miércoles, junio 10, 2026

Jugadas Desesperadas: El Naufragio y las Piruetas Constitucionales del Petrismo

En el petrismo siguen confundidos. La derrota con Abelardo en la primera vuelta los ha dejado aturdidos; no han podido salir de esa sacudida. Hay damnificados evidentes, como María José Pizarro, a quien ya no se le ve al lado de Iván Cepeda en las tarimas. La senadora Pizarro ejercía un cargo que no requería trabajo: era la jefe de debate de un candidato que se negó a debatir.

Pero hablando de jugadas desesperadas, el petrismo lo tiene que intentar todo: desde entutelar el uso de la camiseta de Colombia por parte de los que no quieren a Petro —o un gobierno petrista cuatro años más—, hasta entutelar la frase "Firmes por la patria", que tan adictiva se ha vuelto para los colombianos (desde los niños hasta los abuelitos la repiten). Y es que a la campaña de Iván Cepeda todo le ha salido mal: desde no reconocer los resultados de la primera vuelta en cabeza de Petro y el candidato, no ir a los debates y pelear por lo que no es —como la camiseta de Colombia y su uso—, hasta salir en estos días a enseñar a chasquear los dedos como señal para pedir plata para lo que sigue.

Lo más reciente que se suma a su cúmulo de cagadas es la emisión de un acto de suspensión del presidente Petro por parte de una representante a la Cámara petrista, exesposa de Roy Barreras y miembro activo de su movimiento. Una jugada que puede ir en dos vías: victimizar a Petro —como tanto le gusta— para salir a las calles a incendiar el país, o permitir que en estas dos semanas que quedan de campaña toda la andanada del Estado Petro pueda promover la elección de su elegido, a quien cada día se le nota más incómodo, tratado como un títere de Petro. Sí, exactamente lo que tanto le criticaron en su momento a Iván Duque con Álvaro Uribe.

La congresista del Pacto Histórico, Gloria Arizabaleta, quien forma parte de la Comisión de Acusación, señaló que sí tiene competencia para suspender al presidente. Todo lo contrario a lo que dice la ley. Pero ellos, en su petrismo y de forma desesperada, necesitan figurar en estos días. La exesposa de Roy anunció que, en su calidad de investigadora del jefe de Estado en sus diez procesos disciplinarios por supuesta intervención en política, enviará el auto oficial al presidente del Senado, Lidio García, donde oficializará su decisión de suspender al jefe de Estado. Según la información conocida, Arizabaleta fundamentó el auto en el artículo 217 de la Ley 1952 de 2019. La representante investigadora concluyó que se cumplen los requisitos establecidos para ordenar una suspensión provisional durante una investigación disciplinaria.


Hay que recordarle a los petristas —que buscan maneras desesperadas de figurar y victimizar a Gustavo— que la Comisión de Acusaciones tiene funciones de investigación e instrucción, pero no de suspensión o destitución directa del presidente. El artículo 178 de la Constitución establece que la Cámara, previa actuación de la Comisión de Acusaciones, puede acusar al presidente ante el Senado. Es decir, la Comisión investiga y recomienda, pero no juzga ni sanciona. Asimismo, el artículo 174 dispone que corresponde al Senado conocer de las acusaciones formuladas contra el mandatario.

De acuerdo con el diseño constitucional colombiano, una eventual suspensión del presidente solo podría producirse dentro del trámite constitucional ante el Congreso en pleno, y no por la decisión individual de una representante o del presidente de la Comisión de Acusaciones. Diversos constitucionalistas y dirigentes políticos han señalado recientemente que solo el Senado en pleno podría adoptar una medida de esa naturaleza. La Constitución colombiana no autoriza a un representante individual a suspender al presidente de la República. La Comisión investiga; la Cámara acusa; y el Senado conoce y decide en los juicios políticos correspondientes.

Eso lo conoce Petro, lo conoce Roy Barreras y lo conocen los estudiantes de derecho petristas. Pero saben perfectamente que es una jugada para llevar al límite la Constitución, tensionar el ordenamiento y movilizar personas en las calles en contra del "fascismo" —como ellos lo llaman— o a favor del petrismo —como realmente es—. Saben que están perdiendo y que el país los rechaza; por eso acuden a jugadas desesperadas. Claro que, como todo en esta campaña, esta pirueta también les ha salido mal.




El dilema del "vice" entre la técnica y el discurso ancestral

En Colombia, el vicepresidente de la República tiene como función principal reemplazar al presidente cuando este falte de manera temporal o definitiva. Por eso se suele decir que el "vice" es una figura de sucesión presidencial y apoyo al Gobierno, cuyo nivel real de influencia depende exclusivamente de las responsabilidades que le asigne el mandatario de turno. Ya entrados en esta etapa crucial de las elecciones presidenciales de 2026, vale la pena analizar lo que quedó en el panorama: los dos candidatos que suplirían al presidente en caso de una falta absoluta. La pregunta que usted debe hacerse es: ¿con quién se sentiría mejor a la hora de que esa persona tome las riendas del país?. 

Por un lado, la fórmula de Abelardo de la Espriella es José Manuel Restrepo, un economista de la Universidad del Rosario, especialista en finanzas privadas, con maestría en Economía de la London School of Economics y doctorado en Administración de la University of Bath. Ha sido rector de varias instituciones de educación superior —como el CESA, Uniempresarial, la Universidad del Rosario (en cargos directivos) y la Universidad EIA de Medellín—. Es, probablemente, uno de los economistas colombianos con mayor experiencia simultánea en la academia y el sector público. Sus seguidores destacan su rigurosa preparación académica, su conocimiento técnico de la economía, su experiencia administrativa, su capacidad para dialogar con empresarios y universidades, y un perfil moderado frente a la asfixiante polarización política. Sin embargo, sus críticos no le perdonan haber pertenecido al gobierno de Iván Duque, haber apoyado reformas tributarias impopulares y mantener una estrecha cercanía con los sectores empresariales y económicos tradicionales.

En la otra orilla se encuentra Aída Quilcué, lideresa indígena del pueblo Nasa, nacida en Páez (Cauca) y reconocida por su trabajo en defensa de los derechos de las comunidades originarias y los derechos humanos. Actualmente es senadora y compite como formula de Iván Cepeda en la baraja del Pacto Histórico. Comenzó como promotora de salud en las comunidades indígenas del Cauca en los años noventa, fue una de las principales dirigentes del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y la primera mujer en liderarlo. Participó activamente en la llamada "Minga Indígena", en movilizaciones sociales por derechos territoriales y contribuyó a la inclusión del capítulo étnico en el Acuerdo de Paz de 2016. Recibió, además, el Premio Nacional de Derechos Humanos en 2021.

No obstante, uno de los temas más comentados en el debate público es su falta de formación universitaria formal; diversas fuentes indican que cursó estudios hasta noveno grado. Cuando se le confronta en los medios, Quilcué suele responder con una serie de términos acuñados en su propio diccionario del cual parece no salir. Carece de respuestas concretas: solo habla de "viejitos", "madre tierra", "la vida", "territorios" y "sabiduría ancestral", entre otros tópicos. En la práctica, es una oratoria que no aterriza en nada concreto; un personaje peligrosamente similar al de "los nadie" que terminó montada en helicóptero y "viviendo sabroso", pero que poco o nada hizo por las negritudes, las minorías o por el país en general.

La senadora indígena, siempre que responde, incorpora un preámbulo retórico que no guarda relación alguna con la pregunta formulada. Jamás explica qué piensa hacer como vicepresidenta, más allá de la promesa de "vivir sabroso". En cuanto a su comunicación no verbal, Quilcué delata su incomodidad moviendo los ojos de forma errática ante los cuestionamientos; un lenguaje corporal que demuestra nerviosismo y una evidente falta de preparación para ejercer un cargo de tan alto nivel.  

En conclusión, los contrastes son brutales. José Manuel Restrepo es un economista y académico de élite, con amplia experiencia en la educación superior y en el manejo económico del Estado, admirado por su preparación técnica y cuestionado principalmente por su participación en el gobierno de Duque y sus posturas de corte liberal-conservador. Aída Quilcué es una de las líderes indígenas más influyentes, admirada por su trayectoria social, pero cuestionada con severidad por sus posiciones ideológicas, su cercanía al movimiento indígena organizado y la absoluta ausencia de formación académica. 

Pase lo que pase, uno de los dos acompañará al próximo presidente de Colombia desde el 7 de agosto de este año hasta el 2030. Depende de cada colombiano saber escoger y evaluar fríamente a quién le entregaría las llaves de la empresa en caso de que el gerente principal no pueda asumir sus funciones.

viernes, junio 05, 2026

Mondá pidieron, mondá llevaron: El veredicto de un platanal harto

De las tantas cosas que reprocho y me patean de este gobierno de izquierda en Colombia, es su sobradez, prepotencia y radicalización en su trinchera ideológica, desde donde han hecho lo que han querido con este país. Ejemplos sobran: dejar morir el sistema de salud con las intervenciones a las EPS más grandes del país, el famoso "shú, shú, shú" que predicaba Petro, y los bodegueros pagados con dineros del Estado que utilizan para su publicidad y adoctrinamiento. En esa soberbia y prepotencia, hace unas semanas en su campaña se escuchaba un grito sonoro: "¡Solo Iván Cepeda en esta mondá!". Y como al que no quiere caldo le dan dos tazas, Colombia, el pasado 31 de mayo, le dio mondá. Mondá pidieron, mondá llevaron.

Más del 59% de los colombianos no queremos que un gobierno de izquierda continúe al frente de este país. La sola amenaza de imponer una constituyente —la cual habían jurado y negado en mármol que harían— ya es, de por sí, un motivo mayor para no darles el voto. A lo que recurren ahora es a congelar la recolección de firmas por temas electorales y ver qué pasa. Lo que muchos tenemos por seguro es que van a incendiar el país el 22 de junio; el llamado lo hace el mismo Gustavo Petro, presidente de este platanal. Para los petristas, ese 59% de colombianos es bruto e ignorante porque no votaron por el «elegido», ese que solo lee discursos y no es capaz de ir a debates... ¡Válgame Dios!

Muchos no queremos más que RTVC, el sistema de televisión pública del país, siga siendo manejado como hasta hoy por Hollman Morris; un canal que se ha vuelto el Telesur de Colombia, con publicidad electoral a favor de Cepeda de forma descarada, donde los bodegueros posan de panelistas o periodistas, y la camorra y la lambonería están a la orden del día. Hace unos días, el ministro de Trabajo, Antonio Sanguino, salía diciendo: «¡Solo constituyente en esta mondá! Póngale la firma para que en Colombia las promesas y los derechos no queden en letra muerta»... Mondá pidieron, mondá llevaron.

Llenan plazas con buses que traen de pueblos cercanos a Barranquilla, recorren el país con la misma minga indígena que ha escuchado los discursos de Cepeda mil veces, y colocaron de segunda en el tarjetón a una persona que no terminó sus estudios, que no tiene ninguna profesión y que, por lo tanto, critica a quienes sí lo hemos hecho, tildando de ladrones a los que estudian porque, según ella, lo han hecho para robarse el país. No queremos la fracasada "paz total", que solo ha logrado el incremento de la presencia de grupos armados en muchos territorios, principalmente donde barrió Iván Cepeda.



A pocos meses de terminar el gobierno, se reportaba que habían pasado 65 ministros por las diferentes carteras del gobierno Petro; todo un récord para quien se atrincheró en la izquierda. Un mandatario que defiende a personas como Juliana Guerrero, que compra títulos universitarios para ejercer un cargo público, o que es capaz de decir que el "castigo" de Laura Sarabia fue ser enviada a la embajada de Colombia en el Reino Unido.

"La niña está triste" es una frase que le queda bien a los petristas que tanto criticaron y quemaron el centro. Hablaron tanto de Fajardo que hoy es imposible que las personas que creemos en él podamos votar por Cepeda. Este gobierno ha hecho lo que ha querido en este país; las leyes no le interesan. La prueba de ello es haberse pasado por la faja las normas electorales y tener funcionarios que intervienen abiertamente en política sin mayor reparo. El susto les da para decir que suelten a la bestia Benedetti, el de los 15 mil millones en campaña o que rescaten a Roy para que los ayude, esos personajes son una bomba molotov en elecciones.

Mondá pidieron, mondá están llevando, a ver si se bajan de esa nube. Pero, de seguro, lo que vendrá será represión, gente en las calles y bloqueos de parte de los petristas y las primeras líneas, que para eso sí sirven: para bloquear al país, no para producir.

lunes, junio 01, 2026

Y acá vamos de nuevo

Han pasado las elecciones presidenciales en su primer peaje: la primera vuelta. Una jornada con resultados que pueden parecer inesperados para algunos, debido a las expectativas de que Cepeda —el candidato del gobierno— ganara en primera vuelta, y a que finalmente el antigobierno, Abelardo de la Espriella, se llevara esta primera victoria.

Llegamos de nuevo al péndulo de los extremos; a movernos entre dos malas opciones de país, dos visiones tan contradictorias como perjudiciales por lo que representan. En sus modelos solo caben quienes piensan como ellos. Por un lado, Cepeda y una izquierda que se radicalizó con Petro en cuatro años; un personaje que solo gobernó por redes sociales y que se dedicó a descalificar a todos los que no lo acompañaran, hablando mal de instituciones como el Consejo de Estado, la Corte Suprema de Justicia, el Congreso y otros tantos. Demostró un total desprecio por el sistema de Estado que nos rige, a tal punto de querer acabarlas, tal y como lo decía Cepeda en sus discursos.

Por el otro lado está Abelardo de la Espriella, quien ha sabido capitalizar el sentimiento del "Fuera Petro" con una campaña sumamente showman y un plan de gobierno en el que habla de destripar a la extrema izquierda, lo cual tampoco es conveniente para este país. Es el reflejo de un país que no entiende de razones, o que no es capaz de ver más allá de encasillarse en si estás en contra de Uribe o de Petro. Un Uribe que pasará a la historia como el gran perdedor de estas elecciones, ya que no fue quien logró movilizar votantes hacia su candidata, la gran derrotada de la jornada de ayer.


Petro se lanzó con todos los recursos del Estado porque entendía que estaba perdido contra Abelardo. Así fue como se vino a la costa con toda su artillería a movilizar buses de pueblos en el Atlántico para hacer ver un apoyo fuerte en Barranquilla. Sin embargo, aunque Cepeda ganó en la ciudad, la diferencia fue mínima: poco más de 8 mil votos en una ciudad que hace cuatro años le había dado más de 100 mil votos de diferencia sobre Fico Gutiérrez, el segundo en esa ocasión.

Cepeda y sus seguidores, haciendo alarde de prepotencia y radicalismo durante esta primera vuelta, se ufanaban de gritar "solo Cepeda en esta monda"; y ya desde el otro extremo les respondieron: "monda pidieron, monda llevaron". Dos malos mundos llenos de irrespeto. Esa misma prepotencia de Cepeda, con la cual nunca quiso ir a debatir sabiendo que Sergio Fajardo lo desarmaba en dos segundos, o ese radicalismo de colocar a una indígena como su candidata vicepresidencial —esa misma senadora que dice en sus discursos que la gente estudiada es la que ha robado a Colombia, y que ella, por no haber terminado la primaria, era la mejor opción para no robar—. Como si en el Pacto Histórico no estuvieran los Olmedo López, o Carlos Ramón González y Bonilla.

La prepotencia de Cepeda de no ir a debates cuando se creía ganador, hoy seguro la aprovechará Abelardo. Esa campaña de Cepeda le mostró el camino antidemócrata a los demás, en una contienda electoral en la que todas las reglas posibles se rompieron por parte del gobierno, al punto de no aceptar los resultados porque no le favorecieron. Más del 59% del país le dijo "Fuera Petro", como gritan en los estadios muchos colombianos que no quieren un país radicalizado a la izquierda; muchos colombianos que ven cómo se perdió la oportunidad verdadera de cambiar a Colombia.

Y aquí vamos de nuevo: el país a elegir entre los dos extremos, dos modelos peligrosos por su radicalismo. Petro ya demostró que no gobierna para Colombia sino para su sector de izquierda; olvidó las regiones y todo aquello que no comulgara con su proyecto. Abelardo, en su discurso, menciona destripar a la izquierda. Qué peligro estar en este punto, qué dolor de estómago tener que elegir entre el SIDA y el CÁNCER. Eso es Colombia, pero ya vamos de nuevo, como en los últimos años.


viernes, mayo 29, 2026

La herencia del espanto: votar con la cabeza en el barranco

En nuestro país, las elecciones han estado marcadas siempre por el miedo: el temor a las FARC, el temor a Uribe, el temor a Petro, y el temor a la extrema derecha representada en Abelardo de la Espriella. Al tomar una decisión con miedo, pensamos más en “evitar perder” que en “ganar”; vemos más riesgos que oportunidades, tendemos a actuar a la defensiva y, muchas veces, terminamos eligiendo lo que da tranquilidad inmediata, no lo que realmente queremos. El problema aparece cuando el miedo exagera escenarios, paraliza o hace que decidamos solo por pura ansiedad.

Este domingo, lo que se juega en el país va más allá del miedo. Significa no ceder ante un falso cambio; significa el destino de lo que se ha construido en un país que, aunque imperfecto, aún es maravilloso para vivir. Quienes se montan en el gobierno con el falso discurso del cambio y de reivindicar acciones sociales terminan como todo político del montón y caudillista: entregados al poder y consagrados como los nuevos millonarios. Los casos ya los hemos visto en Santa Marta con el experimento de Carlos Caicedo y su clan; después de doce años, la ciudad sigue igual o peor que antes del caicedismo, con nuevos ricos montados en camionetas, rogando por los pesos que les da el hecho de ser simples lavaperros.

Petro entiende que su candidato no la tiene fácil. Por eso, ha hecho lo que ningún otro presidente se había atrevido a hacer: ha injerido directamente en las elecciones mediante sus redes sociales. Fue a la Costa Caribe descaradamente una semana antes y, en cada ciudad, se refirió a su candidato mientras despotricaba del rival de turno. Petro ve cómo el fenómeno del outsider Abelardo está captando la atención ante un posible segundo gobierno de izquierda —quizás más radical, pero que puede resultar más ordenado que el de Petro—, con un Cepeda que nunca imaginó ser presidente, hasta que a Uribe se le ocurrió denunciarlo y se le volteó la arepa en la Corte Suprema de Justicia. Podríamos decir que Uribe es el mayor elector de los últimos 24 años en el país, siempre colocando presidente, como pasó con Santos, con Duque, con el mismo Petro y, ahora, operando para que no sea Iván Cepeda.

Lo que está en juego es la Constitución, la carta que rige el modelo de país en el que vivimos. No es un buen momento para pensar en reformas en un país dividido y polarizado, donde no existen los consensos. Una Constitución que la izquierda quiere hacer a su medida —quizás para implementar un modelo comunista o, como lo llaman en el siglo XXI, el "modelo progresista"— puede dar al traste con todo un país. En Venezuela lo vivieron, y nosotros en Colombia podemos estar caminando el mismo sendero que los venezolanos recorrieron con un mitómano como Chávez, quien tiene mucho parecido a Petro: puro show.


Este domingo no deberíamos elegir entre el miedo a seguir el camino de Venezuela escogiendo a Abelardo, o el miedo a tener a un personaje apolítico que ha sido un showman en campaña, quien dice odiar el comunismo y ser el Milei o el Bukele colombiano. Este domingo deberíamos elegir con sensatez, definiendo a quién seríamos capaces de entregarle nuestra casa para que la administre; alguien que haya demostrado capacidad de gestión y liderazgo. Por eso, mi voto nuevamente será por el mejor candidato, aunque para muchos no sea el ganador. Para mí, Sergio Fajardo es la persona que este país necesita para dejar de lado la polarización y cambiar el territorio desde su estructura. Un cambio serio y seguro por el que volveré a votar por tercera vez consecutiva, aunque pareciera que el país camina derechito hacia el barranco entre Cepeda y Abelardo.


miércoles, mayo 27, 2026

El pacto de la ética movible

En la recta final de las elecciones en primera vuelta para presidente en Colombia, el país se apresta a elegir al sucesor de un gobierno que se dedicó a hacer exactamente lo que tanto criticó a los demás. El menú incluye la mayor estratagema de corrupción reciente, protagonizada por personajes de la calaña de Olmedo López, Luis Fernando Velasco, el exministro Ricardo Bonilla, Carlos Ramón González (hoy prófugo de la justicia refugiado en Nicaragua) y Sandra Ortiz. A este club se le sumaron luego los cuestionados Jorge Iván Ospina y el imputado Daniel Quintero. Todo un cartel digno de un "pacto histórico", pero de hampones.

No se puede ser un buen gobernante cuando el entonces candidato y hoy presidente de la república hablaba en su círculo cercano de "mover la línea ética". Correrla, acomodarla, tal y como lo hace hoy con su candidato Iván Cepeda, interviniendo descaradamente en política todos los días. Esto incluye el cinismo de ver a su elegido electoral mover esa misma línea ética sin pudor, organizando eventos masivos a una semana de las elecciones y pretendiendo normalizar de forma literal lo que nunca se ha hecho o simplemente está prohibido por ley. Pero claro, para él sí se puede. Estamos ante un candidato que, además, se niega sistemáticamente a debatir sus propuestas, nocivas como modelo de país.

Ese mismo candidato recibe con descaro a quienes son imputados por la justicia, aplicando la vieja máxima atribuida a Álvaro Uribe: que voten los proyectos mientras no estén en la cárcel. Así es como recibe con los brazos abiertos a Carlos Caicedo, investigado y acusado en varios procesos relacionados con presuntas irregularidades en la contratación pública durante su etapa como alcalde de Santa Marta y gobernador del Magdalena. El exgobernador ya ha sido imputado, acusado formalmente y llamado a juicio en distintos procesos. Caicedo es recibido en medio de una rueda de prensa donde balbucean sobre un supuesto "acuerdo programático"; una salida digna que busca el exgobernador ante su fracasada intención de ser presidente. Un personaje que, seamos claros, no tiene los votos en estas elecciones ni para lograr la reposición de dinero que la ley otorga a quienes alcancen el umbral del 3% de la votación válida total.


En las huestes de Iván Cepeda hay de todo. Ahí figura el senador Antonio Correa, quien fue secretario de Salud en Magangué durante la administración de Jorge Luis Alfonso López, alias “El Gatico” (hijo de la empresaria del chance Enilce López). La Corte Suprema llamó a Correa a juicio por presuntos hechos de corrupción relacionados con contratos y supuestas coimas en convenios interadministrativos en Bolívar y Córdoba. Correa pertenece al Partido de la U, pero ha sido un férreo impulsor y ferviente apoyo del gobierno de Petro. Nada raro en nuestra fauna política.

La periodista Juanita Gómez lo resumió perfectamente: lo de Petro con Cepeda no es una simple campaña presidencial. Parece una estrategia paso a paso para quedarse con el poder, desacreditar las reglas de juego y empujar al país a una peligrosa normalización del abuso político.

jueves, mayo 21, 2026

Por hechos y hoja de vida: Mi voto contra el cáncer y el SIDA de la política en Colombia

Imagínese tener que elegir entre el sida y el cáncer; entre dos males que se confrontan diariamente, se necesitan mutuamente para vivir y son en estos momentos los punteros en las encuestas. La discusión en Colombia sigue atrapada en el bucle de Uribe y Petro. En estos días, la pelea fue por un mural al frente de la casa de Uribe que le recordaba los 6.402 falsos positivos ocurridos durante su gobierno. Qué mamera y qué cansancio la disputa eterna entre estos dos tumores políticos.

Cuando pareciera que no hay más remedio que seguir la corriente e ir a donde va la gente, terminando como siempre en que el "voto útil" defina la elección presidencial, es bueno y necesario recordar que no todo está perdido. Hay opciones sensatas y con verdadera preparación para gobernar; personas que ya lo han hecho y lo saben hacer. Por eso, mi voto en esta elección del 31 de mayo será, por tercera vez, por Sergio Fajardo: un doctor en matemáticas, calificado en su momento como el mejor alcalde y el mejor gobernador del país, docente en diferentes universidades del mundo, una persona que habla inglés perfectamente y que sería un digno representante de este país, lejos de los extremos radicales de Abelardo de la Espriella o de Iván Cepeda.

Fajardo es matemático de la Universidad de los Andes, con maestría y doctorado (PhD) en la Universidad de Wisconsin-Madison. Durante su alcaldía en Medellín (2004-2007), uno de sus principales hitos fue la transformación urbana y social de la ciudad, donde impulsó parques-bibliotecas y colegios, logró una reducción importante de la violencia y realizó la más alta inversión en educación y cultura ciudadana. Como gobernador de Antioquia (2012-2015), fortaleció los programas educativos, promovió la infraestructura regional y mantuvo una narrativa de transparencia. Esa es una gestión hecha realidad, completamente distante de los discursos demagogos del gobierno actual de Petro.


Fajardo ha defendido durante años una premisa clara: “La educación es el camino para transformar a Colombia”. Esa misma educación de la que carece el país y que lleva a muchos a irrespetar la propiedad privada, incluyendo al mismo presidente Petro, quien desconoce la ley al afirmar de forma absurda que las fachadas de las casas son propiedad pública. Una muestra más de cómo contradicen la Constitución Política, esa que tanto quieren cambiar para perpetuarse en el poder y montar un modelo de gobierno fracasado como el de Venezuela.

A lo largo de los años, Fajardo ha mantenido una imagen de honestidad, alejado de las maquinarias tradicionales. Es una figura moderada, técnica y con un discurso anticorrupción respaldado por hechos. Cuenta con experiencia ejecutiva real, a diferencia de esos candidatos que solo han sido congresistas, figuras mediáticas o abogados de Twitter. Él ya manejó presupuestos públicos gigantescos y lideró equipos complejos. Sabe gobernar.

Es hora de que el país se pellizque y cambie el libreto confrontacional entre el petrismo y el uribismo, dos corrientes destructivas que solo le hacen daño a Colombia. El 31 de mayo, mi voto va nuevamente a la fija. Mi voto es por Fajardo.

Jugadas Desesperadas: El Naufragio y las Piruetas Constitucionales del Petrismo

En el petrismo siguen confundidos. La derrota con Abelardo en la primera vuelta los ha dejado aturdidos; no han podido salir de esa sacudida...