La campaña presidencial de 2026 calienta motores y, con ella, el desfile de promesas que pretenden redimir al país o, más probablemente, hundirlo definitivamente. Bajo la premisa innegociable de que el Estado colombiano es un ente obeso, derrochador y crónicamente ineficiente, es imperativo pasar por el tamiz técnico —y no solo político— las propuestas del progresismo, encarnado esta vez por Iván Cepeda Castro. No se trata de antipatía ideológica, sino de aritmética básica y realismo institucional. A continuación, diseccionamos cinco de sus propuestas estrella, verdaderas bombas de relojería para el futuro económico e institucional de Colombia.
2. Profundizar la Reforma Agraria: La Eterna Sinfonía del Voluntarismo sin Técnica. Nadie en su sano juicio se opone a que los campesinos tengan tierra; el objetivo es legítimo y necesario. El problema, como siempre con la izquierda, no es el 'qué', sino el 'cómo'. Cepeda propone mecanismos que implican una redistribución forzosa. Técnica y jurídicamente, esto es un nido de avispas: el Estado debe arrebatar la tierra a alguien que ya la ostenta, detonando conflictos legales y sociales que pueden arrastrarse por décadas. Además, figuras como las Zonas de Reserva Campesina imponen restricciones severas sobre el uso futuro de la tierra, lo que en la práctica desincentiva la inversión de capital en el agro. La historia económica es terca: la prosperidad rural germina con propiedad segura, titularidad clara y derechos transferibles, no con repartos condicionados y restricciones colectivistas. Esta propuesta depende al 100% de un diseño técnico impecable, un 'commodity' que escasea profundamente en el progresismo, donde la improvisación es la norma. Ya lo vimos con el desastroso modelo de salud para los maestros: un fracaso técnico absoluto bajo la administración Petro que Cepeda, sin duda, replicaría en el campo.
3. Prohibir el Fracking y Asfixiar la Gran Minería: El Suicidio Fiscal Programado.
"Transición energética" es el mantra de moda. Nadie está en contra de las energías limpias, pero en el mundo real, la velocidad y el orden importan. Cepeda insiste en la ruta del prohibicionismo. El dato técnico que parece ignorar es que hoy, los hidrocarburos financian aproximadamente el 35% del presupuesto nacional. Nuevamente, la improvisación ideológica aplasta a la planificación económica. Prohibir el fracking y restringir la gran minería sin tener fuentes alternativas de ingresos fiscales y de exportaciones ya consolidadas es, simplemente, un suicidio económico. Esta propuesta solo es viable en el metaverso del progresismo, no en una Colombia que depende de estas rentas para no declararse en quiebra. Es otra demostración de que Cepeda y Petro habitan en un plano de la realidad donde las facturas se pagan con buenas intenciones, no con divisas.
4. Más Control Estatal en Salud: El Anhelo de Resucitar el Seguro Social: Esta propuesta es el sueño húmedo de Petro y de toda la izquierda colombiana: el retorno al monopolio estatal de los recursos de la salud. Si bien el sistema actual tiene fallas reales que requieren corrección, la solución técnica no es vaciarlo en el Estado. Cuando el Estado administra directamente sin competencia privada, desaparecen los incentivos de eficiencia y calidad. Una EPS privada, en teoría, compite por pacientes y tiene razones económicas para mejorar su servicio; una entidad burocrática estatal no tiene incentivos, pues el usuario está cautivo. La experiencia regional con sistemas 100% estatales se resume en: listas de espera interminables, corrupción rampante y calidad ínfima. El modelo Cepeda-Petro nos lleva directos a un nuevo Instituto de Seguros Sociales, un botín burocrático para que los políticos canjeen citas médicas por votos.
5. Continuar la "Paz Total": Negociar el Territorio con los Criminales: La narrativa de Cepeda es simple: nadie quiere la guerra. Pero la técnica de la seguridad dice otra cosa. El problema de su "Paz Total" es negociar sin exigir que los grupos armados entreguen el control territorial real. Mientras el ELN o las disidencias mantengan su presencia en los municipios, seguirán cobrando "vacunas" a campesinos y empresas, regulando quién entra o sale y controlando la economía local. Esto es, técnicamente, un impuesto ilegal que asfixia el desarrollo. La paz sostenible y la prosperidad económica requieren que el Estado —y solo el Estado— detente el monopolio de la fuerza y el control del territorio. Sin esa condición de seguridad mínima, la inversión privada jamás llegará. Este ha sido el gran fracaso de Petro, y con Iván Cepeda, el "arquitecto" de esta política al volante, ya sabemos para dónde va el país. Como dicen popularmente: de culo para el estanco.
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