paz que salen de las cárceles a seguir delinquiendo bajo el amparo oficial. O que hablen aquellos que falsifican títulos universitarios, como la "revolucionaria" Juliana Guerrero, que de revolucionaria tiene poco y de tramposa, mucho. Qué decir del imputado Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol —la empresa más grande del país—, a quien Petro sostiene contra viento y marea a pesar de estar señalado por tráfico de influencias y de usar su cargo para favorecer a terceros. Adicionalmente, a Roa se le acusa de la posible violación de topes electorales cuando fue el jefe de la campaña presidencial.

Por su parte, Laura Sarabia usaba su poder para "chuzar" y ordenar un polígrafo a la niñera de su hijo, además de recomendar interventores en EPS. Es una figura omnipotente que sobrevive a varios escándalos, aunque muchos sigan en la nebulosa de la "disputa política". Ya en 2023, Benedetti amenazaba con revelar las entrañas de la campaña y hablaba de irregularidades en la financiación; hoy carga con más de siete procesos judiciales en la Corte Suprema por corrupción y enriquecimiento ilícito. En 2025, EE.UU. lo sancionó por presuntos vínculos con el narcotráfico, mandándolo a hacerle compañía al mismo entorno presidencial en la Lista Clinton.

Lo curioso es que muchos de estos casos se destapan desde adentro. Tal debe ser la putrefacción que ni ellos mismos soportan el olor. En esas "destapadas de olla", Angie Rodríguez —nuestra mini Delcy Rodríguez— salió a denunciar una supuesta red de corrupción interna con más de 20 funcionarios involucrados actuando por intereses propios. Señaló directamente a Carlos Carrillo, a quien acusa de espionaje y presiones; a Juliana Guerrero, como pieza clave de la red, y a Raúl Moreno, vinculado a conspiraciones internas. Nuestra mini delcy entregó 5 chats reveladores a la Fiscalía: se habló de comisiones, el caballo de Troya y hasta “50 grandes”

En un gobierno que se vendió como el llamado al "cambio", nada cambia. Los petristas como Maria Jose Pizarro dicen que en un gobierno de ellos, no existiran las Angie Rodriguez o los Carlos Ramon, como si este gobierno fuera del chapulin colorado. Hoy el petrismo tiene muchos imputados, otros huyendo como Carlos Ramón González, algunos presos y, entre los que quedan sueltos, se despedazan con declaraciones escandalosas, demostrando el "excelente" ambiente laboral que los rodea.

miércoles, abril 22, 2026

La farsa del "No al show": El miedo de Cepeda al juicio público

Desde el mismo momento en que Iván Cepeda se consolidó como el candidato oficial del Pacto Histórico, fue muy enfático en su postura de no asistir a los debates tradicionales. Cepeda afirmó textualmente: "No voy a ir a debates... a insultarnos con otros candidatos, ni a amenazarnos, ni a denigrarnos". Para él, el formato actual de los debates en los medios de comunicación fomenta la confrontación personal en lugar de la discusión de ideas. Cepeda ha manifestado que no está dispuesto a participar en debates multitudinarios con los 14 o 15 candidatos que siguen en la contienda. Su argumento es que el debate se vuelve un "show" sin profundidad. Para el arquitecto de la fracasada "paz total", la democracia es buena cuando sigue sus reglas y cuando le conviene, pero para debatir no existe.

Cepeda, quien se ha aprovechado del aparato estatal y de las políticas populistas del gobierno Petro, no acepta que los debates se conviertan en un "juicio" al gobierno de Gustavo Petro, sino que prefiere hablar de su propia visión de futuro, la que tiene escrita en los papeles que usa en sus discursos en donde nunca falta el nombre de Álvaro Uribe Vélez. En ese orden de ideas, luego de muchos llamados, el pasado fin de semana lanzó lo que el candidato amigo de Santrich llama un reto: debatir con los candidatos de la derecha, incluyendo al candidato de la extrema Abelardo De La Espriella y de la centroderecha Paloma Valencia. Cepeda entiende claramente que el debate que le da votos es la polarización; excluir a sectores moderados para que siga hirviendo la sangre y la gente siga pensando con el páncreas o con el hígado, como se acostumbra en estos casos en el país del "Gran Colombiano" y del presidente que está en la Lista Clinton de los Estados Unidos. Nunca antes se habia visto en el país que un candidato exigiera como lo iban a cuestionar en un debate. Todo lo ha logrado el llamado progresismo.


Cepeda excluye del debate a quienes le pueden restar votos de centro que le temen a Abelardo; su intención es la polarización. Recurre siempre la izquierda a graduar un enemigo, un sparring contra quien lanzar golpes, así como lo hace el presidente Petro con el Banco de la República, a quien tilda de "enemigo del pueblo" por querer controlar sus políticas monetarias que pueden causar un problema inflacionario en el país. Si hoy que Cepeda no es presidente, excluye y dice que el centro no es relevante, nos imaginamos ya la radicalización de país en sus eventuales 4 años de gobierno.

Hace 4 años el entonces senador Cepeda se referia a Rodolfo como un carente de ideas por no asistir a debates para que lo confrontaran, en esa época todos sabiamos que carecia de la elocuencia y lavia que tiene Petro, y su forma de buscarle las entrañas a otro mal candidato que teniamos, hoy pasa lo mismo con el candidato presidencial Ivan Cepeda, carente de ideas que no sea mencionar a Uribe en sus discursos redactados y leidos.


El caso más extraño es el de un país que se hace el ciego, sordo y mudo frente a los escándalos de un gobierno que mantiene con poder a una estudiante que nunca se graduó, y que con títulos falsos quiso aparentar lo que no era. Aun cuando le descubrieron el engaño, la misma Juliana Guerrero, rebelde para Petro, sigue mandando en este gobierno; un gobierno lleno de alfiles petristas que solo sonríen ante los chistes tontos del "pequeño dictador de Temu", que amenaza con volver a subir el salario mínimo en Colombia, tal como sucede en Argentina o Venezuela, en donde el dinero no vale nada.

Mientras tanto, muchos colombianos seguiremos esperando el debate presidencial, ese en el que esperamos que los candidatos nos cuenten sus propuestas para el país; seguramente en donde Iván Cepeda no tenga más que ofrecer que el nombre de Uribe y seguir hablando de la fracasada "paz total". Ese debate es esquivo para el candidato de Petro, el que representa todo lo que está mal como líder o presidente, pero que increíblemente está al frente de las encuestas; todo gracias al poder del pueblo que no entiende el daño que le hacen las políticas populistas de quien todo lo que toca lo convierte como el Rey Midas no en oro, sino en mierda.

sábado, abril 18, 2026

Hacen paro por la salud, pero militan en la enfermedad

En estos días, el presidente Gustavo Petro parece decidido a dar la estocada final al agonizante sistema de salud colombiano. Su cínico estribillo del "shu, shu, shu" se materializa ahora en un modelo de intervención asfixiante sobre las grandes EPS y en una negativa rotunda a saldar deudas que podrían dar un respiro al sector. Petro añade a su extensa bitácora de improvisaciones técnicas —y a los crónicos desaciertos de su gestión— el nombramiento de Jorge Iván Ospina como interventor de la Nueva EPS. Esta entidad naufraga en un limbo desde hace dos años; un tiempo en el que el Gobierno ha sido incapaz de rescatarla o liquidarla, prefiriendo aferrarse a la burocracia mientras el deterioro se profundiza.

Como "cereza" de este pastel rancio, surge el nombramiento de Daniel Quintero Calle como nuevo Superintendente de Salud. En términos castizos, Petro ha decidido poner a dos ratones a cuidar el queso. La Nueva EPS no solo sobrevive en una crisis financiera severa, sino que sus indicadores se han desplomado tras la intervención estatal: los costos devoran los ingresos (121%) y el patrimonio negativo ya alcanza los –$4,4 billones. Las quejas de los usuarios se han disparado hasta un 564% en algunos territorios. La pregunta es inevitable: ¿Pretenden que solucione este desastre alguien imputado por corrupción durante su paso por la Alcaldía de Medellín?


El nuevo modelo de salud del magisterio, manejado por el FOMAG, cambió la forma de contratar servicios médicos. Pero en la práctica, los resultados han sido otros: demoras en citas, entrega tardía de medicamentos y, en algunos casos, interrupción de tratamientos. Como ya es costumbre en este gobierno, la improvisación termina pasando factura. Entre los problemas más críticos están las fallas en la contratación de clínicas y hospitales, redes de atención incompletas y un arranque desordenado del sistema. Este es, precisamente, el modelo que Petro ha planteado como piloto para una implementación a nivel nacional.

El nuevo sistema se ha convertido en una enfermedad crónica para los maestros. Lo que fue presentado como una solución ha profundizado la crisis del modelo de salud. El problema se agrava con denuncias sobre manejo de recursos, posibles irregularidades en los prestadores y múltiples investigaciones en curso. Los maestros hoy protestan porque el sistema no está funcionando en la práctica, especialmente en términos de acceso y calidad del servicio. Paradójicamente, le hacen paro al mismo gobierno que ayudaron a elegir, aunque siguen respaldando un modelo político que los mantiene en esta situación.

En este "sancocho" administrativo —cocinado entre los más de 65 viajes presidenciales al exterior—, la llegada de Quintero completa el "trío mágico" junto a Ospina y Jaramillo. Una designación puramente política, radical y de votos, carente de cualquier rigor técnico. Quintero desembarca sin experiencia en el sector, sin independencia y cargado de cuestionamientos éticos. Es la burla final de un gobierno que prometió cambio y solo ha entregado un retroceso decorado con retórica.

Mientras tanto, los maestros salen a las calles a protestar por el modelo de salud que se les impuso, pero continúan del lado del mismo gobierno, apoyando sin mayores reservas un proyecto político en el que, al parecer, quienes sí “viven sabroso” son sus líderes sindicales.

martes, abril 14, 2026

El Dictador de "TEMU": Entre el guayabo y la Constituyente

Gustavo Petro finalmente se ha graduado como un dictadorcito de izquierda, pero de TEMU. Un personaje con ínfulas de superioridad que cree que ostentar el título de presidente lo convierte en el todopoderoso de una nación. Parece que a Gustavo se le olvida, muy convenientemente, que en Colombia nos regimos por una Constitución que enmarca en tres ramas del poder la convivencia del Estado Social de Derecho. Para Petro, ser el presidente le otorga el derecho divino de pontificar sobre lo humano y lo divino: desde el pene y el clítoris hasta Shakira. Incluso le da el descaro de irse en contra del Petro de 2014, aquel que bramaba porque lo destituía una autoridad no penal, sosteniendo que solo un juez de esa categoría podía remover a funcionarios elegidos por voto popular. ¡Qué corta es la memoria cuando se tiene la banda presidencial cruzada!

Como de costumbre, sus consejos de ministros son un circo mediático. Su modo de "transmitir información" ante sus colaboradores y subalternos es la antítesis de un buen liderazgo; es, más bien, el monólogo de un capataz que se escucha solo a sí mismo. Aun así, para muchos, Petro y su verborrea siguen siendo objeto de adoración ciega, alimentada por el odio hacia Uribe. Dos "pecuecas" que le hacen un daño incalculable al país, manteniéndonos sumidos en una falsa dicotomía: o con uno o con el otro, mientras el país se hunde.

En su último consejo de ministros, Petro soltó frases que no deberían pasar inadvertidas. Ya nos ha "deleitado" con discursos sobre la Constituyente, sobre acompasar el clítoris con el cerebro, sobre sus andanzas con Linda Yepes y otras barbaridades que solo caben en su realidad paralela. Esta vez, el blanco fueron los alcaldes y gobernadores, a quienes amenazó con la cárcel si no actúan frente al impuesto predial. Según su interpretación acomodada, la Constitución le permitiría remover mandatarios locales si no responden a la crisis de la manera que él desea. Para Petro, simplemente no existe la separación de poderes ni los límites presidenciales frente a autoridades elegidas.

Además, insistió en que los sectores políticos y terratenientes están instrumentalizando las protestas campesinas, reforzando ese desgastado discurso de confrontación “élite vs. pueblo” que tanto rédito le da para dividir a la opinión pública.


El atuendo de este reciente consejo no podía ser más diciente: gorra y gafas oscuras, como si intentara ocultar la “maluquera” de un guayabo tras pasar hasta las tres de la mañana disparando mensajes en redes sociales —incluyendo montajes de IA de Trump tocando en una orquesta—. Una imagen que destila cualquier cosa menos respeto por la institución que representa.

Este país nunca imaginó el daño tan grande que se hacía eligiendo a un tipo de la calaña de Petro. Una oportunidad de cambio tirada a la basura, empañada por las mismas prácticas que tanto criticó. Ahora, su único plan de gobierno parece ser mencionar a Álvaro Uribe Vélez para justificar sus ganas de quedarse cuatro años más en el poder, buscando una Constituyente que le permita la reelección. Rodeado de personajes como Bonilla, Carlos Ramón González, Velasco, el pastor Saade y Benedetti, Petro busca consolidar a Colombia como su pequeño imperio dictatorial; ese capricho que ni siquiera su némesis, Uribe, logró concretar del todo.

sábado, abril 11, 2026

La "paz total" del progresismo: una parranda de impunidad y cinismo

Esta semana se destapó el más reciente escándalo que golpea las políticas del gobierno de Gustavo Petro, un episodio que parece confirmar que la cadena de controversias no tiene fin —o, al menos, que no disminuye con el paso del tiempo—. Todo esto luego de que, dentro de la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, se realizara una parranda vallenata con música en vivo, la presentación de Nelson Velásquez, abundante licor, comida tipo catering y la presencia de múltiples internos y visitantes.

Lo más grave es que el evento tuvo lugar en un pabellón donde están recluidos cabecillas criminales, varios de ellos designados como “gestores de paz” por el propio Gobierno.

Petro ha logrado que su política de “paz total” se supere cada día… pero como un fracaso. Sin embargo, esto no parece indignar a un país que, inexplicablemente, estaría dispuesto a otros cuatro años del mismo rumbo. Total, es difícil que la abeja le explique a la mosca por qué la miel es mejor que la basura.

En la parranda, acompañada por Nelson Velásquez, estaban personas condenadas por delitos graves, que hoy participan en procesos de paz con el Estado. La escena, más que simbólica, resulta insultante.


Este episodio pone la lupa sobre la llamada paz total y cuestiona los beneficios otorgados a criminales convertidos en “gestores de paz”. También deja serias dudas sobre el control del Estado en las cárceles y aumenta la presión mediática sobre el Gobierno, aunque, al parecer, sin mayores consecuencias políticas para quienes aspiran a continuar este proyecto por cuatro años más.

El sucesor de Petro dentro del llamado progresismo reaccionó rechazando lo ocurrido. Afirmó que los hechos son inaceptables y que deben ser investigados y sancionados. Sin embargo, no hubo una sola palabra de responsabilidad política del Gobierno. Para Iván Cepeda, arquitecto de este modelo, la prioridad sigue siendo la defensa de la paz total. Insiste en que este escándalo no puede deslegitimar el proceso y que el diálogo con estructuras criminales sigue siendo necesario.

Para los progresistas, el problema nunca es propio, sino del sistema. Olvidan, convenientemente, que hoy el sistema son ellos.

Petro le prometió al país que íbamos a “vivir sabroso”. Hoy, quienes realmente viven sabroso son los bandidos bajo este modelo de gobierno. Viven sabroso figuras cuestionadas, aliados incómodos y políticos que, hace no mucho, eran blanco de críticas del propio petrismo. El caso de Armando Benedetti es emblemático: pasó de ser señalado a convertirse en referente, incluso con aspiraciones de poder regional. Lo que antes parecía impensable hoy se normaliza.

La parranda de los llamados gestores de paz no es un hecho aislado. Es la evidencia de quiénes están viviendo sabroso en Colombia, de cómo se ha erosionado la confianza pública y de por qué este modelo de paz, lejos de consolidarse, se percibe cada vez más como un fracaso.

martes, marzo 31, 2026

El Recetario del Naufragio: Análisis Técnico de las Promesas de Iván Cepeda

La campaña presidencial de 2026 calienta motores y, con ella, el desfile de promesas que pretenden redimir al país o, más probablemente, hundirlo definitivamente. Bajo la premisa innegociable de que el Estado colombiano es un ente obeso, derrochador y crónicamente ineficiente, es imperativo pasar por el tamiz técnico —y no solo político— las propuestas del progresismo, encarnado esta vez por Iván Cepeda Castro. No se trata de antipatía ideológica, sino de aritmética básica y realismo institucional. A continuación, diseccionamos cinco de sus propuestas estrella, verdaderas bombas de relojería para el futuro económico e institucional de Colombia.


1. La Asamblea Constituyente: Jugar a la Ruleta Rusa con las Instituciones: El programa de Cepeda no se anda con rodeos: propone una "Mesa de Diálogo Nacional" para redefinir el modelo económico y social, advirtiendo que los mecanismos de implementación podrían incluir una Asamblea Nacional Constituyente. No es una lectura entre líneas; es una amenaza directa estampada en papel.  Desde una perspectiva técnica, invocar una Constituyente es el equivalente a prenderle fuego a la casa para redecorar la sala. El impacto inmediato es la parálisis de la inversión debido a una incertidumbre jurídica absoluta. ¿Quién arriesga capital en un país que está reescribiendo sus reglas del juego fundamentales? Sumemos a esto el desorbitado costo económico de los procesos institucionales y la traumática transición burocrática. Una Constituyente se sabe cómo empieza —con promesas de utopía—, pero la historia latinoamericana reciente nos enseña dolorosamente cómo termina. Es un riesgo ALTO e innecesario que Colombia no puede permitirse.

2. Profundizar la Reforma Agraria: La Eterna Sinfonía del Voluntarismo sin Técnica. Nadie en su sano juicio se opone a que los campesinos tengan tierra; el objetivo es legítimo y necesario. El problema, como siempre con la izquierda, no es el 'qué', sino el 'cómo'. Cepeda propone mecanismos que implican una redistribución forzosa. Técnica y jurídicamente, esto es un nido de avispas: el Estado debe arrebatar la tierra a alguien que ya la ostenta, detonando conflictos legales y sociales que pueden arrastrarse por décadas.  Además, figuras como las Zonas de Reserva Campesina imponen restricciones severas sobre el uso futuro de la tierra, lo que en la práctica desincentiva la inversión de capital en el agro. La historia económica es terca: la prosperidad rural germina con propiedad segura, titularidad clara y derechos transferibles, no con repartos condicionados y restricciones colectivistas. Esta propuesta depende al 100% de un diseño técnico impecable, un 'commodity' que escasea profundamente en el progresismo, donde la improvisación es la norma. Ya lo vimos con el desastroso modelo de salud para los maestros: un fracaso técnico absoluto bajo la administración Petro que Cepeda, sin duda, replicaría en el campo.

3. Prohibir el Fracking y Asfixiar la Gran Minería: El Suicidio Fiscal Programado. 

"Transición energética" es el mantra de moda. Nadie está en contra de las energías limpias, pero en el mundo real, la velocidad y el orden importan. Cepeda insiste en la ruta del prohibicionismo. El dato técnico que parece ignorar es que hoy, los hidrocarburos financian aproximadamente el 35% del presupuesto nacional.  Nuevamente, la improvisación ideológica aplasta a la planificación económica. Prohibir el fracking y restringir la gran minería sin tener fuentes alternativas de ingresos fiscales y de exportaciones ya consolidadas es, simplemente, un suicidio económico. Esta propuesta solo es viable en el metaverso del progresismo, no en una Colombia que depende de estas rentas para no declararse en quiebra. Es otra demostración de que Cepeda y Petro habitan en un plano de la realidad donde las facturas se pagan con buenas intenciones, no con divisas.

4. Más Control Estatal en Salud: El Anhelo de Resucitar el Seguro Social:  Esta propuesta es el sueño húmedo de Petro y de toda la izquierda colombiana: el retorno al monopolio estatal de los recursos de la salud. Si bien el sistema actual tiene fallas reales que requieren corrección, la solución técnica no es vaciarlo en el Estado.  Cuando el Estado administra directamente sin competencia privada, desaparecen los incentivos de eficiencia y calidad. Una EPS privada, en teoría, compite por pacientes y tiene razones económicas para mejorar su servicio; una entidad burocrática estatal no tiene incentivos, pues el usuario está cautivo. La experiencia regional con sistemas 100% estatales se resume en: listas de espera interminables, corrupción rampante y calidad ínfima. El modelo Cepeda-Petro nos lleva directos a un nuevo Instituto de Seguros Sociales, un botín burocrático para que los políticos canjeen citas médicas por votos.

5. Continuar la "Paz Total": Negociar el Territorio con los Criminales: La narrativa de Cepeda es simple: nadie quiere la guerra. Pero la técnica de la seguridad dice otra cosa. El problema de su "Paz Total" es negociar sin exigir que los grupos armados entreguen el control territorial real. Mientras el ELN o las disidencias mantengan su presencia en los municipios, seguirán cobrando "vacunas" a campesinos y empresas, regulando quién entra o sale y controlando la economía local. Esto es, técnicamente, un impuesto ilegal que asfixia el desarrollo. La paz sostenible y la prosperidad económica requieren que el Estado —y solo el Estado— detente el monopolio de la fuerza y el control del territorio. Sin esa condición de seguridad mínima, la inversión privada jamás llegará. Este ha sido el gran fracaso de Petro, y con Iván Cepeda, el "arquitecto" de esta política al volante, ya sabemos para dónde va el país. Como dicen popularmente: de culo para el estanco.




jueves, marzo 26, 2026

La Aeronáutica del Delirio: Petro, sus Loros y la Memoria Selectiva

Se ha impuesto en el país una tónica soporífera y peligrosa: lo que dice Gustavo Petro, sus petristas lo repiten por ósmosis, sin pasar por el filtro del raciocinio. La ley del mínimo esfuerzo intelectual. Así ocurrió con el estúpido mantra de que, si le quitaban la "i" a la palabra "ilegal", esta se volvía "legal". Pura sofistería de guardería. O cuando Petro, en un acto de cinismo puro, culpó de la muerte del niño Kevin a una bicicleta, y no a la Nueva EPS, intervenida por este gobierno derrochador y populista, que negligentemente no le había entregado los medicamentos para su tratamiento.

Hoy, la nueva perorata del inquilino del palacio —quien cada vez más da muestras de un delirio preocupante— es que el avión que trágicamente se accidentó en el Putumayo era una "chatarra" que volaba por los cielos de Colombia. El mismo avión que prestaba servicio a las FF.MM. que él, supuestamente, dirige. Al hacerlo, contradice a quienes saben de aviación, incluyendo a su propio y timorato Ministro de Defensa y al Comandante de la Fuerza Aérea. Pero, ¿qué importan los datos cuando se tiene un micrófono y un ego colosal?

La vida útil de un avión como el Lockheed C-130 Hércules no se mide por la fecha de nacimiento en el calendario, sino por horas de vuelo y rigor en el mantenimiento. Están diseñados para volar aproximadamente 45.000 horas, lo que puede equivaler fácilmente a 40, 50 o incluso más de 60 años de servicio. De hecho, muchos C-130 en el mundo siguen operando tras medio siglo porque fueron hechos para durar si se mantienen bien. El avión accidentado fue fabricado en 1984; es decir, tenía alrededor de 42 años de antigüedad. Pero en horas de vuelo, llevaba poco más de 10.000, una cifra que dista mucho de ser el límite para este tipo de aeronave. En estos pájaros de acero, el mantenimiento, el reemplazo de piezas críticas y las revisiones estructurales importan más que la edad. Un C-130 vuela décadas con overhauls periódicos.

Sin embargo, el mandatario, en otro arranque de genialidad ignorante, afirmó que Colombia no debería operar aeronaves de más de 40 años. Cuestionó la calidad llamándola una especie de "regalo muy costoso y malo" (refiriéndose a equipos donados). Esto, a pesar de que al principio había ladrado que el gobierno de Iván Duque los había comprado. Tanta es la ignorancia que hoy dice que no se pueden recibir regalos viejos.

Curioso que Petro se posicione como experto en chatarras cuando, siendo alcalde de Bogotá, compró una flota de camiones de basura que literalmente resultaron siendo los desechos desechados de otras ciudades. Lo que Petro no repite —y sus loros callan— es que cuando fue alcalde se compraron compactadores usados que fallaron de inmediato en medio de la improvisación. Adquiridos a través del Acueducto de Bogotá desde EE. UU. (flota reacondicionada), por una cifra que rondó entre los $76.000 y $80.000 millones de pesos por unos 276 camiones. El cambio climático de su ego nos costó una fortuna.



Jugar con el poder es fácil, sobre todo cuando se cuenta con una nómina estatal amplia y una chequera llamada "Estado". En eso consiste el populismo: decisiones que no se logran frenar porque lo posicionan bien ante un fanatismo al que no le importan las razones. No entendemos en qué momento de estos cuatro años de desgobierno, lo que pase en el Gobierno Petro será responsabilidad de Petro, y dejará de ser culpa de Duque (quien, dicho sea de paso, es el único culpable de que este personaje de izquierda llegara al poder). Mientras tanto, Petro sigue desatado en redes con sus comentarios mordaces que hacen eco en quienes repiten, como loros amaestrados, que el avión cayó por chatarra. Lo repiten sin esperar la investigación, y omitiendo convenientemente que Petro también recibió aviones donados de EE. UU. en el mismo convenio.

viernes, marzo 20, 2026

Un país de ciegos y sordomudos

Lo que ocurre en Colombia actualmente no es nada diferente a lo que ha pasado a lo largo de más de 200 años de vida republicana: un gobierno rodeado de corruptos que pasa de escándalo en escándalo; un presidente que prometía un cambio en el país y nos devolvió al pasado, a las épocas en las que viajar por carretera era un deporte extremo, donde los bandidos mandan ante la mirada ciega de quienes deben proteger al país.

Un gobierno apoyado por nuevos clanes, como el clan Torres en el Atlántico, quienes con dinero y astucia han hecho desaparecer a los clanes Name, Cepeda y otros más. Un gobierno apoyado por Armando Benedetti, quien hoy, orondo, dice que aspira a ser el próximo alcalde de Barranquilla —Dios no lo permita jamás—, respaldado además por el arquitecto de lo que inició como una “mochila” de partidos políticos que conformaron el llamado Pacto Histórico en 2022, Roy Barreras. Un gobierno con ministros presos en cárceles, como Bonilla y Velasco; otros huyendo en Nicaragua, como es el caso de Carlos Ramón González, quienes han hecho lo mismo que tanto criticaron: comprar congresistas y sacar adelante reformas fallidas para el país.


Hoy en el país hay tal polarización que un personaje como Iván Cepeda, cuyo único mérito a destacar es haber contribuido a que Álvaro Uribe enfrentara procesos judiciales, sea quien puntea en las encuestas presidenciales. Y, del otro lado, un outsider con ínfulas de Bukele. Son ellos quienes hoy, según esas firmas encuestadoras, tienen la mayor probabilidad de ser presidente y suceder al nefasto Gustavo Petro. Un presidente que se ha peleado con todo lo que huela a institución y que gobierna vía redes sociales, como lo hacía su némesis Álvaro Uribe: dos enfermedades que padece Colombia y que muchos sufren con gusto. Incluso son capaces de vender el voto a mochileros en el Atlántico, apoyados por el delincuente y condenado Bernardo Hoyos, quien sumió a la ciudad de Barranquilla en un desastre del que, gracias a Dios, se ha podido salir.

Iván Cepeda nunca imaginó siquiera ser candidato a presidente. Su retórica no le da para hablar de algo diferente a Álvaro Uribe Vélez, las FARC o el ELN; gira siempre sobre lo mismo. Sin embargo, hoy, impulsado por las políticas populistas de este gobierno, que en cuatro años no hizo mucho —o quizá no hizo nada—, aparece como opción. Su ejecución del presupuesto estuvo siempre dirigida a engordar una nómina estatal. Para el Petro derrochón, no importa que el número de empleados públicos pasara entre 2023 y 2024 de 889.000 a 916.000, es decir, 27.000 personas más (3%). Tampoco que los contratos por prestación de servicios pasaran de 11.851 en 2022 a 18.685, un aumento cercano al 57%. Como suelen hacerlo los gobiernos de izquierda: mantener el poder mediante burocracia y contratación; de ahí su fuerza electoral.

En este país no importan los datos o los hechos. El colombiano no vive de cifras sino de momentos: vive del populismo, impregnado hace unos años por Uribe y hoy por Petro, quien se atrevió, en el último año de su gobierno, a hacer un aumento desproporcionado y sin fundamentos reales del salario mínimo. Eso sí, algo que aplaude lquienes viven del salario minimo. Total, hay más pobres que ricos, y eso la politiquería lo sabe. Saben que el colombiano es ciego y sordomudo: capaz de no mirar escándalos o las altas cifras de inseguridad; sordo para escuchar razones y mudo para decir algo frente a lo que ocurre. Eso sí, colombianos “shakiros”: ciegos, sordomudos, pero felices mientras estén “viviendo sabroso” con un salario de dos millones de pesos. ¿Qué importa la salud y cómo Petro ha dejado que el “shu, shu, shu” se la lleve por delante?


sábado, marzo 14, 2026

El fenómeno Oviedo

Pasaron las elecciones al Congreso y con ellas las consultas presidenciales. El gran ganador al Congreso fue el partido del presidente Gustavo Petro, con 25 senadores y 40 representantes. Otro ganador fue el expresidente Álvaro Uribe, quien supo capitalizar con 17 senadores y más de 20 representantes a la Cámara con su partido Centro Democrático.

Pero en las consultas se dio la gran sorpresa en la llamada Gran Consulta por Colombia. El economista y exdirector del DANE, Juan Daniel Oviedo, sin maquinarias y a pura opinión, saldó su cuenta con más de un millón doscientos mil votos, una cifra nada despreciable entre nueve candidatos que buscaban capitalizar opinión, como la derrotada Vicky Dávila, o políticos sin base electoral sólida como David Luna, Juan Manuel Galán, Aníbal Gaviria y Mauricio Cárdenas.

Juan Daniel Oviedo pasó de ser un técnico del Estado a convertirse en un actor político con notable visibilidad en Colombia. Se volvió conocido porque dirigió el DANE durante el gobierno de Iván Duque, donde se posicionó como un técnico serio, un buen comunicador de datos y, sobre todo, como una figura independiente de los partidos tradicionales. Su apoyo se concentra en clases medias urbanas, jóvenes profesionales y votantes independientes: ciudadanos cansados de la polarización que domina el debate público. Ese mismo fenómeno ya se había visto cuando fue candidato a la alcaldía de Bogotá, donde obtuvo un resultado fuerte para alguien sin maquinaria política.

Oviedo proyecta una imagen limpia. No tiene escándalos de peso, utiliza un lenguaje claro y explica la política con datos. No polariza. No está asociado ni completamente a la izquierda ni a la derecha. En un país marcado por la confrontación entre figuras como Gustavo Petro y su oposición, ese perfil termina atrayendo a votantes moderados. Hay una parte del electorado que quiere política basada en datos y gestión, no solamente en ideología. Sin embargo, el sistema político colombiano sigue premiando más la maquinaria que la tecnocracia.

Este domingo 8 de marzo, una Colombia cansada de los odios y de los extremos le gritó al país que es posible tener una figura que no polarice y que, por el contrario, sume. Oviedo parece entender que el país se construye entre distintos. Muy distinto a lo que hoy ocurre con el gobierno de Petro, radicalizado y atrincherado en sus banderas rojas —como él mismo las llama— o en una izquierda recalcitrante que duele en el estómago y en los intestinos, que piensa con el páncreas y que utiliza un lenguaje excremental para referirse a todo aquello que no está con ellos.

Como parte del fenómeno en el que se ha convertido, Oviedo partía con gran empatía entre muchos colombianos que quieren apostar por un país lejos de la destrucción del sistema de salud, del derroche estatal en contratos y de una nómina gubernamental inflada por Gustavo Petro para saciar su apetito burocrático y político. Hoy Petro parece dar cabida a cualquier adulador sin importar qué tenga en la cabeza; lo único que importa es ser petrista.


Oviedo es hoy candidato a la vicepresidencia de Paloma Valencia. Allí entendieron que el país se construye entre distintos. Sola, Paloma difícilmente podría llegar a una segunda vuelta. El desafío para esta dupla es ahora superar al llamado fenómeno Abelardo, una expresión de extrema derecha que ha venido ganando espacio y adeptos en un país cada vez más polarizado, que sigue creyendo que la solución es uno o el otro y que aún no entiende que todos cabemos en él, sin necesidad de pasar por encima de quien piensa distinto.

El verdadero fenómeno Oviedo no está solo en el millón largo de votos que obtuvo, sino en lo que esos votos representan. Son el reflejo de una Colombia cansada de gritos, de trincheras ideológicas y de políticos que solo saben gobernar para los suyos. En medio de una política que insiste en dividir al país entre buenos y malos, entre izquierda y derecha, aparece una señal distinta: la de ciudadanos que quieren menos rabia y más razón, menos consignas y más gestión. La pregunta ahora no es si Oviedo es un fenómeno electoral pasajero. La verdadera pregunta es si la política colombiana será capaz de escuchar a esa Colombia que está pidiendo, silenciosamente, una forma distinta de hacer política.

viernes, marzo 06, 2026

El Congreso que viene

Llegaron las elecciones al Congreso de 2026: una fiesta democrática en un país que sabe de marañas, fraude y de votar emberracado; un país que vive una de las peores polarizaciones de sus más de 200 años de vida republicana. Todo esto ocurre en medio de un gobierno que le da gasolina y vida a su proyecto político con medidas populistas que se repiten y difunden por redes sociales, incluyendo una política que parece diseñada para alimentar su propia vanidad, tal como lo hacía Iván Duque con su programa de televisión de las seis de la tarde.

Para las elecciones legislativas de Colombia del domingo 8 de marzo de 2026, en las que se elegirá el nuevo Congreso para el periodo 2026-2030, quedaron inscritos 3.144 candidatos en total, después de ajustes y revisiones del proceso electoral. Son 1.078 candidatos al Senado de la República y 2.066 a la Cámara de Representantes. En las elecciones de este domingo se elegirán 103 senadores y 183 representantes a la Cámara. Será, además, la primera elección posterior al acuerdo de paz con las FARC sin curules aseguradas para ese grupo, hoy aliado políticamente con Carlos Caicedo en su intención de llegar al Senado.

Gustavo Petro, por medio de su gobierno, ha tomado decisiones que influyen directamente en el proceso electoral. Como el mal estudiante que no hace nada durante todo el año escolar, a Petro parece ocurrirle lo mismo: tres años después de un gobierno marcado por el fracaso de la “paz total”, múltiples escándalos de corrupción y un hijo imputado y procesado por varios delitos relacionados con dinero ilegal y presunta corrupción. Entre ellos, lavado de activos y enriquecimiento ilícito por dinero ilegal recibido, así como presuntos actos de corrupción en contratos públicos en el Atlántico cuando era diputado. Aun así, hoy es capaz de subir el salario mínimo por decreto en un aumento sin sustento real, pero muy conveniente frente a lo que sabe que viene, con un arquitecto electoral llamado Armando Benedetti.


Este domingo es probable que el partido de Petro obtenga más de 17 senadores; ojalá no supere la cifra de 20. Lo hace con una lista cerrada en la que los electores votan por el Pacto sin saber necesariamente quiénes están dentro. Entre los candidatos cuestionados de la lista al Senado del Pacto Histórico aparecen nombres como Álex Flórez, senador actual que fue suspendido por la Procuraduría tras un escándalo en un hotel de Cartagena en el que insultó a policías estando en estado de embriaguez. La Comisión de Ética del Senado también lo sancionó por su comportamiento. También está Pedro Flórez, senador cercano al llamado “Clan Torres” del Atlántico, una estructura política regional que ha sido objeto de críticas. Otro nombre es el de Walter Rodríguez Chaparro, conocido como “Wally”, influenciador político que aspira al Senado y que ha estado en polémicas por dudas sobre certificados laborales utilizados para contratos públicos y por una investigación relacionada con un viaje de influenciadores en un avión oficial. Igualmente figura Laura Cristina Ahumada, esposa de un alcalde suspendido de Barrancabermeja, cuya candidatura ha sido cuestionada por posibles vínculos con esa administración local.

En medio del debate también hay candidatos valiosos que pueden hacer mucho por este país. Mi invitación es a votar por las listas de Dignidad y Compromiso en todos los departamentos. En el Senado votaré por Jorge Robledo, elegido diez veces como el “mejor senador de Colombia” según el Panel de Opinión de la firma Cifras y Conceptos, una encuesta realizada entre líderes de opinión como académicos, empresarios, periodistas y dirigentes sociales.

A elegir este domingo, pero sobre todo a hacerlo con conciencia, por un país que no aguanta cuatro años más de esta debacle de gobierno populista ni cuatro años de un uribismo que sueña con volver al trono que tanto le gusta y que perdió, paradójicamente, por un DJ.

jueves, febrero 26, 2026

Entre dos malos candidatos, cuando la emoción reemplaza a la razón

Las recientes encuestas en la carrera presidencial siguen mostrando en la punta al senador Iván Cepeda, quien no se cansa de llenar plazas públicas con un discurso repetido en el que siempre menciona a Álvaro Uribe Vélez y los falsos positivos; un discurso que cala y que lleva al país a pensar más con el hígado que con la razón.

Lejos, en segundo lugar, aparece un outsider: un abogado muy cuestionado que, con su discurso de extrema derecha, atrae votos en cantidad entre quienes sienten que Petro y la izquierda son lo peor que le ha pasado al país.

Lastimosamente, la oposición política al gobierno de Petro no ha sabido capitalizar todo lo negativo que ha ocurrido durante esta administración. La corrupción que rodea al presidente y a su círculo cercano, con escándalos como el de la UNGRD, así como numerosas controversias y casos de presunta mala gestión dentro del gobierno y la contratación pública, han marcado el periodo. Los medios han contado más de veinte escándalos que han golpeado a la administración.

La política de “Paz Total” ha sido señalada por sus críticos como un fracaso, y esto —según esa visión— ha permitido que organizaciones criminales y narcotraficantes ganen terreno en distintas regiones del país, generando una sensación de inseguridad comparable a la de los años noventa. La ONU ha emitido alertas por el aumento de la violencia y las vulneraciones de derechos humanos en zonas rurales, reportando desplazamientos y acciones de grupos armados. Esto ha alimentado el debate sobre los resultados reales de la política de paz.

Sin embargo, el país —o al menos la opinión pública que reflejan las encuestas— sigue inclinándose por los extremos. Hoy parece imponerse el extremo que gobierna, con una nómina estatal robusta y cuestionamientos por contrataciones aceleradas antes de la entrada en vigencia de la ley de garantías.

Colombia lleva años atrapada en una dinámica de “antiuribismo vs. antipetrismo”. Cuando la sociedad se polariza, el centro pierde fuerza; los discursos moderados se perciben como tibios. Las encuestas iniciales suelen medir quién activa más emociones, no necesariamente quién es más viable electoralmente.


Los candidatos de los extremos hablan en términos más directos y señalan enemigos claros. El país parece moverse entre Uribe y Petro, con un claro ganador en este momento: el senador Iván Cepeda. El centro, por su parte, suele proponer reformas técnicas, consensos y gradualidad, pero eso no genera la misma pasión. Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella representan posiciones fuertes en extremos ideológicos distintos. Son figuras altamente ideologizadas que podrían terminar gobernando principalmente para su base. Tendrían dificultades para construir consensos en el Congreso —como ya lo ha evidenciado el actual gobierno—, lo que aumentaría la confrontación política.

Dos malos candidatos, en el caso de Cepeda, su trayectoria ha sido principalmente legislativa, no ejecutiva. En el caso de De la Espriella, su perfil ha sido más jurídico y mediático que de gestión pública. En un país dividido, eso genera temor en votantes moderados. 

Es importante recordar que aún estamos lejos de las elecciones. Muchas personas no han tomado una decisión definitiva. El centro suele fragmentarse al inicio y consolidarse después. En elecciones pasadas ocurrió algo similar: al comienzo puntean figuras fuertes, pero el escenario cambia cuando se definen alianzas.  Aún queda espacio y tiempo para que emerja una figura distinta que una al país en lugar de seguir fragmentándolo. Estos dos malos candidatos no deparan nada bueno para Colombia.

jueves, febrero 12, 2026

Diplomas irregulares y millones públicos

El escándalo que rodea a la Fundación Universitaria San José parece no tener fin. Una institución que alcanzó notoriedad nacional tras otorgarle un título profesional a la consentida del petrismo, Juliana Guerrero, en medio de serios cuestionamientos sobre la legalidad de dicho diploma. Títulos que, por demás, no han derivado en un proceso sancionatorio serio ni ejemplar por parte del Ministerio de Educación, pese a la gravedad de los hechos.

La Fundación fue señalada por entregar un título profesional sin que la beneficiaria cumpliera los requisitos académicos legales, entre ellos la presentación del examen Saber Pro, obligación indispensable para graduarse en Colombia. La congresista Catherine Juvinao ha ido más allá y ha denunciado que la Fundación Universitaria San José habría expedido títulos con irregularidades a cientos de personas, principalmente funcionarios y contratistas del Gobierno nacional, lo que configura un patrón preocupante y no un hecho aislado.

Pero el problema no se limita al ámbito académico. También existen denuncias graves sobre la gestión de recursos públicos. La Fundación ha sido señalada por presuntos sobrecostos en contratos con la Gobernación del Magdalena, particularmente en la adquisición de kits escolares cuyo valor declarado estaría muy por encima de los precios del mercado. La expedición acelerada y presuntamente irregular de títulos ha llevado a que, en distintos medios, se refieran a la institución como una verdadera “fábrica de diplomas”: una percepción que no surge del capricho, sino de la reiteración de prácticas que ignoran los estándares exigidos a cualquier universidad seria.


En 2021, durante la administración de Carlos Caicedo en la Gobernación del Magdalena, se adjudicó a la Fundación Universitaria San José un contrato por aproximadamente $12.571 millones. El proceso correspondió a la licitación pública LP-005-2021, cuyo objeto era apoyar a la Secretaría de Educación en un programa de alfabetización para población vulnerable en municipios como Aracataca, Plato, El Banco y Remolino. Sin embargo, entre los criterios de evaluación se incluyó la posibilidad de otorgar puntaje adicional a los proponentes que ofrecieran formación en dos idiomas —incluido japonés— con entidad certificada, además del inglés. Aunque la enseñanza de japonés no era obligatoria, sí representaba una ventaja competitiva en la evaluación, una decisión ampliamente criticada por su desconexión con la realidad del programa, dirigido a personas en proceso de alfabetización básica, cuya necesidad principal es aprender a leer y escribir en español. La inclusión de requisitos de este tipo puede ser defendible en otros contextos, pero aplicada aquí levanta serias dudas sobre la pertinencia técnica y social de los criterios utilizados. En el Magdalena, enseñar japonés antes de enseñar a leer bien en español no es progreso: es una distorsión de prioridades. Y cuando esa distorsión aparece dentro de un contrato millonario, la pregunta deja de ser pedagógica y pasa a ser política y ética.

La polémica se agravó en 2025, cuando se denunció un nuevo contrato adjudicado a la Fundación Universitaria San José por aproximadamente $13.609 millones, nuevamente para un programa de alfabetización que incluía la compra de kits escolares con presuntos sobrecostos escandalosos. Según las denuncias, cada kit habría sido facturado en alrededor de $310.000. No obstante, una cotización realizada por la congresista Catherine Juvinao en una papelería común arrojó que los mismos elementos —cuadernos, lápices, borradores, colores, reglas y sacapuntas— costaban cerca de $30.500. La diferencia es abrumadora: un sobrecosto cercano al 900%, es decir, casi $280.000 adicionales por cada kit.

A esto se suma otro dato inquietante: la Universidad Cooperativa de Colombia presentó una propuesta para ese mismo contrato por aproximadamente $7.874 millones, es decir, $5.700 millones menos que la oferta ganadora. Aun así, la adjudicación recayó en la opción más costosa, una decisión que siembra serias dudas sobre la transparencia, la racionalidad y la eficiencia del proceso de selección.

En un departamento donde miles de ciudadanos aún no dominan la lectura y la escritura en su propio idioma, introducir el japonés como criterio diferenciador en un programa de alfabetización no es innovación ni visión de futuro: es una señal de desconexión profunda con la realidad social. Cuando esa desconexión coincide con contratos millonarios, sobrecostos evidentes y un silencio institucional persistente, la discusión deja de ser educativa y se convierte en un asunto de responsabilidad pública. La Gobernación del Magdalena le debe al país algo más que explicaciones técnicas: le debe coherencia, prioridades claras y respeto por los recursos y la dignidad de quienes aún esperan lo básico.

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