En el primer gobierno de izquierda de este país hemos tenido de todo lo que criticaron cuando eran oposición. Pero la gran diferencia de estos personajes en el poder es la forma canibalista en la que se han ido consumiendo a lo largo de estos cuatro años. Con un cinismo y una desvergüenza absoluta, aquellos que pretenden reelegirse bajo el abrigo de las mismas políticas, juran que en su gobierno no habrá personajes como Sandra Ortiz (presa), Luis Fernando Velasco (preso), Ricardo Bonilla, Angie Rodríguez, Carlos Carrillo, Juliana Guerrero, Armando Benedetti, Laura Sarabia, Ricardo Roa o un Roy Barreras presidiendo el Congreso.
En este gobierno, está claro: paga ser bandido. Que lo digan los "arquitectos" de la Paz Total o los gestores de paz que salen de las cárceles a seguir delinquiendo bajo el amparo oficial. O que hablen aquellos que falsifican títulos universitarios, como la "revolucionaria" Juliana Guerrero, que de revolucionaria tiene poco y de tramposa, mucho. Qué decir del imputado Ricardo Roa, presidente de Ecopetrol —la empresa más grande del país—, a quien Petro sostiene contra viento y marea a pesar de estar señalado por tráfico de influencias y de usar su cargo para favorecer a terceros. Adicionalmente, a Roa se le acusa de la posible violación de topes electorales cuando fue el jefe de la campaña presidencial.
Por su parte, Laura Sarabia usaba su poder para "chuzar" y ordenar un polígrafo a la niñera de su hijo, además de recomendar interventores en EPS. Es una figura omnipotente que sobrevive a varios escándalos, aunque muchos sigan en la nebulosa de la "disputa política". Ya en 2023, Benedetti amenazaba con revelar las entrañas de la campaña y hablaba de irregularidades en la financiación; hoy carga con más de siete procesos judiciales en la Corte Suprema por corrupción y enriquecimiento ilícito. En 2025, EE.UU. lo sancionó por presuntos vínculos con el narcotráfico, mandándolo a hacerle compañía al mismo entorno presidencial en la Lista Clinton.
Lo curioso es que muchos de estos casos se destapan desde adentro. Tal debe ser la putrefacción que ni ellos mismos soportan el olor. En esas "destapadas de olla", Angie Rodríguez —nuestra mini Delcy Rodríguez— salió a denunciar una supuesta red de corrupción interna con más de 20 funcionarios involucrados actuando por intereses propios. Señaló directamente a Carlos Carrillo, a quien acusa de espionaje y presiones; a Juliana Guerrero, como pieza clave de la red, y a Raúl Moreno, vinculado a conspiraciones internas. Nuestra mini delcy entregó 5 chats reveladores a la Fiscalía: se habló de comisiones, el caballo de Troya y hasta “50 grandes”
En un gobierno que se vendió como el llamado al "cambio", nada cambia. Los petristas como Maria Jose Pizarro dicen que en un gobierno de ellos, no existiran las Angie Rodriguez o los Carlos Ramon, como si este gobierno fuera del chapulin colorado. Hoy el petrismo tiene muchos imputados, otros huyendo como Carlos Ramón González, algunos presos y, entre los que quedan sueltos, se despedazan con declaraciones escandalosas, demostrando el "excelente" ambiente laboral que los rodea.
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