Desde el mismo momento en que Iván Cepeda se consolidó como el candidato oficial del Pacto Histórico, fue muy enfático en su postura de no asistir a los debates tradicionales. Cepeda afirmó textualmente: "No voy a ir a debates... a insultarnos con otros candidatos, ni a amenazarnos, ni a denigrarnos". Para él, el formato actual de los debates en los medios de comunicación fomenta la confrontación personal en lugar de la discusión de ideas. Cepeda ha manifestado que no está dispuesto a participar en debates multitudinarios con los 14 o 15 candidatos que siguen en la contienda. Su argumento es que el debate se vuelve un "show" sin profundidad. Para el arquitecto de la fracasada "paz total", la democracia es buena cuando sigue sus reglas y cuando le conviene, pero para debatir no existe.
Cepeda, quien se ha aprovechado del aparato estatal y de las políticas populistas del gobierno Petro, no acepta que los debates se conviertan en un "juicio" al gobierno de Gustavo Petro, sino que prefiere hablar de su propia visión de futuro, la que tiene escrita en los papeles que usa en sus discursos en donde nunca falta el nombre de Álvaro Uribe Vélez. En ese orden de ideas, luego de muchos llamados, el pasado fin de semana lanzó lo que el candidato amigo de Santrich llama un reto: debatir con los candidatos de la derecha, incluyendo al candidato de la extrema Abelardo De La Espriella y de la centroderecha Paloma Valencia. Cepeda entiende claramente que el debate que le da votos es la polarización; excluir a sectores moderados para que siga hirviendo la sangre y la gente siga pensando con el páncreas o con el hígado, como se acostumbra en estos casos en el país del "Gran Colombiano" y del presidente que está en la Lista Clinton de los Estados Unidos. Nunca antes se habia visto en el país que un candidato exigiera como lo iban a cuestionar en un debate. Todo lo ha logrado el llamado progresismo.
El caso más extraño es el de un país que se hace el ciego, sordo y mudo frente a los escándalos de un gobierno que mantiene con poder a una estudiante que nunca se graduó, y que con títulos falsos quiso aparentar lo que no era. Aun cuando le descubrieron el engaño, la misma Juliana Guerrero, rebelde para Petro, sigue mandando en este gobierno; un gobierno lleno de alfiles petristas que solo sonríen ante los chistes tontos del "pequeño dictador de Temu", que amenaza con volver a subir el salario mínimo en Colombia, tal como sucede en Argentina o Venezuela, en donde el dinero no vale nada.
Mientras tanto, muchos colombianos seguiremos esperando el debate presidencial, ese en el que esperamos que los candidatos nos cuenten sus propuestas para el país; seguramente en donde Iván Cepeda no tenga más que ofrecer que el nombre de Uribe y seguir hablando de la fracasada "paz total". Ese debate es esquivo para el candidato de Petro, el que representa todo lo que está mal como líder o presidente, pero que increíblemente está al frente de las encuestas; todo gracias al poder del pueblo que no entiende el daño que le hacen las políticas populistas de quien todo lo que toca lo convierte como el Rey Midas no en oro, sino en mierda.