Se ha impuesto en el país una tónica soporífera y peligrosa: lo que dice Gustavo Petro, sus petristas lo repiten por ósmosis, sin pasar por el filtro del raciocinio. La ley del mínimo esfuerzo intelectual. Así ocurrió con el estúpido mantra de que, si le quitaban la "i" a la palabra "ilegal", esta se volvía "legal". Pura sofistería de guardería. O cuando Petro, en un acto de cinismo puro, culpó de la muerte del niño Kevin a una bicicleta, y no a la Nueva EPS, intervenida por este gobierno derrochador y populista, que negligentemente no le había entregado los medicamentos para su tratamiento.
Hoy, la nueva perorata del inquilino del palacio —quien cada vez más da muestras de un delirio preocupante— es que el avión que trágicamente se accidentó en el Putumayo era una "chatarra" que volaba por los cielos de Colombia. El mismo avión que prestaba servicio a las FF.MM. que él, supuestamente, dirige. Al hacerlo, contradice a quienes sí saben de aviación, incluyendo a su propio y timorato Ministro de Defensa y al Comandante de la Fuerza Aérea. Pero, ¿qué importan los datos cuando se tiene un micrófono y un ego colosal?
La vida útil de un avión como el Lockheed C-130 Hércules no se mide por la fecha de nacimiento en el calendario, sino por horas de vuelo y rigor en el mantenimiento. Están diseñados para volar aproximadamente 45.000 horas, lo que puede equivaler fácilmente a 40, 50 o incluso más de 60 años de servicio. De hecho, muchos C-130 en el mundo siguen operando tras medio siglo porque fueron hechos para durar si se mantienen bien. El avión accidentado fue fabricado en 1984; es decir, tenía alrededor de 42 años de antigüedad. Pero en horas de vuelo, llevaba poco más de 10.000, una cifra que dista mucho de ser el límite para este tipo de aeronave. En estos pájaros de acero, el mantenimiento, el reemplazo de piezas críticas y las revisiones estructurales importan más que la edad. Un C-130 vuela décadas con overhauls periódicos.
Sin embargo, el mandatario, en otro arranque de genialidad ignorante, afirmó que Colombia no debería operar aeronaves de más de 40 años. Cuestionó la calidad llamándola una especie de "regalo muy costoso y malo" (refiriéndose a equipos donados). Esto, a pesar de que al principio había ladrado que el gobierno de Iván Duque los había comprado. Tanta es la ignorancia que hoy dice que no se pueden recibir regalos viejos.
Curioso que Petro se posicione como experto en chatarras cuando, siendo alcalde de Bogotá, compró una flota de camiones de basura que literalmente resultaron siendo los desechos desechados de otras ciudades. Lo que Petro no repite —y sus loros callan— es que cuando fue alcalde se compraron compactadores usados que fallaron de inmediato en medio de la improvisación. Adquiridos a través del Acueducto de Bogotá desde EE. UU. (flota reacondicionada), por una cifra que rondó entre los $76.000 y $80.000 millones de pesos por unos 276 camiones. El cambio climático de su ego nos costó una fortuna.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario