sábado, abril 18, 2026

Hacen paro por la salud, pero militan en la enfermedad

En estos días, el presidente Gustavo Petro parece decidido a dar la estocada final al agonizante sistema de salud colombiano. Su cínico estribillo del "shu, shu, shu" se materializa ahora en un modelo de intervención asfixiante sobre las grandes EPS y en una negativa rotunda a saldar deudas que podrían dar un respiro al sector. Petro añade a su extensa bitácora de improvisaciones técnicas —y a los crónicos desaciertos de su gestión— el nombramiento de Jorge Iván Ospina como interventor de la Nueva EPS. Esta entidad naufraga en un limbo desde hace dos años; un tiempo en el que el Gobierno ha sido incapaz de rescatarla o liquidarla, prefiriendo aferrarse a la burocracia mientras el deterioro se profundiza.

Como "cereza" de este pastel rancio, surge el nombramiento de Daniel Quintero Calle como nuevo Superintendente de Salud. En términos castizos, Petro ha decidido poner a dos ratones a cuidar el queso. La Nueva EPS no solo sobrevive en una crisis financiera severa, sino que sus indicadores se han desplomado tras la intervención estatal: los costos devoran los ingresos (121%) y el patrimonio negativo ya alcanza los –$4,4 billones. Las quejas de los usuarios se han disparado hasta un 564% en algunos territorios. La pregunta es inevitable: ¿Pretenden que solucione este desastre alguien imputado por corrupción durante su paso por la Alcaldía de Medellín?


El nuevo modelo de salud del magisterio, manejado por el FOMAG, cambió la forma de contratar servicios médicos. Pero en la práctica, los resultados han sido otros: demoras en citas, entrega tardía de medicamentos y, en algunos casos, interrupción de tratamientos. Como ya es costumbre en este gobierno, la improvisación termina pasando factura. Entre los problemas más críticos están las fallas en la contratación de clínicas y hospitales, redes de atención incompletas y un arranque desordenado del sistema. Este es, precisamente, el modelo que Petro ha planteado como piloto para una implementación a nivel nacional.

El nuevo sistema se ha convertido en una enfermedad crónica para los maestros. Lo que fue presentado como una solución ha profundizado la crisis del modelo de salud. El problema se agrava con denuncias sobre manejo de recursos, posibles irregularidades en los prestadores y múltiples investigaciones en curso. Los maestros hoy protestan porque el sistema no está funcionando en la práctica, especialmente en términos de acceso y calidad del servicio. Paradójicamente, le hacen paro al mismo gobierno que ayudaron a elegir, aunque siguen respaldando un modelo político que los mantiene en esta situación.

En este "sancocho" administrativo —cocinado entre los más de 65 viajes presidenciales al exterior—, la llegada de Quintero completa el "trío mágico" junto a Ospina y Jaramillo. Una designación puramente política, radical y de votos, carente de cualquier rigor técnico. Quintero desembarca sin experiencia en el sector, sin independencia y cargado de cuestionamientos éticos. Es la burla final de un gobierno que prometió cambio y solo ha entregado un retroceso decorado con retórica.

Mientras tanto, los maestros salen a las calles a protestar por el modelo de salud que se les impuso, pero continúan del lado del mismo gobierno, apoyando sin mayores reservas un proyecto político en el que, al parecer, quienes sí “viven sabroso” son sus líderes sindicales.

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