miércoles, abril 22, 2026

La farsa del "No al show": El miedo de Cepeda al juicio público

Desde el mismo momento en que Iván Cepeda se consolidó como el candidato oficial del Pacto Histórico, fue muy enfático en su postura de no asistir a los debates tradicionales. Cepeda afirmó textualmente: "No voy a ir a debates... a insultarnos con otros candidatos, ni a amenazarnos, ni a denigrarnos". Para él, el formato actual de los debates en los medios de comunicación fomenta la confrontación personal en lugar de la discusión de ideas. Cepeda ha manifestado que no está dispuesto a participar en debates multitudinarios con los 14 o 15 candidatos que siguen en la contienda. Su argumento es que el debate se vuelve un "show" sin profundidad. Para el arquitecto de la fracasada "paz total", la democracia es buena cuando sigue sus reglas y cuando le conviene, pero para debatir no existe.

Cepeda, quien se ha aprovechado del aparato estatal y de las políticas populistas del gobierno Petro, no acepta que los debates se conviertan en un "juicio" al gobierno de Gustavo Petro, sino que prefiere hablar de su propia visión de futuro, la que tiene escrita en los papeles que usa en sus discursos en donde nunca falta el nombre de Álvaro Uribe Vélez. En ese orden de ideas, luego de muchos llamados, el pasado fin de semana lanzó lo que el candidato amigo de Santrich llama un reto: debatir con los candidatos de la derecha, incluyendo al candidato de la extrema Abelardo De La Espriella y de la centroderecha Paloma Valencia. Cepeda entiende claramente que el debate que le da votos es la polarización; excluir a sectores moderados para que siga hirviendo la sangre y la gente siga pensando con el páncreas o con el hígado, como se acostumbra en estos casos en el país del "Gran Colombiano" y del presidente que está en la Lista Clinton de los Estados Unidos. Nunca antes se habia visto en el país que un candidato exigiera como lo iban a cuestionar en un debate. Todo lo ha logrado el llamado progresismo.


Cepeda excluye del debate a quienes le pueden restar votos de centro que le temen a Abelardo; su intención es la polarización. Recurre siempre la izquierda a graduar un enemigo, un sparring contra quien lanzar golpes, así como lo hace el presidente Petro con el Banco de la República, a quien tilda de "enemigo del pueblo" por querer controlar sus políticas monetarias que pueden causar un problema inflacionario en el país. Si hoy que Cepeda no es presidente, excluye y dice que el centro no es relevante, nos imaginamos ya la radicalización de país en sus eventuales 4 años de gobierno.

Hace 4 años el entonces senador Cepeda se referia a Rodolfo como un carente de ideas por no asistir a debates para que lo confrontaran, en esa época todos sabiamos que carecia de la elocuencia y lavia que tiene Petro, y su forma de buscarle las entrañas a otro mal candidato que teniamos, hoy pasa lo mismo con el candidato presidencial Ivan Cepeda, carente de ideas que no sea mencionar a Uribe en sus discursos redactados y leidos.


El caso más extraño es el de un país que se hace el ciego, sordo y mudo frente a los escándalos de un gobierno que mantiene con poder a una estudiante que nunca se graduó, y que con títulos falsos quiso aparentar lo que no era. Aun cuando le descubrieron el engaño, la misma Juliana Guerrero, rebelde para Petro, sigue mandando en este gobierno; un gobierno lleno de alfiles petristas que solo sonríen ante los chistes tontos del "pequeño dictador de Temu", que amenaza con volver a subir el salario mínimo en Colombia, tal como sucede en Argentina o Venezuela, en donde el dinero no vale nada.

Mientras tanto, muchos colombianos seguiremos esperando el debate presidencial, ese en el que esperamos que los candidatos nos cuenten sus propuestas para el país; seguramente en donde Iván Cepeda no tenga más que ofrecer que el nombre de Uribe y seguir hablando de la fracasada "paz total". Ese debate es esquivo para el candidato de Petro, el que representa todo lo que está mal como líder o presidente, pero que increíblemente está al frente de las encuestas; todo gracias al poder del pueblo que no entiende el daño que le hacen las políticas populistas de quien todo lo que toca lo convierte como el Rey Midas no en oro, sino en mierda.

sábado, abril 18, 2026

Hacen paro por la salud, pero militan en la enfermedad

En estos días, el presidente Gustavo Petro parece decidido a dar la estocada final al agonizante sistema de salud colombiano. Su cínico estribillo del "shu, shu, shu" se materializa ahora en un modelo de intervención asfixiante sobre las grandes EPS y en una negativa rotunda a saldar deudas que podrían dar un respiro al sector. Petro añade a su extensa bitácora de improvisaciones técnicas —y a los crónicos desaciertos de su gestión— el nombramiento de Jorge Iván Ospina como interventor de la Nueva EPS. Esta entidad naufraga en un limbo desde hace dos años; un tiempo en el que el Gobierno ha sido incapaz de rescatarla o liquidarla, prefiriendo aferrarse a la burocracia mientras el deterioro se profundiza.

Como "cereza" de este pastel rancio, surge el nombramiento de Daniel Quintero Calle como nuevo Superintendente de Salud. En términos castizos, Petro ha decidido poner a dos ratones a cuidar el queso. La Nueva EPS no solo sobrevive en una crisis financiera severa, sino que sus indicadores se han desplomado tras la intervención estatal: los costos devoran los ingresos (121%) y el patrimonio negativo ya alcanza los –$4,4 billones. Las quejas de los usuarios se han disparado hasta un 564% en algunos territorios. La pregunta es inevitable: ¿Pretenden que solucione este desastre alguien imputado por corrupción durante su paso por la Alcaldía de Medellín?


El nuevo modelo de salud del magisterio, manejado por el FOMAG, cambió la forma de contratar servicios médicos. Pero en la práctica, los resultados han sido otros: demoras en citas, entrega tardía de medicamentos y, en algunos casos, interrupción de tratamientos. Como ya es costumbre en este gobierno, la improvisación termina pasando factura. Entre los problemas más críticos están las fallas en la contratación de clínicas y hospitales, redes de atención incompletas y un arranque desordenado del sistema. Este es, precisamente, el modelo que Petro ha planteado como piloto para una implementación a nivel nacional.

El nuevo sistema se ha convertido en una enfermedad crónica para los maestros. Lo que fue presentado como una solución ha profundizado la crisis del modelo de salud. El problema se agrava con denuncias sobre manejo de recursos, posibles irregularidades en los prestadores y múltiples investigaciones en curso. Los maestros hoy protestan porque el sistema no está funcionando en la práctica, especialmente en términos de acceso y calidad del servicio. Paradójicamente, le hacen paro al mismo gobierno que ayudaron a elegir, aunque siguen respaldando un modelo político que los mantiene en esta situación.

En este "sancocho" administrativo —cocinado entre los más de 65 viajes presidenciales al exterior—, la llegada de Quintero completa el "trío mágico" junto a Ospina y Jaramillo. Una designación puramente política, radical y de votos, carente de cualquier rigor técnico. Quintero desembarca sin experiencia en el sector, sin independencia y cargado de cuestionamientos éticos. Es la burla final de un gobierno que prometió cambio y solo ha entregado un retroceso decorado con retórica.

Mientras tanto, los maestros salen a las calles a protestar por el modelo de salud que se les impuso, pero continúan del lado del mismo gobierno, apoyando sin mayores reservas un proyecto político en el que, al parecer, quienes sí “viven sabroso” son sus líderes sindicales.

martes, abril 14, 2026

El Dictador de "TEMU": Entre el guayabo y la Constituyente

Gustavo Petro finalmente se ha graduado como un dictadorcito de izquierda, pero de TEMU. Un personaje con ínfulas de superioridad que cree que ostentar el título de presidente lo convierte en el todopoderoso de una nación. Parece que a Gustavo se le olvida, muy convenientemente, que en Colombia nos regimos por una Constitución que enmarca en tres ramas del poder la convivencia del Estado Social de Derecho. Para Petro, ser el presidente le otorga el derecho divino de pontificar sobre lo humano y lo divino: desde el pene y el clítoris hasta Shakira. Incluso le da el descaro de irse en contra del Petro de 2014, aquel que bramaba porque lo destituía una autoridad no penal, sosteniendo que solo un juez de esa categoría podía remover a funcionarios elegidos por voto popular. ¡Qué corta es la memoria cuando se tiene la banda presidencial cruzada!

Como de costumbre, sus consejos de ministros son un circo mediático. Su modo de "transmitir información" ante sus colaboradores y subalternos es la antítesis de un buen liderazgo; es, más bien, el monólogo de un capataz que se escucha solo a sí mismo. Aun así, para muchos, Petro y su verborrea siguen siendo objeto de adoración ciega, alimentada por el odio hacia Uribe. Dos "pecuecas" que le hacen un daño incalculable al país, manteniéndonos sumidos en una falsa dicotomía: o con uno o con el otro, mientras el país se hunde.

En su último consejo de ministros, Petro soltó frases que no deberían pasar inadvertidas. Ya nos ha "deleitado" con discursos sobre la Constituyente, sobre acompasar el clítoris con el cerebro, sobre sus andanzas con Linda Yepes y otras barbaridades que solo caben en su realidad paralela. Esta vez, el blanco fueron los alcaldes y gobernadores, a quienes amenazó con la cárcel si no actúan frente al impuesto predial. Según su interpretación acomodada, la Constitución le permitiría remover mandatarios locales si no responden a la crisis de la manera que él desea. Para Petro, simplemente no existe la separación de poderes ni los límites presidenciales frente a autoridades elegidas.

Además, insistió en que los sectores políticos y terratenientes están instrumentalizando las protestas campesinas, reforzando ese desgastado discurso de confrontación “élite vs. pueblo” que tanto rédito le da para dividir a la opinión pública.


El atuendo de este reciente consejo no podía ser más diciente: gorra y gafas oscuras, como si intentara ocultar la “maluquera” de un guayabo tras pasar hasta las tres de la mañana disparando mensajes en redes sociales —incluyendo montajes de IA de Trump tocando en una orquesta—. Una imagen que destila cualquier cosa menos respeto por la institución que representa.

Este país nunca imaginó el daño tan grande que se hacía eligiendo a un tipo de la calaña de Petro. Una oportunidad de cambio tirada a la basura, empañada por las mismas prácticas que tanto criticó. Ahora, su único plan de gobierno parece ser mencionar a Álvaro Uribe Vélez para justificar sus ganas de quedarse cuatro años más en el poder, buscando una Constituyente que le permita la reelección. Rodeado de personajes como Bonilla, Carlos Ramón González, Velasco, el pastor Saade y Benedetti, Petro busca consolidar a Colombia como su pequeño imperio dictatorial; ese capricho que ni siquiera su némesis, Uribe, logró concretar del todo.

sábado, abril 11, 2026

La "paz total" del progresismo: una parranda de impunidad y cinismo

Esta semana se destapó el más reciente escándalo que golpea las políticas del gobierno de Gustavo Petro, un episodio que parece confirmar que la cadena de controversias no tiene fin —o, al menos, que no disminuye con el paso del tiempo—. Todo esto luego de que, dentro de la cárcel de máxima seguridad de Itagüí, se realizara una parranda vallenata con música en vivo, la presentación de Nelson Velásquez, abundante licor, comida tipo catering y la presencia de múltiples internos y visitantes.

Lo más grave es que el evento tuvo lugar en un pabellón donde están recluidos cabecillas criminales, varios de ellos designados como “gestores de paz” por el propio Gobierno.

Petro ha logrado que su política de “paz total” se supere cada día… pero como un fracaso. Sin embargo, esto no parece indignar a un país que, inexplicablemente, estaría dispuesto a otros cuatro años del mismo rumbo. Total, es difícil que la abeja le explique a la mosca por qué la miel es mejor que la basura.

En la parranda, acompañada por Nelson Velásquez, estaban personas condenadas por delitos graves, que hoy participan en procesos de paz con el Estado. La escena, más que simbólica, resulta insultante.


Este episodio pone la lupa sobre la llamada paz total y cuestiona los beneficios otorgados a criminales convertidos en “gestores de paz”. También deja serias dudas sobre el control del Estado en las cárceles y aumenta la presión mediática sobre el Gobierno, aunque, al parecer, sin mayores consecuencias políticas para quienes aspiran a continuar este proyecto por cuatro años más.

El sucesor de Petro dentro del llamado progresismo reaccionó rechazando lo ocurrido. Afirmó que los hechos son inaceptables y que deben ser investigados y sancionados. Sin embargo, no hubo una sola palabra de responsabilidad política del Gobierno. Para Iván Cepeda, arquitecto de este modelo, la prioridad sigue siendo la defensa de la paz total. Insiste en que este escándalo no puede deslegitimar el proceso y que el diálogo con estructuras criminales sigue siendo necesario.

Para los progresistas, el problema nunca es propio, sino del sistema. Olvidan, convenientemente, que hoy el sistema son ellos.

Petro le prometió al país que íbamos a “vivir sabroso”. Hoy, quienes realmente viven sabroso son los bandidos bajo este modelo de gobierno. Viven sabroso figuras cuestionadas, aliados incómodos y políticos que, hace no mucho, eran blanco de críticas del propio petrismo. El caso de Armando Benedetti es emblemático: pasó de ser señalado a convertirse en referente, incluso con aspiraciones de poder regional. Lo que antes parecía impensable hoy se normaliza.

La parranda de los llamados gestores de paz no es un hecho aislado. Es la evidencia de quiénes están viviendo sabroso en Colombia, de cómo se ha erosionado la confianza pública y de por qué este modelo de paz, lejos de consolidarse, se percibe cada vez más como un fracaso.

martes, marzo 31, 2026

El Recetario del Naufragio: Análisis Técnico de las Promesas de Iván Cepeda

La campaña presidencial de 2026 calienta motores y, con ella, el desfile de promesas que pretenden redimir al país o, más probablemente, hundirlo definitivamente. Bajo la premisa innegociable de que el Estado colombiano es un ente obeso, derrochador y crónicamente ineficiente, es imperativo pasar por el tamiz técnico —y no solo político— las propuestas del progresismo, encarnado esta vez por Iván Cepeda Castro. No se trata de antipatía ideológica, sino de aritmética básica y realismo institucional. A continuación, diseccionamos cinco de sus propuestas estrella, verdaderas bombas de relojería para el futuro económico e institucional de Colombia.


1. La Asamblea Constituyente: Jugar a la Ruleta Rusa con las Instituciones: El programa de Cepeda no se anda con rodeos: propone una "Mesa de Diálogo Nacional" para redefinir el modelo económico y social, advirtiendo que los mecanismos de implementación podrían incluir una Asamblea Nacional Constituyente. No es una lectura entre líneas; es una amenaza directa estampada en papel.  Desde una perspectiva técnica, invocar una Constituyente es el equivalente a prenderle fuego a la casa para redecorar la sala. El impacto inmediato es la parálisis de la inversión debido a una incertidumbre jurídica absoluta. ¿Quién arriesga capital en un país que está reescribiendo sus reglas del juego fundamentales? Sumemos a esto el desorbitado costo económico de los procesos institucionales y la traumática transición burocrática. Una Constituyente se sabe cómo empieza —con promesas de utopía—, pero la historia latinoamericana reciente nos enseña dolorosamente cómo termina. Es un riesgo ALTO e innecesario que Colombia no puede permitirse.

2. Profundizar la Reforma Agraria: La Eterna Sinfonía del Voluntarismo sin Técnica. Nadie en su sano juicio se opone a que los campesinos tengan tierra; el objetivo es legítimo y necesario. El problema, como siempre con la izquierda, no es el 'qué', sino el 'cómo'. Cepeda propone mecanismos que implican una redistribución forzosa. Técnica y jurídicamente, esto es un nido de avispas: el Estado debe arrebatar la tierra a alguien que ya la ostenta, detonando conflictos legales y sociales que pueden arrastrarse por décadas.  Además, figuras como las Zonas de Reserva Campesina imponen restricciones severas sobre el uso futuro de la tierra, lo que en la práctica desincentiva la inversión de capital en el agro. La historia económica es terca: la prosperidad rural germina con propiedad segura, titularidad clara y derechos transferibles, no con repartos condicionados y restricciones colectivistas. Esta propuesta depende al 100% de un diseño técnico impecable, un 'commodity' que escasea profundamente en el progresismo, donde la improvisación es la norma. Ya lo vimos con el desastroso modelo de salud para los maestros: un fracaso técnico absoluto bajo la administración Petro que Cepeda, sin duda, replicaría en el campo.

3. Prohibir el Fracking y Asfixiar la Gran Minería: El Suicidio Fiscal Programado. 

"Transición energética" es el mantra de moda. Nadie está en contra de las energías limpias, pero en el mundo real, la velocidad y el orden importan. Cepeda insiste en la ruta del prohibicionismo. El dato técnico que parece ignorar es que hoy, los hidrocarburos financian aproximadamente el 35% del presupuesto nacional.  Nuevamente, la improvisación ideológica aplasta a la planificación económica. Prohibir el fracking y restringir la gran minería sin tener fuentes alternativas de ingresos fiscales y de exportaciones ya consolidadas es, simplemente, un suicidio económico. Esta propuesta solo es viable en el metaverso del progresismo, no en una Colombia que depende de estas rentas para no declararse en quiebra. Es otra demostración de que Cepeda y Petro habitan en un plano de la realidad donde las facturas se pagan con buenas intenciones, no con divisas.

4. Más Control Estatal en Salud: El Anhelo de Resucitar el Seguro Social:  Esta propuesta es el sueño húmedo de Petro y de toda la izquierda colombiana: el retorno al monopolio estatal de los recursos de la salud. Si bien el sistema actual tiene fallas reales que requieren corrección, la solución técnica no es vaciarlo en el Estado.  Cuando el Estado administra directamente sin competencia privada, desaparecen los incentivos de eficiencia y calidad. Una EPS privada, en teoría, compite por pacientes y tiene razones económicas para mejorar su servicio; una entidad burocrática estatal no tiene incentivos, pues el usuario está cautivo. La experiencia regional con sistemas 100% estatales se resume en: listas de espera interminables, corrupción rampante y calidad ínfima. El modelo Cepeda-Petro nos lleva directos a un nuevo Instituto de Seguros Sociales, un botín burocrático para que los políticos canjeen citas médicas por votos.

5. Continuar la "Paz Total": Negociar el Territorio con los Criminales: La narrativa de Cepeda es simple: nadie quiere la guerra. Pero la técnica de la seguridad dice otra cosa. El problema de su "Paz Total" es negociar sin exigir que los grupos armados entreguen el control territorial real. Mientras el ELN o las disidencias mantengan su presencia en los municipios, seguirán cobrando "vacunas" a campesinos y empresas, regulando quién entra o sale y controlando la economía local. Esto es, técnicamente, un impuesto ilegal que asfixia el desarrollo. La paz sostenible y la prosperidad económica requieren que el Estado —y solo el Estado— detente el monopolio de la fuerza y el control del territorio. Sin esa condición de seguridad mínima, la inversión privada jamás llegará. Este ha sido el gran fracaso de Petro, y con Iván Cepeda, el "arquitecto" de esta política al volante, ya sabemos para dónde va el país. Como dicen popularmente: de culo para el estanco.




jueves, marzo 26, 2026

La Aeronáutica del Delirio: Petro, sus Loros y la Memoria Selectiva

Se ha impuesto en el país una tónica soporífera y peligrosa: lo que dice Gustavo Petro, sus petristas lo repiten por ósmosis, sin pasar por el filtro del raciocinio. La ley del mínimo esfuerzo intelectual. Así ocurrió con el estúpido mantra de que, si le quitaban la "i" a la palabra "ilegal", esta se volvía "legal". Pura sofistería de guardería. O cuando Petro, en un acto de cinismo puro, culpó de la muerte del niño Kevin a una bicicleta, y no a la Nueva EPS, intervenida por este gobierno derrochador y populista, que negligentemente no le había entregado los medicamentos para su tratamiento.

Hoy, la nueva perorata del inquilino del palacio —quien cada vez más da muestras de un delirio preocupante— es que el avión que trágicamente se accidentó en el Putumayo era una "chatarra" que volaba por los cielos de Colombia. El mismo avión que prestaba servicio a las FF.MM. que él, supuestamente, dirige. Al hacerlo, contradice a quienes saben de aviación, incluyendo a su propio y timorato Ministro de Defensa y al Comandante de la Fuerza Aérea. Pero, ¿qué importan los datos cuando se tiene un micrófono y un ego colosal?

La vida útil de un avión como el Lockheed C-130 Hércules no se mide por la fecha de nacimiento en el calendario, sino por horas de vuelo y rigor en el mantenimiento. Están diseñados para volar aproximadamente 45.000 horas, lo que puede equivaler fácilmente a 40, 50 o incluso más de 60 años de servicio. De hecho, muchos C-130 en el mundo siguen operando tras medio siglo porque fueron hechos para durar si se mantienen bien. El avión accidentado fue fabricado en 1984; es decir, tenía alrededor de 42 años de antigüedad. Pero en horas de vuelo, llevaba poco más de 10.000, una cifra que dista mucho de ser el límite para este tipo de aeronave. En estos pájaros de acero, el mantenimiento, el reemplazo de piezas críticas y las revisiones estructurales importan más que la edad. Un C-130 vuela décadas con overhauls periódicos.

Sin embargo, el mandatario, en otro arranque de genialidad ignorante, afirmó que Colombia no debería operar aeronaves de más de 40 años. Cuestionó la calidad llamándola una especie de "regalo muy costoso y malo" (refiriéndose a equipos donados). Esto, a pesar de que al principio había ladrado que el gobierno de Iván Duque los había comprado. Tanta es la ignorancia que hoy dice que no se pueden recibir regalos viejos.

Curioso que Petro se posicione como experto en chatarras cuando, siendo alcalde de Bogotá, compró una flota de camiones de basura que literalmente resultaron siendo los desechos desechados de otras ciudades. Lo que Petro no repite —y sus loros callan— es que cuando fue alcalde se compraron compactadores usados que fallaron de inmediato en medio de la improvisación. Adquiridos a través del Acueducto de Bogotá desde EE. UU. (flota reacondicionada), por una cifra que rondó entre los $76.000 y $80.000 millones de pesos por unos 276 camiones. El cambio climático de su ego nos costó una fortuna.



Jugar con el poder es fácil, sobre todo cuando se cuenta con una nómina estatal amplia y una chequera llamada "Estado". En eso consiste el populismo: decisiones que no se logran frenar porque lo posicionan bien ante un fanatismo al que no le importan las razones. No entendemos en qué momento de estos cuatro años de desgobierno, lo que pase en el Gobierno Petro será responsabilidad de Petro, y dejará de ser culpa de Duque (quien, dicho sea de paso, es el único culpable de que este personaje de izquierda llegara al poder). Mientras tanto, Petro sigue desatado en redes con sus comentarios mordaces que hacen eco en quienes repiten, como loros amaestrados, que el avión cayó por chatarra. Lo repiten sin esperar la investigación, y omitiendo convenientemente que Petro también recibió aviones donados de EE. UU. en el mismo convenio.

viernes, marzo 20, 2026

Un país de ciegos y sordomudos

Lo que ocurre en Colombia actualmente no es nada diferente a lo que ha pasado a lo largo de más de 200 años de vida republicana: un gobierno rodeado de corruptos que pasa de escándalo en escándalo; un presidente que prometía un cambio en el país y nos devolvió al pasado, a las épocas en las que viajar por carretera era un deporte extremo, donde los bandidos mandan ante la mirada ciega de quienes deben proteger al país.

Un gobierno apoyado por nuevos clanes, como el clan Torres en el Atlántico, quienes con dinero y astucia han hecho desaparecer a los clanes Name, Cepeda y otros más. Un gobierno apoyado por Armando Benedetti, quien hoy, orondo, dice que aspira a ser el próximo alcalde de Barranquilla —Dios no lo permita jamás—, respaldado además por el arquitecto de lo que inició como una “mochila” de partidos políticos que conformaron el llamado Pacto Histórico en 2022, Roy Barreras. Un gobierno con ministros presos en cárceles, como Bonilla y Velasco; otros huyendo en Nicaragua, como es el caso de Carlos Ramón González, quienes han hecho lo mismo que tanto criticaron: comprar congresistas y sacar adelante reformas fallidas para el país.


Hoy en el país hay tal polarización que un personaje como Iván Cepeda, cuyo único mérito a destacar es haber contribuido a que Álvaro Uribe enfrentara procesos judiciales, sea quien puntea en las encuestas presidenciales. Y, del otro lado, un outsider con ínfulas de Bukele. Son ellos quienes hoy, según esas firmas encuestadoras, tienen la mayor probabilidad de ser presidente y suceder al nefasto Gustavo Petro. Un presidente que se ha peleado con todo lo que huela a institución y que gobierna vía redes sociales, como lo hacía su némesis Álvaro Uribe: dos enfermedades que padece Colombia y que muchos sufren con gusto. Incluso son capaces de vender el voto a mochileros en el Atlántico, apoyados por el delincuente y condenado Bernardo Hoyos, quien sumió a la ciudad de Barranquilla en un desastre del que, gracias a Dios, se ha podido salir.

Iván Cepeda nunca imaginó siquiera ser candidato a presidente. Su retórica no le da para hablar de algo diferente a Álvaro Uribe Vélez, las FARC o el ELN; gira siempre sobre lo mismo. Sin embargo, hoy, impulsado por las políticas populistas de este gobierno, que en cuatro años no hizo mucho —o quizá no hizo nada—, aparece como opción. Su ejecución del presupuesto estuvo siempre dirigida a engordar una nómina estatal. Para el Petro derrochón, no importa que el número de empleados públicos pasara entre 2023 y 2024 de 889.000 a 916.000, es decir, 27.000 personas más (3%). Tampoco que los contratos por prestación de servicios pasaran de 11.851 en 2022 a 18.685, un aumento cercano al 57%. Como suelen hacerlo los gobiernos de izquierda: mantener el poder mediante burocracia y contratación; de ahí su fuerza electoral.

En este país no importan los datos o los hechos. El colombiano no vive de cifras sino de momentos: vive del populismo, impregnado hace unos años por Uribe y hoy por Petro, quien se atrevió, en el último año de su gobierno, a hacer un aumento desproporcionado y sin fundamentos reales del salario mínimo. Eso sí, algo que aplaude lquienes viven del salario minimo. Total, hay más pobres que ricos, y eso la politiquería lo sabe. Saben que el colombiano es ciego y sordomudo: capaz de no mirar escándalos o las altas cifras de inseguridad; sordo para escuchar razones y mudo para decir algo frente a lo que ocurre. Eso sí, colombianos “shakiros”: ciegos, sordomudos, pero felices mientras estén “viviendo sabroso” con un salario de dos millones de pesos. ¿Qué importa la salud y cómo Petro ha dejado que el “shu, shu, shu” se la lleve por delante?


La farsa del "No al show": El miedo de Cepeda al juicio público

Desde el mismo momento en que Iván Cepeda se consolidó como el candidato oficial del Pacto Histórico, fue muy enfático en su postura de no a...