viernes, mayo 29, 2026

La herencia del espanto: votar con la cabeza en el barranco

En nuestro país, las elecciones han estado marcadas siempre por el miedo: el temor a las FARC, el temor a Uribe, el temor a Petro, y el temor a la extrema derecha representada en Abelardo de la Espriella. Al tomar una decisión con miedo, pensamos más en “evitar perder” que en “ganar”; vemos más riesgos que oportunidades, tendemos a actuar a la defensiva y, muchas veces, terminamos eligiendo lo que da tranquilidad inmediata, no lo que realmente queremos. El problema aparece cuando el miedo exagera escenarios, paraliza o hace que decidamos solo por pura ansiedad.

Este domingo, lo que se juega en el país va más allá del miedo. Significa no ceder ante un falso cambio; significa el destino de lo que se ha construido en un país que, aunque imperfecto, aún es maravilloso para vivir. Quienes se montan en el gobierno con el falso discurso del cambio y de reivindicar acciones sociales terminan como todo político del montón y caudillista: entregados al poder y consagrados como los nuevos millonarios. Los casos ya los hemos visto en Santa Marta con el experimento de Carlos Caicedo y su clan; después de doce años, la ciudad sigue igual o peor que antes del caicedismo, con nuevos ricos montados en camionetas, rogando por los pesos que les da el hecho de ser simples lavaperros.

Petro entiende que su candidato no la tiene fácil. Por eso, ha hecho lo que ningún otro presidente se había atrevido a hacer: ha injerido directamente en las elecciones mediante sus redes sociales. Fue a la Costa Caribe descaradamente una semana antes y, en cada ciudad, se refirió a su candidato mientras despotricaba del rival de turno. Petro ve cómo el fenómeno del outsider Abelardo está captando la atención ante un posible segundo gobierno de izquierda —quizás más radical, pero que puede resultar más ordenado que el de Petro—, con un Cepeda que nunca imaginó ser presidente, hasta que a Uribe se le ocurrió denunciarlo y se le volteó la arepa en la Corte Suprema de Justicia. Podríamos decir que Uribe es el mayor elector de los últimos 24 años en el país, siempre colocando presidente, como pasó con Santos, con Duque, con el mismo Petro y, ahora, operando para que no sea Iván Cepeda.

Lo que está en juego es la Constitución, la carta que rige el modelo de país en el que vivimos. No es un buen momento para pensar en reformas en un país dividido y polarizado, donde no existen los consensos. Una Constitución que la izquierda quiere hacer a su medida —quizás para implementar un modelo comunista o, como lo llaman en el siglo XXI, el "modelo progresista"— puede dar al traste con todo un país. En Venezuela lo vivieron, y nosotros en Colombia podemos estar caminando el mismo sendero que los venezolanos recorrieron con un mitómano como Chávez, quien tiene mucho parecido a Petro: puro show.


Este domingo no deberíamos elegir entre el miedo a seguir el camino de Venezuela escogiendo a Abelardo, o el miedo a tener a un personaje apolítico que ha sido un showman en campaña, quien dice odiar el comunismo y ser el Milei o el Bukele colombiano. Este domingo deberíamos elegir con sensatez, definiendo a quién seríamos capaces de entregarle nuestra casa para que la administre; alguien que haya demostrado capacidad de gestión y liderazgo. Por eso, mi voto nuevamente será por el mejor candidato, aunque para muchos no sea el ganador. Para mí, Sergio Fajardo es la persona que este país necesita para dejar de lado la polarización y cambiar el territorio desde su estructura. Un cambio serio y seguro por el que volveré a votar por tercera vez consecutiva, aunque pareciera que el país camina derechito hacia el barranco entre Cepeda y Abelardo.


miércoles, mayo 27, 2026

El pacto de la ética movible

En la recta final de las elecciones en primera vuelta para presidente en Colombia, el país se apresta a elegir al sucesor de un gobierno que se dedicó a hacer exactamente lo que tanto criticó a los demás. El menú incluye la mayor estratagema de corrupción reciente, protagonizada por personajes de la calaña de Olmedo López, Luis Fernando Velasco, el exministro Ricardo Bonilla, Carlos Ramón González (hoy prófugo de la justicia refugiado en Nicaragua) y Sandra Ortiz. A este club se le sumaron luego los cuestionados Jorge Iván Ospina y el imputado Daniel Quintero. Todo un cartel digno de un "pacto histórico", pero de hampones.

No se puede ser un buen gobernante cuando el entonces candidato y hoy presidente de la república hablaba en su círculo cercano de "mover la línea ética". Correrla, acomodarla, tal y como lo hace hoy con su candidato Iván Cepeda, interviniendo descaradamente en política todos los días. Esto incluye el cinismo de ver a su elegido electoral mover esa misma línea ética sin pudor, organizando eventos masivos a una semana de las elecciones y pretendiendo normalizar de forma literal lo que nunca se ha hecho o simplemente está prohibido por ley. Pero claro, para él sí se puede. Estamos ante un candidato que, además, se niega sistemáticamente a debatir sus propuestas, nocivas como modelo de país.

Ese mismo candidato recibe con descaro a quienes son imputados por la justicia, aplicando la vieja máxima atribuida a Álvaro Uribe: que voten los proyectos mientras no estén en la cárcel. Así es como recibe con los brazos abiertos a Carlos Caicedo, investigado y acusado en varios procesos relacionados con presuntas irregularidades en la contratación pública durante su etapa como alcalde de Santa Marta y gobernador del Magdalena. El exgobernador ya ha sido imputado, acusado formalmente y llamado a juicio en distintos procesos. Caicedo es recibido en medio de una rueda de prensa donde balbucean sobre un supuesto "acuerdo programático"; una salida digna que busca el exgobernador ante su fracasada intención de ser presidente. Un personaje que, seamos claros, no tiene los votos en estas elecciones ni para lograr la reposición de dinero que la ley otorga a quienes alcancen el umbral del 3% de la votación válida total.


En las huestes de Iván Cepeda hay de todo. Ahí figura el senador Antonio Correa, quien fue secretario de Salud en Magangué durante la administración de Jorge Luis Alfonso López, alias “El Gatico” (hijo de la empresaria del chance Enilce López). La Corte Suprema llamó a Correa a juicio por presuntos hechos de corrupción relacionados con contratos y supuestas coimas en convenios interadministrativos en Bolívar y Córdoba. Correa pertenece al Partido de la U, pero ha sido un férreo impulsor y ferviente apoyo del gobierno de Petro. Nada raro en nuestra fauna política.

La periodista Juanita Gómez lo resumió perfectamente: lo de Petro con Cepeda no es una simple campaña presidencial. Parece una estrategia paso a paso para quedarse con el poder, desacreditar las reglas de juego y empujar al país a una peligrosa normalización del abuso político.

jueves, mayo 21, 2026

Por hechos y hoja de vida: Mi voto contra el cáncer y el SIDA de la política en Colombia

Imagínese tener que elegir entre el sida y el cáncer; entre dos males que se confrontan diariamente, se necesitan mutuamente para vivir y son en estos momentos los punteros en las encuestas. La discusión en Colombia sigue atrapada en el bucle de Uribe y Petro. En estos días, la pelea fue por un mural al frente de la casa de Uribe que le recordaba los 6.402 falsos positivos ocurridos durante su gobierno. Qué mamera y qué cansancio la disputa eterna entre estos dos tumores políticos.

Cuando pareciera que no hay más remedio que seguir la corriente e ir a donde va la gente, terminando como siempre en que el "voto útil" defina la elección presidencial, es bueno y necesario recordar que no todo está perdido. Hay opciones sensatas y con verdadera preparación para gobernar; personas que ya lo han hecho y lo saben hacer. Por eso, mi voto en esta elección del 31 de mayo será, por tercera vez, por Sergio Fajardo: un doctor en matemáticas, calificado en su momento como el mejor alcalde y el mejor gobernador del país, docente en diferentes universidades del mundo, una persona que habla inglés perfectamente y que sería un digno representante de este país, lejos de los extremos radicales de Abelardo de la Espriella o de Iván Cepeda.

Fajardo es matemático de la Universidad de los Andes, con maestría y doctorado (PhD) en la Universidad de Wisconsin-Madison. Durante su alcaldía en Medellín (2004-2007), uno de sus principales hitos fue la transformación urbana y social de la ciudad, donde impulsó parques-bibliotecas y colegios, logró una reducción importante de la violencia y realizó la más alta inversión en educación y cultura ciudadana. Como gobernador de Antioquia (2012-2015), fortaleció los programas educativos, promovió la infraestructura regional y mantuvo una narrativa de transparencia. Esa es una gestión hecha realidad, completamente distante de los discursos demagogos del gobierno actual de Petro.


Fajardo ha defendido durante años una premisa clara: “La educación es el camino para transformar a Colombia”. Esa misma educación de la que carece el país y que lleva a muchos a irrespetar la propiedad privada, incluyendo al mismo presidente Petro, quien desconoce la ley al afirmar de forma absurda que las fachadas de las casas son propiedad pública. Una muestra más de cómo contradicen la Constitución Política, esa que tanto quieren cambiar para perpetuarse en el poder y montar un modelo de gobierno fracasado como el de Venezuela.

A lo largo de los años, Fajardo ha mantenido una imagen de honestidad, alejado de las maquinarias tradicionales. Es una figura moderada, técnica y con un discurso anticorrupción respaldado por hechos. Cuenta con experiencia ejecutiva real, a diferencia de esos candidatos que solo han sido congresistas, figuras mediáticas o abogados de Twitter. Él ya manejó presupuestos públicos gigantescos y lideró equipos complejos. Sabe gobernar.

Es hora de que el país se pellizque y cambie el libreto confrontacional entre el petrismo y el uribismo, dos corrientes destructivas que solo le hacen daño a Colombia. El 31 de mayo, mi voto va nuevamente a la fija. Mi voto es por Fajardo.

viernes, mayo 15, 2026

¿Cómo le explico a los extraterrestres?

Lo que está haciendo el gobierno de Donald Trump es una nueva fase de desclasificación de archivos sobre OVNIs —o como los llama oficialmente el gobierno estadounidense, UAPs (Unidentified Anomalous Phenomena). La administración Trump ordenó publicar documentos, fotos, videos e informes militares que durante años estuvieron clasificados. Y sí, si los extraterrestres nos visitan, el día que asomen por estas tierras nos preguntarán muchas cosas, pero yo no sabría cómo explicarles que el candidato del gobierno es el que puntea las encuestas, y que le sigue un fanfarrón que fue abogado de los paramilitares en el proceso de paz de Uribe.

¿Cómo le explico a los extraterrestres que, aunque este gobierno pueda tener más de 34 escándalos conocidos —todos capaces de tumbar a un presidente—, es capaz de tener a su escogido como puntero en las encuestas? ¿Cómo explicarles que, pese a haber violado los topes en la financiación de la campaña "Petro Presidente 2022" con cuentas ocultas; que pese al caso de Nicolás Petro (vinculado a lavado de activos y dineros de narcos para el hijo del presidente); a las chuzadas y al polígrafo de la entonces mano derecha de Petro, Laura Sarabia, con su niñera Marelbys y múltiples interceptaciones ilegales, acompañados de los audios de Benedetti en los que menciona financiación y amenazas por 15 mil millones; más el saqueo de la UNGRD por parte del petrista Olmedo López, en donde aprovecharon contratos de carrotanques en La Guajira y sobornaron a congresistas para lograr la aprobación de proyectos en el Congreso... pese a todo esto, la gente sigue apoyando a Petro?

Que pese a las imputaciones a los exministros Velasco y Bonilla, y a Olmedo López por la UNGRD; pese al destrozo de Ecopetrol por parte del jefe de campaña de Petro Presidente 2022, Ricardo Roa, involucrado en violación de topes, tráfico de influencias y nepotismo; que pese a que Petro y sus petristas denunciaban todo esto en el pasado, hoy lo conviven y lo celebran. Pese a los gastos millonarios de Verónica Alcocer, llena de una vida de lujos aunque ya no ejerza como primera dama porque Petro prefirió los brazos de Linda Yepes en Panamá; o que a pesar de tener infiltración de las disidencias de las FARC en el Ejército y en el DNI —algo que criticaban esos mismos petristas, pero que hoy celebran—; que pese a todo eso, siga teniendo un séquito de seguidores importante.



A la gente poco le importan los supuestos nexos con "Papá Pitufo" en contrabando y el DNI, o las denuncias de Angie Rodríguez por corrupción y espionaje, o que el líder actual esté en la Lista Clinton con sanciones de la OFAC/EE.UU. Nada importan los contratos a dedo por 31 billones de pesos de este gobierno, como tampoco la crisis de los pasaportes con Thomas Greg y sus irregularidades. Atrás queda el Pacto de la Picota; aquí no hay escándalo que valga.

El asesinato de Miguel Uribe en el gobierno de Petro para un fanático petrista no es nada, mucho menos que su hermano haya gestionado el Pacto de La Picota, o que una tal Juliana Guerrero, con títulos falsos, tenga tanto poder en la Casa de Nariño. Y la cereza del pastel: Daniel Quintero y su grupo cercano manejando la Superintendencia de Salud. Adicionando, por supuesto, a los influencers, tuiteros y bodegas a sueldo con dineros del Estado.

Nada importa hoy. No hay forma de contarle a los extraterrestres cómo este país piensa, en su mayoría, elegir a quien es el ungido por el dueño de todos estos escándalos. Lo único sensato es pensar que les da más miedo el abogado que parecía un chiste para ser presidente y que hoy tiene mucha fuerza entre la gente, con opciones reales de que quien es recordado como el "matagatos" pueda ser presidente. Este país es un chiste, algo que jamás entenderían los extraterrestres


viernes, mayo 08, 2026

El espejo roto: El idilio de la ceguera colectiva

Parece un guion de ciencia ficción, pero es nuestra realidad nacional: tras cuatro años de una gestión que ha coqueteado peligrosamente con el abismo, más del 30% de los encuestados ya sintonizan la frecuencia del "sucesor" de Gustavo Petro. ¿Cómo explicarle a un observador externo —a un extraterrestre, si se quiere— que un país que vio en primera fila el naufragio de Venezuela hace 27 años, hoy decida caminar por el mismo sendero pedregoso, ignorando el reflejo del espejo vecino?

La respuesta no está en la lógica, sino en la rentabilidad de la polarización. Iván Cepeda, ese arquitecto de la narrativa del "enemigo único", ha encontrado en la figura de Álvaro Uribe una mina de oro político. Para sus seguidores, el único mérito necesario es haber logrado que el expresidente enfrentara a la justicia. No importan los cabos sueltos, ni que el delito fuera el "más suave" de su repertorio; el trofeo de la captura es suficiente para obnubilar cualquier juicio crítico sobre la capacidad de Cepeda para gobernar un país, y no solo para perseguir fantasmas del pasado.

Mientras tanto, en las calles, el "vivir sabroso" se traduce en una matemática simplista y peligrosa. El petrismo de base celebra que "a los viejitos les llega plata" o se regodea en un salario mínimo de dos millones de pesos —cifra que ningún gobierno anterior se atrevió a tocar, quizás por responsabilidad macroeconómica, no por falta de ganas—. Para este sector, la seguridad es un daño colateral aceptable. ¿Qué importan las bombas de las disidencias de las FARC o el estrepitoso fracaso de la "Paz Total" si el bolsillo siente un alivio artificial?

Sin embargo, detrás de la cortina de las "reformas sociales" y la "transición energética", se esconde una estructura voraz. El gobierno de Petro, autoproclamado adalid del cambio, se alimenta hoy de la misma burocracia podrida que prometió extirpar. La nómina estatal está inflada para saciar el hambre de personajes como Armando Benedetti, Roy Barreras, el preso Wadith Manzur o el imputado Daniel Quintero, quien hoy maneja los hilos de la salud. Es una paradoja sangrienta: el motor de la candidatura de Cepeda son los sectores tradicionales de La U, los liberales regionales y las estructuras de los Besaile o Antonio José Correa. El "cambio" resultó ser un reciclaje de lealtades por mermelada.



Lo más fascinante —y aterrador— es el comportamiento del fanático. Conversar con un petrista hoy es revivir el mesianismo que alguna vez rodeó al uribismo. Ambos bandos operan bajo la misma premisa: el líder es intocable, a pesar de que sus colaboradores más cercanos estén presos, bajo investigación o huyendo. Ante la evidencia de la corrupción en la UNGRD o la compra de votos en el Congreso, la respuesta es el cinismo puro: "Eso mismo hacía Uribe". Es la claudicación de la ética ante el altar de la ideología. Han aceptado que el país es inamovible, pero se consuelan con una posverdad cómoda: "Tú tienes tu realidad y yo la mía".

Al final, la tragedia colombiana no es que no veamos el espejo de Venezuela; es que, aun viéndolo, preferimos romperlo antes que reconocer que nos estamos convirtiendo en la misma imagen que juramos rechazar. Con tal de que el "enemigo" no vuelva al poder, el país puede arder. Total, según ellos, así se vive sabroso.

viernes, mayo 01, 2026

Esa película ya la vimos, y el final no fue feliz

Hace cuatro años, el entonces candidato Gustavo Petro recriminaba a su contrincante, el difunto Rodolfo Hernández, por no asistir a los debates en segunda vuelta. Sus seguidores, conocidos como "petristas", también lo hacían en redes sociales y se ufanaban de tener un candidato que "peinaba" a los demás; eso decían ellos.

Hoy, la realidad es que el candidato de Petro no es capaz de ir a un debate con los otros aspirantes. Las razones que expone son que no quiere hacer un "show", pero de fondo está que no es capaz de controvertir acerca de los fracasos de este gobierno que representa el senador Cepeda, cuyo único mérito ha sido ser el carcelero de Álvaro Uribe Vélez. Cepeda no es capaz de argumentar algo diferente a mencionar a Uribe en sus discursos, algo que han logrado vender como buena mercancia para un debate inexistente, Uribe es malo y eso es conocido por Colombia.

¿Ya vamos camino a ser la próxima Venezuela, donde hubo miseria y corrupción, o aún nos falta? Petro ya tiene su caballito de batalla con una constituyente para la que pide donaciones a una cuenta de un amigo suyo que lidera la iniciativa. Petro necesita reformar el sistema político, hacer cambios en instituciones del Estado que se han opuesto, como debe ser, a lo que él quiere convertir a Colombia en su impulso mesiánico. Todo esto con reformas como la de la salud, que ya demostró ser un fracaso de modelo con el magisterio. Petro quiere acabar con la explotación del petróleo en el país; llama, sin embargo, a importar y desaparecer la soberanía y la independencia de otros países en ese sector.


Aun así, parece increíble que el país camine al borde del abismo apoyando a Iván Cepeda. Una persona con dos dedos de frente no es capaz de entenderlo, pero vivimos en Colombia y pasamos de ser una república donde mandaba el "Gran Colombiano" a la Colombia donde manda un exguerrillero. He de aclarar que nunca he votado por Uribe y que no soy de su corriente política, pero ni Uribe se atrevió a tanto con todo el poder que tuvo: fue capaz de respetar cuando le tumbaron su segunda reelección con esta Constitución que tanto repudian los petristas cuando les pone freno en seco a sus intenciones.

Por el otro lado, aparece un outsider al mismo estilo de Rodolfo Hernández: un personaje que no está capacitado para gobernar, pero que intenta capitalizar el odio más visceral hacia Petro de algunos sectores que hoy no parecieran mayoría. Abelardo entiende, y así lo dice, que no conoce el país, que no está en el mismo nivel de Sergio Fajardo para gobernar porque nunca lo ha hecho; sin embargo, marca como segundo en las encuestas. Está muy por detrás de un 40% que parece asegurado para Iván Cepeda, quien cuenta con la maquinaria estatal más poderosa que se recuerde, comandada por Armando Benedetti y otros tantos politiqueros que hoy son redimidos alfiles de Petro. El país está patas arriba, definitivamente.

Tú, petrista, que saliste a marchar por la salud: nunca olvides que has peleado con tu familia para defender hoy a tipos como Armando Benedetti, Daniel Quintero y Carlos Ramón González en un gobierno que sabe mover fichas con dineros públicos.

Esta película ya me la vi hace cuatro años: dos malos candidatos. Por un lado, Iván Cepeda, sin mérito alguno y con muchos cuestionamientos por sus amigos de las FARC; del otro lado, Abelardo, un abogado sin experiencia pero con mucho fandom en épocas en las que las ideas de gobierno no importan. A este país solo le duele ser uribista o ser petrista, y a la mierda todo lo que sea sensatez. El resultado puede ser el cambio del modelo de país que hoy conocemos con la constituyente de Petro: una caja de Pandora que se abre y no sabemos cómo terminará.

 

viernes, abril 24, 2026

El Banquete de los Cínicos: Un Gobierno que se Devora a sí Mismo

En el primer gobierno de izquierda de este país hemos tenido de todo lo que criticaron cuando eran oposición. Pero la gran diferencia de estos personajes en el poder es la forma  canibalista en la que se han ido consumiendo a lo largo de estos cuatro años.  Con un cinismo y una desvergüenza absoluta, aquellos que pretenden reelegirse bajo el abrigo de las mismas políticas, juran que en su gobierno no habrá personajes como Sandra Ortiz (presa), Luis Fernando Velasco (preso), Ricardo Bonilla, Angie Rodríguez, Carlos Carrillo, Juliana Guerrero, Armando Benedetti, Laura Sarabia, Ricardo Roa o un Roy Barreras presidiendo el Congreso. 


El gobierno Petro se destruye desde adentro; entre ellos mismos se despedazan a punta de escándalos. El primero fue el de Laura Sarabia con Armando Benedetti. Cuando el segundo aún no era redimido por Petro y el "petrismo", gritaba en una acalorada discusión que Sarabia estaba en su cargo gracias a él, recriminando que el gobierno no reconocía el esfuerzo de "Armandito" tras conseguir 15 mil millones de pesos para la campaña Petro Presidente. 

En este gobierno, está claro: paga ser bandido. Que lo digan los "arquitectos" de la Paz Total o los gestores de paz que salen de las cárceles a seguir delinquiendo bajo el amparo oficial. O que hablen aquellos que falsifican títulos universitarios, como la "revolucionaria" Juliana Guerrero, que de revolucionaria tiene poco y de tramposa, mucho. Qué decir del imputado Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol —la empresa más grande del país—, a quien Petro sostiene contra viento y marea a pesar de estar señalado por tráfico de influencias y de usar su cargo para favorecer a terceros. Adicionalmente, a Roa se le acusa de la posible violación de topes electorales cuando fue el jefe de la campaña presidencial.

Por su parte, Laura Sarabia usaba su poder para "chuzar" y ordenar un polígrafo a la niñera de su hijo, además de recomendar interventores en EPS. Es una figura omnipotente que sobrevive a varios escándalos, aunque muchos sigan en la nebulosa de la "disputa política". Ya en 2023, Benedetti amenazaba con revelar las entrañas de la campaña y hablaba de irregularidades en la financiación; hoy carga con más de siete procesos judiciales en la Corte Suprema por corrupción y enriquecimiento ilícito. En 2025, EE.UU. lo sancionó por presuntos vínculos con el narcotráfico, mandándolo a hacerle compañía al mismo entorno presidencial en la Lista Clinton.

Lo curioso es que muchos de estos casos se destapan desde adentro. Tal debe ser la putrefacción que ni ellos mismos soportan el olor. En esas "destapadas de olla", Angie Rodríguez —nuestra mini Delcy Rodríguez— salió a denunciar una supuesta red de corrupción interna con más de 20 funcionarios involucrados actuando por intereses propios. Señaló directamente a Carlos Carrillo, a quien acusa de espionaje y presiones; a Juliana Guerrero, como pieza clave de la red, y a Raúl Moreno, vinculado a conspiraciones internas. Nuestra mini delcy entregó 5 chats reveladores a la Fiscalía: se habló de comisiones, el caballo de Troya y hasta “50 grandes”

En un gobierno que se vendió como el llamado al "cambio", nada cambia. Los petristas como Maria Jose Pizarro dicen que en un gobierno de ellos, no existiran las Angie Rodriguez o los Carlos Ramon, como si este gobierno fuera del chapulin colorado. Hoy el petrismo tiene muchos imputados, otros huyendo como Carlos Ramón González, algunos presos y, entre los que quedan sueltos, se despedazan con declaraciones escandalosas, demostrando el "excelente" ambiente laboral que los rodea.

La herencia del espanto: votar con la cabeza en el barranco

En nuestro país, las elecciones han estado marcadas siempre por el miedo: el temor a las FARC, el temor a Uribe, el temor a Petro, y el temo...