lunes, junio 22, 2026

Fragmentados: El país del tajo en la mitad y el berrinche de Petro

Colombia está dividida en dos. Esa es la realidad y la foto fija que dejaron las elecciones del 21 de junio de 2026. Gustavo Petro se la jugó como nunca antes un presidente lo había hecho, interviniendo descaradamente en los comicios del país, y aun así perdió. Sucedió a pesar de tener a todo el aparato del Estado en campaña electoral y contar con la sospechosa permisividad hacia los grupos armados, que carnetizaron a la población y la obligaron a votar en regiones como Chocó, Nariño y el Cauca. Mesas enteras en las que solo se contabilizaron votos para un único candidato: el de Petro.

La fotografía final tras el preconteo nos muestra el mismo mapa de hace cuatro años: un país en las periferias y otro en el centro. En las costas triunfó el petrismo. En la Costa Caribe, aunque Abelardo De La Espriella es de Montería, en los siete departamentos de la región se impuso el pupilo de Gustavo Petro. Lo mismo ocurrió en la Costa Pacífica, donde Iván Cepeda arrasó en Nariño, Cauca, Valle del Cauca y Chocó.

Fue una votación impulsada por el miedo. Una Colombia que le teme al autoritarismo y a la idea de cambiar la Constitución en cabeza de la izquierda; y otra Colombia que le teme a ser "destripada", como se refería Abelardo en la campaña electoral.

Dentro de esas divisiones debemos revisar los fragmentos. En la izquierda de Petro, los más de 12 millones de votos que consiguió Cepeda fueron, en su mayoría, su músculo inicial —ese que siempre lo acompaña—, pero también sumaron los votos del miedo en las regiones donde hoy dominan los grupos armados al margen de la ley. Se sumaron, además, los votos de los empleados públicos y sus familias, obligados a votar por Cepeda bajo amenaza de despido; los votos que le endosó Roy Barreras en su habitual movida de ajedrecista político; los jóvenes de la "primera línea" que ya salieron a incendiar, y ese país que siempre marcha en contra de lo que llaman la derecha.

Del otro lado, los fragmentos que se cuentan son los de muchos votantes que no necesariamente "amaban" a De La Espriella, sino que querían un cambio frente al gobierno actual y sus políticas. Mucha gente votó para cambiar el rumbo del país tras la fracasada "paz total" y la corrupción incrustada en las altas esferas del gobierno Petro. Asimismo, muchos votaron para sacar al inquilino de la Casa de Nariño, el mismo que prometía hace unos días "un siglo de progresismo"; el mismo que se lanzó primero en una campaña por la constituyente, que luego negó en busca de votos, y que seguro ahora dirá que sí.

Abelardo no recibe un cheque en blanco. Con la votación de ayer el país quedó partido en dos, y esas dos Colombias son igual de válidas. El discurso del llamado "Tigre" anoche es un llamado a la unión, a tener un presidente que sea de toda Colombia y no solo de quienes votaron por él. Tiene todo para ser un gran mandatario si se sabe rodear de personas capaces y no cae en el error de Petro: hacer lo que le daba la gana con autoritarismo y de la mano de su secta más cercana. Un presidente electo en una votación tan ajustada suele tener menos margen político y necesita negociar más con la oposición, el Congreso y las regiones.



El gran derrotado de ayer fue Gustavo Petro. El país le dijo que no quiere su proyecto político, pero sobre todo, el voto fue para frenar las extralimitaciones de quien no le importa hacer lo que sea para mandar desde el poder, colocando a personajes como Benedetti al mando de la política, o a Daniel Quintero —imputado por corrupción— manejando hilos institucionales. Lo que le queda a esa mitad derrotada es aceptar los resultados con gallardía, algo que aún no han hecho ni Cepeda ni Petro, parapetados en la demagogia de que solo aceptarán los escrutinios. Unos escrutinios que ya van por encima del 99% y no muestran mayores cambios respecto a lo ocurrido el domingo.

La tarea del nuevo presidente es gobernar para toda Colombia, respetar la Constitución y las leyes, y sobre todo, no seguir con el discurso polarizador y de odio que caracterizó estos cuatro años de gobierno y a una campaña electoral que, por fin, llegó a su fin. Una tarea titánica porque muchos, en ambos lados, siguen pensando con el hígado.

No hay comentarios.:

Fragmentados: El país del tajo en la mitad y el berrinche de Petro

Colombia está dividida en dos. Esa es la realidad y la foto fija que dejaron las elecciones del 21 de junio de 2026. Gustavo Petro se la jug...