Circula en redes sociales y en los corrillos políticos la intención de Gustavo Petro y su Pacto Histórico de ganar la alcaldía de Barranquilla en el año 2027. Hay que ser muy caradura para que, luego de todo el desastre que armó su gobierno en la ciudad, tenga la mínima intención de buscar llegar a la silla de la alcaldía que hace más de cuatro periodos maneja la casa Char. He de decir que nunca he votado por los Char; siempre trato de mantener el equilibrio, pero el día que Petro asome por estas tierras, tendrán en mí al mejor defensor de la causa actual que ha logrado posicionar a la ciudad a nivel mundial.
Con Petro en el gobierno nacional, Barranquilla solo tuvo fracasos, y por si no los recuerdan, acá los mencionaré:
Barranquilla perdió la oportunidad de organizar uno de los acontecimientos deportivos más importantes de la historia de la ciudad: los Juegos Panamericanos de 2027. El 3 de enero de 2024, Panam Sports retiró oficialmente a Barranquilla como sede, argumentando incumplimientos reiterados del contrato de organización. Entre las obligaciones pendientes estaba el pago de ocho millones de dólares. La pérdida fue especialmente grave porque el evento habría permitido impulsar:
La adecuación y construcción de escenarios deportivos.
La contratación de trabajadores para obras, logística y operación.
La llegada masiva de visitantes nacionales e internacionales.
Los ingresos de hoteles, restaurantes, comercios y operadores turísticos.
La proyección internacional de Barranquilla y del Atlántico.
La posibilidad de desarrollar una Villa Panamericana con viviendas que posteriormente habrían tenido otros usos urbanísticos.
Las estimaciones publicadas antes de la cancelación hablaban de miles de empleos y un importante flujo turístico. Esas cifras eran proyecciones, no beneficios garantizados, pero el gobierno dejó morir la oportunidad.
Por otra parte, durante el gobierno Petro, Cormagdalena planteó que Cotecmar diseñara y construyera una draga propia para el puerto. En 2024 se hablaba de una inversión cercana a los $365.000 millones, pero el proyecto no llegó a una fase concreta de ejecución y no quedó definida una fuente de financiación ni un cronograma definitivo.
A esto se suma la conexión vial entre Barranquilla y Ciénaga, fundamental para el transporte de pasajeros, la logística y el comercio regional. Durante este gobierno, el proyecto sufrió severos retrasos relacionados con la tramitación de licencias ambientales para avanzar en componentes clave de la obra, incluidos los viaductos destinados a enfrentar los riesgos de erosión costera. Representantes gremiales del Atlántico cuestionaron que la fase de construcción de esos componentes se hubiera demorado y que el cronograma general se extendiera insólitamente hasta 2035.
En materia habitacional, se redujo drásticamente la disponibilidad de subsidios de programas como Mi Casa Ya y se produjeron graves dificultades de financiación que afectaron al sector de vivienda de interés social. Camacol señaló que los subsidios nacionales —que habían alcanzado niveles superiores a los 100.000 anuales durante algunos años de reactivación posterior a la pandemia— descendieron a alrededor de 50.000 al año durante la gestión de Petro, sumado a la paralización temporal del programa.
La principal deuda del gobierno Petro con Barranquilla fue no convertir compromisos estratégicos en resultados oportunos. La pérdida de los Panamericanos fue el caso más contundente porque cerró de portazo la posibilidad de organizar el evento y dejó gastos asociados a la candidatura. La falta de draga propia, la demora en el desmonte del antiguo puente Pumarejo y los retrasos en la sede universitaria de Soledad representan proyectos que quedaron en promesas rotas.
En infraestructura vial y vivienda el balance es nefasto, y aunque las responsabilidades deban analizarse obra por obra, el costo político para la ciudad ya se pagó. Pretender ahora el control de la ciudad tras semejante balance es, francamente, un insulto a la memoria de los barranquilleros.







.jpeg)

