viernes, julio 24, 2026

Uribe les mostró el camino, los demás lo siguieron

En el año 2014, el entonces expresidente Álvaro Uribe Vélez, luego de sentirse traicionado por Juan Manuel Santos, montó su propio partido bajo su fotografía y el lema de un mesías viviente. Alrededor de él, logró llevar al Senado de la República a 20 personajes, muchos de ellos desconocidos, incluyendo a Honorato Henríquez en la última curul de su lista cerrada (hoy presidente del Senado). En esa lista cerrada y encabezada por Álvaro Uribe aparecían personajes como Ernesto Macías, Paloma Valencia, Iván Duque, Alfredo Rangel, Juan Carlos Vélez, José Obdulio Gaviria, Paola Holguín, Alfredo Maya y Carlos Felipe Mejía, entre otros. Muchos desconocidos con una causa en común: todos capaces de cargarle el bolso y la sombrilla a Álvaro Uribe cuando se requiere.

Uribe mostró el camino para que un caudillo pueda armar una lista cerrada, colocar su nombre e impulsarla. Petro vio la luz y se la jugó por hacer un partido de izquierda, uniendo a las fracciones de esa orilla política que tradicionalmente siempre estuvieron dispersas. En el 2022 presentó su llamado Pacto Histórico, en donde incluía en una lista cerrada a personajes como Isabel Zuleta, Roy Barreras, Pedro Flórez, Álex Flórez, María José Pizarro y al amante declarado de Petro, Gustavo Bolívar. Para el 2026, la lista fue más descarada en los nombres que llevó Petro al Senado; y ya con el poder en sus manos, para montar más de 4 millones de votos que para él y su séquito sí son legítimos cuando ganan, fueron capaces de incluir nombres como la misma Isabel Zuleta —recordada como la 'Quemona' Zuleta, la que dijo que a Fajardo ya lo habían quemado—, el youtuber Wally o la actriz porno Amaranta Hank. Incluyó en ese sancocho a Patricia Caicedo, la hermana del cuestionado exgobernador del Magdalena Carlos Caicedo; tienen en la Cámara a la influencer Lalis, y a la siempre errática Mafe Carrascal, quien quizás bajo la mirada de Petro es de esas mujeres que sí sabe acompasar su cerebro con el clítoris para lograr triunfar. Toda una mezcla de la cual no puede salir nada bueno. La senadora Zuleta dice locuras, como las que dice Petro: temas sin pruebas ni fundamentos, pero basados en lo que su líder quiere contarle al pueblo. Decir que Abelardo no se puede posesionar como presidente es, precisamente, producto de llevar personas sin preparación al Congreso, pero que son un comité de aplausos para uno u otro mal de este país.


El invento de llevar personas desconocidas o sin trayectoria lo hizo Uribe; Petro se lo copió. Con una bancada numerosa hoy día, Petro se vuelve un verdadero actor político para, en conjunto con la bancada de Uribe, frenar proyectos o lograr acuerdos, todo por ir en contra del presidente Abelardo de la Espriella. Uribe, durante el segundo mandato de Juan Manuel Santos, se dedicó a sabotear el gobierno de aquel periodo 2014-2018: fue capaz de emberracar a la gente y sacarla a votar 'NO' en el plebiscito, un capricho de Santos que le costó mucho. Con eso lograron colocar como presidente en el 2018 al desconocido asistente de clases del "profe Uribe" en Estados Unidos, por encima de quien seguía intentando llegar a la presidencia y veía cómo sabotear al gobierno era la mejor forma de alcanzar el poder. 

Uribe tenía a Carlos Felipe Mejía, el perro rabioso que gritaba locuras en el Congreso. Petro tiene a su quemona Zuleta, la que grita y destila odio, lo mejor que saben hacer. La misma que decía que 45 millones de pesos no le alcanzaban para vivir sabroso, pero que se montaba en las tarimas en Medellín con sus amigos, los gestores de paz, bandidos comprobados y excarcelados por este Gobierno.

Petro se atribuyó las marchas y el estallido social de 2021, cuando el entonces presidente Duque y su ministro Carrasquilla pretendían seguir imponiendo más impuestos a la clase media. En esa época hicieron lo que mejor saben hacer: oposición. Incendiaron el país, quemaron y cerraron calles, emberracaron a la gente, y todos les dimos la razón. El gobierno de Duque fue tan malo que el gordito Iván acabó con el uribismo en el 2022, pero el mitómano redomado de Petro lo logró revivir en el 2026. Hoy Uribe pelea la derecha con Abelardo.


Perlas:

  • Mención aparte merece la jugada del Centro Democrático con su némesis político: unirse para lograr la Presidencia del Senado. Toda una jugada y, como dicen algunos petristas, "inteligencia superior de Petro". Yo le llamo "todo vale" en política, en esa que tanto critican, pero que tanto hacen; en esa política llamada PetroUribismo... Veremos más cosas, seguro. La pelea apenas comienza.

martes, julio 21, 2026

Las abejas del pacto democrático

Tengo que decir que nunca he votado por un candidato que Álvaro Uribe haya postulado a alguna elección local, regional o nacional. Entiendo el daño que personas como él le han hecho a la democracia y al país. Uribe está en la otra orilla del mismo daño en el que está Gustavo Petro, otro personaje que creció gracias al odio y rencor que produjo el primero en una sociedad que vio cómo se asesinaban jóvenes para hacerle creer al país que le estaba ganando la guerra, o cómo compraba congresistas para comprar su reelección en el año 2006. Dos males que se necesitan para vivir, y que en la elección del presidente del Senado para el periodo 2026-2027 le demostraron al país que la política es dinámica y que no importa lo que cueste: con tal de hacer valer el poder, cuando se quiere, se puede.

Ver abrazados y gritando juntos a Rafael Nieto, del Centro Democrático, con los senadores del llamado Pacto Histórico porque Honorio Henríquez ganaba la elección de la presidencia del Senado el 20 de julio es la demostración cruel de que usted, cada vez que pelea por Petro o por Uribe, no es más que un idiota, una persona vacía de cerebro, muy emocional y poco racional, que se ve demasiado diminuto ante las circunstancias bajo las cuales el llamado Pacto Histórico, como focas y en una religión que es igual a la del uribismo, hace lo que diga su mesías.

Petro, un exguerrillero que cada vez que habla dice las locuras que le da la gana, decía en su último discurso que el país que entrega es muy diferente al que recibió, con cifras maquilladas y que convencen a su grupo político, un comité de aplausos que tiene líder en el Senado: Iván Cepeda. La fuerza política que deja de herencia cuatro años de izquierda en el poder, con todo lo que eso conlleva, cuenta con 26 senadores y 42 representantes a la Cámara, algo que para Uribe fue un verdadero banquete en su aspiración de demostrarle al nuevo presidente de Colombia que sigue siendo un mal necesario si quiere gobernar.

Uribe, quien se resiste a perder el poder y a que su partido desaparezca en la orilla de la derecha, tomó la decisión de juntarse con Petro para cimentar la presidencia de Honorio Henríquez en el Senado. El llamado Pacto Democrático resulta de mezclar a lo que nunca ha sido de centro con lo que, por historia, termina siendo un pacto con corruptos y bandidos para que se vuelvan gestores de paz.



Gustavo Petro, otro dinosaurio que no se resiste a salir o perder el poder —como lo hace Uribe—, y quien a partir del 7 de agosto se dedicará a dar órdenes a sus congresistas con la aspiración de que todo lo que este gobierno de Abelardo proponga salga mal. Porque la verdad hay que decirla: a los políticos no les interesa que el país progrese, solo les interesa progresar ellos.

Con Petro termina un gobierno que será recordado tanto por la profundidad de las reformas que intentó impulsar como por la intensa polarización política que acompañó buena parte de su mandato. Con Petro debería irse la miseria de un presidente mentiroso y poco racional. Uribe y Petro se buscaron para llenar sus ansias de poder: uno con Honorio por su "honor", y el otro solo porque su mezquindad no le permite entender que Colombia le dijo que no quería cuatro años más de su nefasto gobierno. En fin, este 20 de julio nacieron las abejas del Pacto Democrático.

sábado, julio 18, 2026

Mezquinos

La actitud de Gustavo Petro e Iván Cepeda frente a Abelardo de la Espriella refleja una postura soberanamente mezquina, pues privilegia la confrontación y la descalificación barata sobre el debate de ideas y el respeto por las instituciones. Delatan, además, un desconocimiento total de las leyes y del Estado de derecho, ese mismo del que Petro tanto se ufana en Twitter dándose golpes de pecho como el "gran demócrata" de la nación. Estamos ante la enésima pataleta antidemocrática del progresismo criollo, una izquierda que hoy rechaza los resultados validados por las instituciones competentes. Un par de mezquinos más en la fauna política colombiana.

La mezquindad es, por definición, una forma de actuar caracterizada por la pequeñez de espíritu, la falta de generosidad y la tendencia a operar con egoísmo, rencor y mala fe. En nuestra política, esta miseria humana ya se volvió paisaje. Lo vimos desde el día uno con la posesión de Petro y el ridículo capítulo de la espada de Bolívar que Iván Duque no quiso ceder; y lo vemos hoy con el berrinche en torno a la posesión de De la Espriella en una guarnición militar. Petro no cederá, preso de su bajeza de espíritu y de ese descomunal ego mesiánico. Hoy, derrotado y aferrado a una narrativa ficticia, prefiere llamar "ilegítimo" al presidente electo.

La desobediencia civil es un mecanismo legítimo de protesta en las democracias occidentales, siempre que se ejerza de forma pacífica y asumiendo las consecuencias legales. Históricamente, gigantes como Mahatma Gandhi y Martin Luther King Jr. la utilizaron para cuestionar leyes abiertamente injustas. Pero equiparar a esos próceres con Iván Cepeda es un chiste de mal gusto.


Cepeda ha anunciado con bombos y platillos que promoverá la "desobediencia civil" contra el gobierno de Abelardo de la Espriella, cuestionando su legitimidad bajo la excusa de su doble nacionalidad. Ya advirtió que no asistirá a la posesión presidencial el próximo 7 de agosto, sin importar el lugar donde se realice la ceremonia. Ratificó su cruzada pacífica combinada con el control político, las acciones judiciales y la movilización ciudadana. Eso sí, para cobrar el sueldo no tiene escrúpulos: señaló que sí se posesionará como senador y se acogerá al Estatuto de la Oposición para seguir atornillado al Congreso. Afirma que no le reconoce legitimidad política ni ética a De la Espriella, pero bien que usará las herramientas del Estado para torpedearlo. Todo un "demócrata" el pupilo de Petro.

Tengamos memoria: si la derecha hace cuatro años no hubiese reconocido la victoria de Petro, el entonces mandatario ya se habría victimizado en plazas públicas, el lugar preferido para las lágrimas de cocodrilo de quienes se autodenominan "progresistas". Son personajes profundamente antidemocráticos y enemigos de la ley, sectarios que solo creen en la justicia cuando esta les da la razón. De lo contrario, se quitan la máscara y se convierten en lo que son: dictadores de Shein y de Temu, copias baratas de la tiranía global que abunda cuando los resultados electorales no les favorecen, y cuya única salida es recurrir a la mentira sin pruebas, gritando un falso fraude electoral.

viernes, julio 10, 2026

El país de "Los Nadie" y "Los Nunca"

En este país el poder se vuelve obsesivo. Así es como Gustavo Petro, quien se hacía llamar un demócrata —siempre y cuando él fuese el ganador de las elecciones—, hoy no reconoce los resultados. Junto a su pupilo Iván Cepeda, ha diseñado una estrategia para intentar regresar al poder en cuatro años; una receta que consiste en incendiar el país, sabotear al gobierno entrante y hacer lo que esa izquierda radical mejor sabe hacer: oponerse a todo, destruir y bloquear. Son tan buenos en esa tarea que, durante sus cuatro años de mandato, ellos mismos se sabotearon, se bloquearon y se autodestruyeron entre peleas internas, chuzadas, reclamos y la exclusión de la vicepresidenta de la vida pública. Relegaron a la dueña de la frase de "los nadie" a eso: a ser nadie en este horrible gobierno que, por fortuna, termina pronto.

"Los nadie" de Petro incluían a Roy Barreras como su mejor aliado en el Congreso; a Armando Benedetti como embajador en Venezuela y luego ministro del Interior; a Laura Sarabia como su mano derecha; a Rosita Villavicencio, una activista sindical, como ministra de Relaciones Exteriores; la joven revolucinaria Juliana Guerrero que falsificó sus titulos de pregrado; al pastor Alfredo Saade como director administrativo de la Presidencia y luego embajador en Brasil; y, como cerezas del pastel, a Juan Carlos Florián como ministro de Igualdad y a Daniel Quintero como superintendente de Salud. Todo un coctel ácido y amargo de personajes que marcaron el derrotero de este destilado gobierno petrista.

Hoy, ese mismo gobierno reclama ante todos el nombramiento de los que Abelardo de la Espriella, presidente electo para el periodo 2026-2030, ha llamado "los nunca". El gobierno entrante pasa de "los nadie" a los que siempre han estado en la política. Es así como el gabinete lo conforman los políticos de siempre, tales como Mauricio Gómez, Rodrigo Lara, Elsa Noguera y Viviane Morales, entre otros. Un ramillete de personas que siempre han estado en el poder con el gobierno de turno, a excepción del gobierno Petro, que optó por subir a cargos públicos a personas sin experiencia ni estudios, pero muy afines a sus ideales y a su radicalización ideológica.

El Gadafi colombiano —o bien Gustavo Petro por sus pintas extravagantes y gafas oscuras— ha dicho que no reconoce al gobierno entrante de Abelardo. Al igual que su pupilo Iván Cepeda, llaman a la desobediencia civil, a no reconocer el resultado y, obviamente, a seguir avivando esa lucha de clases y odios que tanto encanta a la izquierda. Petro no reconoce el resultado, pero sabe bien que perdió, aunque ahora hable de supuestos algoritmos en Estados Unidos que modificaron los resultados. Me pregunto si Petro sabrá siquiera qué es un algoritmo.



"Los nadies": Expresión popularizada por el escritor uruguayo Eduardo Galeano y adoptada por Petro en su campaña de 2022 para referirse a los excluidos, ignorados y marginados. En la campaña de 2026, Cepeda y el petrismo la siguieron usando como bandera de inclusión social.

"Los nunca": El lema impulsado por Abelardo de la Espriella para representar a quienes supuestamente "nunca han gobernado o pertenecido a la clase política tradicional", vendiéndose como la alternativa a "los de siempre".

La realidad es cruda: claramente "los nadie" terminaron siendo el sector más radical y menos preparado de la izquierda, y "los nunca" de Abelardo son, paradójicamente, los mismos que antes gobernaban y que hoy han vuelto al poder. Este es el país de las narrativas, donde "los nadie" le tiran a "los nunca", olvidando convenientemente que en su gobierno de "Nadies" estuvieron personajes con un dudoso historial político, pero que ayudaron mucho a Petro en su radicalización y en lo que mejor sabe hacer: nada.

martes, julio 07, 2026

I-legitimo

Hace unos meses, el actual presidente de Colombia, Gustavo Petro, decía que para que la cocaína fuera legal solo debían quitarle la «I» a la palabra ilegal, y con eso —según el laureado Petro— todo termina y se vuelve legal la droga. Petro, un tipo que pareciera que en las noches se mete sus meques o quién sabe qué sustancias para comenzar a trinar y escribir locuras, quiere llevar al país a una guerra civil. La violencia corre por sus venas; total, es un guerrillero que se declaró en rebeldía y se alzó en armas contra el Estado.

Hoy, luego de ser el presidente del país y no reconocer los resultados de las elecciones, Petro toma el camino que vimos muchos en estos cuatro años: el de su radicalización extrema y el llamado a la lucha de clases que dio lugar a las guerrillas y a las pugnas entre conservadores y liberales hace más de sesenta años.

Gustavo Petro afirmó que no reconoce la legitimidad del gobierno entrante de Abelardo de la Espriella y sostuvo que, según él, «Abelardo no ganó las elecciones». Incluso escribió en su cuenta de X que «el presidente de Colombia, de acuerdo con la decisión de los colombianos, es Iván Cepeda». Llama ilegítimo a Abelardo y dice que el presidente es Iván Cepeda. Un caso muy parecido ocurrió en Santa Marta hace unos años, cuando Carlos Caicedo logró imponer en el tarjetón a Jorge Agudelo, quien por votación lograba ganar, pero bajo un manto de ilegalidad, dado que su inscripción se dio fuera de los tiempos de ley gracias a un juez amigo de apellido Villalba.


De esas historias que gustan en la izquierda, a la que le cuesta llegar al poder y, cuando lo hace, difícilmente lo quiere soltar. Para Petro, Colombia debe seguir su camino: el de la rebelión o desobediencia civil, como la llaman él y su pupilo Iván Cepeda. Y eso que nos querían vender que ellos eran la democracia y la institucionalidad. Un verdadero despropósito el de este gobierno que no es capaz de reconocer los resultados aun cuando ya el CNE le entregó a Abelardo de la Espriella el certificado como ganador de las elecciones. Petro, sin ninguna prueba, sale a incendiar el país —lo mejor que sabe hacer— diciendo que las elecciones las ganó Abelardo gracias a algoritmos manipulados en California. ¿Sabrá Petro qué es un algoritmo, acaso? O peor aún, ¿lo sabrán los petristas que repiten como loros?

Petro afirmó que, en su criterio, las elecciones fueron fraudulentas y que Iván Cepeda fue el verdadero ganador, por lo que insistió: «El presidente de Colombia, de acuerdo con la decisión de los colombianos, es Iván Cepeda». Posteriormente, Cepeda hizo un llamado a la «desobediencia civil pacífica» si, según él, no se garantizaban la legalidad y la transparencia del proceso de transición y de la posesión presidencial. También convocó a movilizaciones sociales. Petro, por su parte, convocó marchas para el 20 de julio y respaldó la idea de mantener la protesta social, mientras insistía en que el resultado electoral debía ser impugnado por las vías jurídicas. Van a incendiar el país, como solo ellos saben hacerlo; buscarán marchas, cerrar calles, protestas y bloquear a un país que no merece tener estos dirigentes.

Para Petro y Cepeda, la elección de Abelardo no fue legítima, aunque para las instituciones el ilegítimo sea Cepeda. Quizás, si aplicamos la lógica petrista de quitarle la «I» a la palabra, Cepeda sería el legítimo ganador del país de las maravillas, así como hace unos años Agudelo, en Santa Marta, fue el alcalde de la ciudad de hierro.

miércoles, julio 01, 2026

¡No sea tan hijueputa, Iván!

Ha ganado las elecciones presidenciales Abelardo de la Espriella, una persona que nunca había hecho política, que no vivía en Colombia y que en poco más de nueve meses logró unificar el voto en contra de Petro, de este nefasto personaje que tanto daño le hizo al país en los últimos cuatro años. La diferencia del triunfo fue de algo más de 250 mil votos, en un país dividido en dos. Una diferencia que para Petro y su pupilo Iván Cepeda no es nada, pero a la vez es mucho: significa, ni más ni menos, su salida del poder.

En estos días, un petrista famoso y que logró gran impacto con su serie Matarife (dedicada a Álvaro Uribe) salió bastante demacrado y llorando, insultando al excandidato y senador Iván Cepeda por haberlos —según el señor Daniel Mendoza— vendido. En el video, Mendoza insultaba a Cepeda diciéndole, textualmente: "no sea tan hijueputa, Iván".

Iván Cepeda se reunió con Gustavo Petro recientemente en la Casa de Nariño, quizás delineando la estrategia para su actuar durante los próximos cuatro años en el gobierno de Abelardo de la Espriella. Una estrategia sencilla a todas luces, y que no es más que marchar en las calles, oponerse a todo lo que el nuevo gobierno proponga y, claro, incendiar el país como ellos solo lo saben hacer. Cepeda, en una rueda de prensa reciente, incluso habló de "desobediencia civil" si Abelardo de la Espriella, presidente de Colombia a partir del 7 de agosto, no cumple sus exigencias.


Estas condiciones incluyen: renunciar a la ciudadanía estadounidense antes de asumir la Presidencia (Cepeda sostiene que la doble nacionalidad genera un conflicto de lealtades incompatible con el cargo, una interpretación controvertida ya que otros juristas sostienen que la Constitución no establece esa prohibición de forma expresa); aclarar sus presuntos vínculos con agencias del gobierno de Estados Unidos, en particular por actuaciones profesionales pasadas relacionadas con autoridades estadounidenses, punto sobre el cual Cepeda ha pedido explicaciones públicas; comprometerse a respetar la soberanía y la justicia colombianas, manifestando que el nuevo gobierno no actuaría subordinado a intereses extranjeros; y no promover persecuciones políticas, incluyendo garantías respecto al tratamiento del presidente saliente y de los dirigentes de la oposición. Cepeda, como perdedor, le exige al ganador. Su oposición es tan chiquita como ellos; es lo único que saben hacer y lo que han hecho durante décadas.

Ese mismo Cepeda, senador de la República, no fue capaz de pronunciarse nunca por el caso de Nicolás Petro y la financiación de la campaña; nunca dijo nada por los audios de Benedetti, el escándalo de Laura Sarabia, las chuzadas y el polígrafo a su niñera. Cepeda calló cuando se mencionaba el saqueo de la UNGRD y los carrotanques de La Guajira, los contratos y nombramientos cuestionados de familiares y allegados; nunca pronunció palabra sobre los reiterados choques con las altas cortes y otros poderes públicos, ni sobre el carrusel de ministros y la inestabilidad del gabinete, que dejó más de 69 ministros en cuatro años. Nunca mencionó o pensó en los escándalos de corrupción en varias entidades del Gobierno. Cepeda, arquitecto de la fracasada "paz total", no se declaró en desobediencia civil por las masacres que ocurrieron en las narices de Petro, quien se dedicaba a jugar al congelado con el Clan del Golfo.

Pero Iván Cepeda sí llama a la desobediencia civil porque el presidente electo no ha renunciado todavía a la ciudadanía estadounidense. Van a incendiar el país y a tratar de volverlo inviable, como ya lo mencionan en redes sociales. Es lo que saben hacer, y es lo que nosotros, los colombianos de a pie, no deberíamos permitir. ¡No sea tan hijueputa, Iván! Ayude a construir país, no a destruirlo.

miércoles, junio 24, 2026

Petrolin

Estuvimos cuatro años en las manos de un presidente mitómano, dócil con los bandidos y al que nunca le importaron las reglas o leyes del país. Finalizó su gobierno como todo un dictador de Temu, incapaz de reconocer que salió derrotado con su pupilo, aunque hizo de todo para ganar, poniéndole el Estado a disposición a un candidato; algo que hizo sin pudor alguno: fue de frente y perdió. Chiquitos ante la derrota, y solo luego de que no pudieron demostrar todo lo que hablaron del sistema electoral colombiano, dicen que aceptan su triste revés.

En su gobierno, el Clan del Golfo —con el que negociaba su comisionado de Paz, Danilo Rueda— pasó de tener 4,061 integrantes en el año 2022, a registrar cerca de 9,915 miembros en el 2025. Todo un logro para la política de «paz total», que logró el efecto inverso: en vez de desmovilizar bandidos, los hizo más fuertes gracias a las concesiones de Petro y su gobierno; concesiones que incluyeron el retiro y la purga de generales del Ejército y la Policía. Una desbordada expansión que llegó acompañada del incremento de la criminalidad en todo el país.

Al realizar un análisis psicológico de Petro, podemos identificar a una persona que suele interpretar los acontecimientos dentro de un marco de conflicto entre fuerzas antagónicas (pueblo vs. élites, soberanía vs. poderes extranjeros). Este estilo es común en líderes de orientación populista de diferentes ideologías. Sus mensajes muestran una fuerte seguridad en sus interpretaciones, incluso cuando estas son controvertidas o cuestionadas por otros actores. Esto puede reflejar una personalidad con alta convicción ideológica y poca disposición a modificar sus posiciones.



Petro, al igual que otros líderes como Donald Trump, Jair Bolsonaro o Andrés Manuel López Obrador, es capaz de cuestionar procesos electorales después de resultados desfavorables, lo cual responde más a una estrategia política y a un fuerte compromiso con su propia narrativa que a una enfermedad mental. Petro solo duró cuatro años en el poder, aunque "Petrolín" lleva 32 años en la vida pública, en la que fue elegido siete veces democráticamente. En todas esas ocasiones en las que ganó, nunca se quejó del sistema electoral.

Sin embargo, cuando pierde el poder del Estado —y pierde con la dureza con la que lo hace frente a un aparecido que no es político, que no vivía en Colombia y que llegó producto del mercadeo a la Casa de Nariño—, es incapaz de reconocer su derrota, aunque se haya esforzado hasta más no poder con todo lo que el presupuesto estatal les daba. La izquierda tuvo la mala fortuna de que el momento de gobernar llegara bajo el mando de Gustavo Petro, un exguerrillero del M-19 y exsenador de la República que intentó ser presidente tres veces hasta que, luego de un estallido social y un mal gobierno de Iván Duque, logró llegar a la Casa de Nariño.

Petro quizás no entienda que muchos colombianos no votaron por la derecha, sino en contra de lo que él hizo en cuatro años, en contra de toda su prepotencia; porque una cosa es ser oposición, escenario en donde se mueven como pez en el agua, y otra muy distinta es llegar a administrar deudas y negociar mercados. "Petrolin" tuvo sus aciertos en algunos indicadores, los cuales seleccionaba con pinzas a la hora de mostrar resultados, pero no le contaba al país el fracaso en seguridad y el miedo, la improvisación, el deterioro, la soberbia moral y el desorden que muchos sienten cuatro años después de que subiera al poder.

Álvaro Leyva acusó a Gustavo Petro de tener un problema de drogadicción en una carta pública en 2025, pero esa acusación ha sido negada por Petro y no ha sido demostrada públicamente con pruebas concluyentes. El perfil de Petro es el de un mitómano que miente con acusaciones de fraude en su red social X, tomando pantallazos de ChatGPT o de software de estudiantes de ingeniería de sistemas para embaucar a los que ciegamente van tras él. Lo mismo ocurría en épocas de Uribe Vélez con sus fanáticos uribistas, que posaban de ciegos, sordos y mudos. En eso se parecen los dos extremos: convocan fanáticos que los defienden tirándole agua sucia al otro lado para justificar su propio actuar.


Uribe les mostró el camino, los demás lo siguieron

En el año 2014, el entonces expresidente Álvaro Uribe Vélez, luego de sentirse traicionado por Juan Manuel Santos, montó su propio partido b...