Hoy, la realidad es que el candidato de Petro no es capaz de ir a un debate con los otros aspirantes. Las razones que expone son que no quiere hacer un "show", pero de fondo está que no es capaz de controvertir acerca de los fracasos de este gobierno que representa el senador Cepeda, cuyo único mérito ha sido ser el carcelero de Álvaro Uribe Vélez. Cepeda no es capaz de argumentar algo diferente a mencionar a Uribe en sus discursos, algo que han logrado vender como buena mercancia para un debate inexistente, Uribe es malo y eso es conocido por Colombia.
¿Ya vamos camino a ser la próxima Venezuela, donde hubo miseria y corrupción, o aún nos falta? Petro ya tiene su caballito de batalla con una constituyente para la que pide donaciones a una cuenta de un amigo suyo que lidera la iniciativa. Petro necesita reformar el sistema político, hacer cambios en instituciones del Estado que se han opuesto, como debe ser, a lo que él quiere convertir a Colombia en su impulso mesiánico. Todo esto con reformas como la de la salud, que ya demostró ser un fracaso de modelo con el magisterio. Petro quiere acabar con la explotación del petróleo en el país; llama, sin embargo, a importar y desaparecer la soberanía y la independencia de otros países en ese sector.
Aun así, parece increíble que el país camine al borde del abismo apoyando a Iván Cepeda. Una persona con dos dedos de frente no es capaz de entenderlo, pero vivimos en Colombia y pasamos de ser una república donde mandaba el "Gran Colombiano" a la Colombia donde manda un exguerrillero. He de aclarar que nunca he votado por Uribe y que no soy de su corriente política, pero ni Uribe se atrevió a tanto con todo el poder que tuvo: fue capaz de respetar cuando le tumbaron su segunda reelección con esta Constitución que tanto repudian los petristas cuando les pone freno en seco a sus intenciones.
Por el otro lado, aparece un outsider al mismo estilo de Rodolfo Hernández: un personaje que no está capacitado para gobernar, pero que intenta capitalizar el odio más visceral hacia Petro de algunos sectores que hoy no parecieran mayoría. Abelardo entiende, y así lo dice, que no conoce el país, que no está en el mismo nivel de Sergio Fajardo para gobernar porque nunca lo ha hecho; sin embargo, marca como segundo en las encuestas. Está muy por detrás de un 40% que parece asegurado para Iván Cepeda, quien cuenta con la maquinaria estatal más poderosa que se recuerde, comandada por Armando Benedetti y otros tantos politiqueros que hoy son redimidos alfiles de Petro. El país está patas arriba, definitivamente.
Tú, petrista, que saliste a marchar por la salud: nunca olvides que has peleado con tu familia para defender hoy a tipos como Armando Benedetti, Daniel Quintero y Carlos Ramón González en un gobierno que sabe mover fichas con dineros públicos.
Esta película ya me la vi hace cuatro años: dos malos candidatos. Por un lado, Iván Cepeda, sin mérito alguno y con muchos cuestionamientos por sus amigos de las FARC; del otro lado, Abelardo, un abogado sin experiencia pero con mucho fandom en épocas en las que las ideas de gobierno no importan. A este país solo le duele ser uribista o ser petrista, y a la mierda todo lo que sea sensatez. El resultado puede ser el cambio del modelo de país que hoy conocemos con la constituyente de Petro: una caja de Pandora que se abre y no sabemos cómo terminará.