sábado, agosto 15, 2026

El Magdalena ya no tiene dueño: el empanado divorcio entre Margarita y el caicedismo

Cuando Margarita Guerra hizo campaña para la Gobernación en 2025, no escondía su vínculo con Carlos Caicedo. En su propio programa de gobierno decía que había trabajado de la mano de Caicedo y Rafael Martínez, y hablaba de Caicedo como su mentor; su lema y su publicidad eran "La de Caicedo". Margarita llegó al poder gracias a una estructura construida fundamentalmente por Caicedo, pero también gracias a sectores que no necesariamente responden a él. Un sancocho de políticos que incluía a Rodrigo Roncallo, Eduardo Pulgar, «El zonero mayor» y otra cantidad de figuras que supieron llevar al poder a Margarita en épocas que parecían ser el declive político de Caicedo.

Además, la elección atípica de noviembre de 2025 fue prácticamente un plebiscito sobre el poder de Caicedo. Guerra obtuvo 188.722 votos, frente a 124.291 de Rafael Noya, quien había salido de Fuerza Ciudadana y terminó respaldado por sectores del Pacto Histórico y fuerzas anti-Caicedo.

En estos días, la gobernadora del Magdalena, María Margarita Guerra, hizo unas denuncias bastante fuertes que han generado mucha atención política en el departamento. En un comunicado publicado a comienzos de agosto, Guerra afirmó que durante los últimos meses ha sido víctima de amenazas, presiones, insultos, descalificaciones, humillaciones, ataques dirigidos contra ella y su familia, y una supuesta campaña para desprestigiar su gestión.

Pero lo más delicado de sus declaraciones fue que aseguró haber encontrado oficinas públicas y hospitales que, según ella, estaban funcionando como “focos de corrupción y de negocios personales” al servicio de unos pocos. Dijo que ha tomado decisiones para "depurar" esas estructuras y que precisamente eso habría generado resistencia. Guerra no nombró directamente a Carlos Caicedo en su comunicado. Sin embargo, el contexto político hace que muchos interpreten sus declaraciones como un distanciamiento muy fuerte del caicedismo. Ella, que llegó a la Gobernación con el aval de Fuerza Ciudadana y había sido presentada como continuadora del proyecto político de Caicedo, ahora afirma que: “El Magdalena no tiene dueño.” Y dice que está gobernando con autonomía, corrigiendo lo que considera que estaba mal y depurando estructuras que encontró en la administración.

Posteriormente, cuando le preguntaron directamente por Caicedo, negó que él estuviera detrás de las amenazas y sostuvo que sus decisiones son independientes. Es interesante porque ocurre justo después de que Carlos Caicedo fuera condenado en primera instancia, el 29 de julio de 2026, a 117 meses de prisión por delitos relacionados con contratación cuando era alcalde de Santa Marta. La sentencia es apelable y Caicedo ha defendido su inocencia. El comunicado de Guerra apareció apenas cinco días después. Eso ha hecho que políticamente se interprete como un posible rompimiento con el sector de Caicedo, aunque no se puede afirmar que ella lo esté acusando directamente de las amenazas.



Además, diferentes sectores políticos —incluido el alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo— salieron a respaldarla después de sus denuncias. A Margarita se le ha visto en lo impensado hace unos años: que un miembro del movimiento naranja, en declive, saliera en público abrazada y bailando vallenatos con el que llamaban ilegítimo porque le ganó la alcaldía al pupilo de Caicedo, Jorge Agudelo.

Hoy muchos hablan en voz baja o en los pasillos sobre quiénes son los responsables de esas amenazas: sectores duros del caicedismo que tienen enquistada esa corrupción y que sienten cómo la valiente Margarita los ha enfrentado. A Margarita, Caicedo la escogió para que aglutinara a su alrededor a otros sectores, y hoy sufren eso en el movimiento naranja, ya que la época en la que comían los mismos ricos de siempre y los perros de ricos parece que ya pasó.

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