Fueron cuatro años en los que el gobierno de izquierda de Gustavo Petro se dedicó a hablar de paz con los bandidos; llamó a negociar a todo lo que oliera a narcotráfico, delincuencia, guerrilla y paramilitares. Los sentó en mesas de diálogo, les dio permisos para andar libres por la calle y para transportarse custodiados por el Estado, con licencia para delinquir. "Jugaron a los congelados", en palabras del propio comisionado de paz de ese gobierno, y los delincuentes crecieron como nunca antes había ocurrido en este país. La extorsión se disparó; los delincuentes se subían a tarimas con Petro y su senadora Zuleta a gritar arengas en Medellín, en un claro desafío a las autoridades y a la población. Fueron cuatro años horribles para la seguridad de Colombia que, gracias a Dios, llegaron a su fin.
Naín Andrés Pérez Toncel, alias “Bendito Menor”, pertenecía a las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN). En abril de 2025, mediante la Resolución Ejecutiva 091, el Gobierno reconoció a varios integrantes de esa organización como participantes del espacio de conversación sociojurídico. Ese reconocimiento permitía solicitar la suspensión temporal de órdenes de captura para facilitar su participación en el proceso. El Gobierno Petro incluyó a Bendito Menor dentro del proceso de paz con las ACSN y creó un mecanismo para solicitar la suspensión temporal de las órdenes de captura de los negociadores.
En abril de 2026, la Oficina del Consejero Comisionado de Paz, mediante la Resolución 120 del 29 de abril, aceptó un listado de 29 integrantes del Clan del Golfo/EGC para su traslado a Zonas de Ubicación Temporal. Entre ellos estaba su máximo jefe, alias “Chiquito Malo” (Jobanis de Jesús Ávila Villadiego). El Gobierno Petro solicitó a la Fiscalía la suspensión de las órdenes de captura mientras se realizaba el traslado y permanecían vinculados al proceso. Mientras se desarrollaban esos procesos de paz, organismos como la Defensoría advertían que el Clan del Golfo seguía expandiéndose territorialmente y realizando actividades ilegales. Se le señalaba de participar en: narcotráfico, extorsión, minería ilegal, control territorial, transporte de armas y drogas y, según la Defensoría, movilidad de personas secuestradas.
Abelardo ya movió a muchos de esos presos de su zona de confort: los mandó a vivir como lo que realmente son, unos bandidos y delincuentes. A otros los mandó en bolsas blancas al séptimo infierno, a buen recaudo de quien los reciba. Hacia las 11:30 p. m. del jueves 3 de septiembre, un comando especial ingresó a la vivienda de "Bendito Menor" en Riohacha. El operativo se prolongó durante varias horas y el delincuente murió durante el enfrentamiento junto a su pareja, "La Bebecita", y dos lugartenientes.
Cuando el Estado actúa, pasan estas cosas. En un solo mes, el gobierno de De la Espriella ha hecho más en seguridad que Petro en cuatro años: un cuatrienio frustrante para los militares en el que las guerrillas del ELN y las disidencias de las FARC se fortalecieron, pero que hoy ven cómo un gobierno les aplica mano dura. Ya han caído varias fichas que osaron desafiar al Estado y seguro vendrán otras en los próximos días; no les valdrá ni siquiera esconderse en Venezuela.