El llamado Pacto Histórico no reconoce el gobierno de Abelardo de la Espriella; sin embargo, Iván Cepeda se posesiona como senador gracias a su condición de perdedor de las elecciones presidenciales, y esta semana, acogiéndose al mismo estatuto de la oposición, realizaron su primera alocución como partido opositor al gobierno legítimo de De la Espriella.
En ese espacio de aproximadamente 20 minutos, Petro y Cepeda volvieron a lo que mejor saben hacer: criticar. Tuvieron cuatro años para construir, pero resulta una tarea imposible para un megalómano como Petro, quien no construye ni es capaz de mantener un hogar, mucho menos de conducir una nación. Con una profunda amnesia selectiva, no reconocen al Gobierno, pero salen a exigir, con lista de peticiones en mano, lo que jamás hicieron por el país. Tienen la fórmula para arreglar a Colombia en dos días, aunque cuando gobernaron parece que se les olvidó la receta. Piden hoy los resultados que nunca supieron dar. El nivel de descaro y cinismo es, verdaderamente, digno de admirar.
Petro y Cepeda sostuvieron que la respuesta del nuevo Gobierno ha sido insuficiente y desorganizada frente a la magnitud de la tragedia. Cuestionaron especialmente la atención a los damnificados y la capacidad del Estado para coordinar la reconstrucción. Petro no menciona que es un gobierno con apenas tres días de mandato que apenas se está estructurando y tratando de organizar el desastre que dejaron cuatro años de desgobierno. Incapaz de asumir su propia inoperancia frente a la tragedia invernal que azotó al país entre 2022 y 2023 —probablemente la primera gran emergencia de su administración—, Petro olvida que las lluvias afectaron a buena parte del territorio y que su Gobierno declaró el desastre nacional.
Fue allí donde emergió uno de los mayores escándalos de su gestión: la UNGRD terminó envuelta en la trama de corrupción de los carrotanques de La Guajira y, posteriormente, en el cuestionado manejo de los recursos de emergencia. El propio Petro reconoció errores y puso a Carlos Carrillo al frente de la entidad tras enfrentar múltiples temporadas de lluvias, inundaciones y deslizamientos. Aunque la UNGRD reportó en 2023 un total de 174 calamidades públicas y más de $1,35 billones en asistencia humanitaria, el problema de fondo no fue la capacidad de reacción ante cada evento, sino la nefasta gestión de los recursos y la incapacidad de ejecutar soluciones reales debido a la crisis de la UNGRD.
Petro y Cepeda intentaron mostrar en su alocución que su sector político sí está comprometido con las víctimas y que, desde la oposición, continuará acompañando a las regiones afectadas. También cuestionaron decisiones concretas del Ejecutivo; entre ellas, Petro criticó que el hospital flotante Benkos Biohó no estuviera siendo utilizado en la emergencia. La ministra de Salud respondió que la administración anterior no había dejado contratos vigentes para su operación, omisión que Petro prefirió callar: su propio gobierno dejó desfinanciado y fuera de servicio el buque Biohó desde hace dos meses.
Petro y Cepeda intentan construir el relato de que el nuevo Gobierno maneja mal la crisis, mientras ellos, desde la oposición, se presentan como la alternativa que defiende a las víctimas. Para Petro, un hombre habituado a vivir en la confrontación y la crítica, esta fue una de sus primeras intervenciones nacionales como líder opositor frente a la nueva administración. La intervención junto a Cepeda no fue una respuesta técnica al discurso presidencial; sirvió para trazar la línea política del Pacto Histórico durante los próximos años.
La oposición aprovechó la tragedia del terremoto para cuestionar la gestión de De la Espriella, proponer una reforma tributaria con la que financiar la reconstrucción y, al mismo tiempo, posicionar a Petro y Cepeda como los principales caudillos de la causa opositora. Lanzan patadas de ahogado apelando a lo que mejor conocen y saben que funciona: alimentar el odio visceral para que la gente actúe con el hígado y no con la cabeza, tal como lo señaló el asesor y estratega de Abelardo en campaña: en Colombia la gente no elige ideas, vive de emociones. Y no es que no se pueda criticar, como alguien por ahi me dijo, es que el que carece de autoridad moral y tiene rabo de paja, a la candela no se acerca.