sábado, agosto 29, 2026

El Gabinete de Narnia: la fantasía del poder perdido

Narnia es un mundo de fantasía y magia creado por el escritor anglo-irlandés C. S. Lewis como escenario principal de su famosa heptalogía literaria infantil y juvenil. Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en gobernar este país, ha salido con otra de sus pilatunas, de las que ya nos tienen acostumbrados a dudar de su cordura; su delirio de poder es absoluto, solo comparable con el de Álvaro Uribe Vélez en la historia reciente de este maltrecho país.

Pero lo que realmente sorprende no es que Petro —quien bajo el efecto de quién sabe qué sustancias trinaba en las madrugadas locuras, incoherencias y frases desarticuladas— hoy esté hablando de un «gabinete alterno» frente al gobierno de Abelardo de la Espriella. Habla de un gabinete de desocupados petristas radicales que lo acompañaron en su gestión y cuyos resultados saltan a la vista: un país más dividido y jodido que el que recibió de manos de su antítesis, Iván Duque.

Petro y sus adeptos viven, en el lenguaje coloquial, en Narnia: como esa persona distraída y desconectada de la realidad que fantasea con imposibles.


El famoso «gabinete por la vida» del derrotado Iván Cepeda —pupilo de Petro— está integrado por lo más rancio de la izquierda actual, con funcionarios cuyo recorrido está atado de la mano del expresidente:

  • Irene Vélez, como ministra de Minas y Energía / Ambiente.

  • Guillermo Alfonso Jaramillo, en el Ministerio de Salud.

  • Daniel Rojas, participante de todos los horrores cometidos en el Icetex y quien tiene más cara de cuidar carros a las afueras de un ARA que de ministro de Educación.

  • Antonio Sanguino, pidiendo recursos para ejercer la oposición en su misterioso mundo narniano, solicitando que el Estado les financie la función para la que el creador de ese universo fantasioso los designó como ministro del Trabajo.

  • Juan David Correa, como ministro de Cultura.

  • Germán Ávila, el mismo que entregó un presupuesto desfinanciado y autor de tres reformas tributarias fallidas en el gobierno petrista, propuesto nuevamente como ministro de Hacienda.

  • Andrés Camacho, el hombre que nos dejó sumidos en la crisis energética, como ministro de Minas y Energía.

  • Rosa Yolanda Villavicencio, «Rosita», quien repetirá como canciller y, como todos los miembros de este imaginario mundo petrista, es la encargada de reiterar una labor mal hecha que, como todo lo de Petro, salió mal.

Aun así, Petro y Cepeda olvidaron incluir en el gabinete de Narnia a Aída Quilcué y a Francia Márquez: personajes que sirvieron para generar lástima o apego electoral, pero que son descartados a la hora de gobernar. Petro prefiere a figuras como Juliana Guerrero, Gabriela Muñoz o la misma Laura Sarabia para ejercer el poder y repartírselo. Es la política del amor del líder mesiánico, donde solo se hace lo que el mesías indica; ocurrió con Uribe, con Caicedo y ahora con Petro, figuras siniestras y peligrosas para el futuro del país.

El gabinete de Narnia se dedicará a dictar cátedra de buen gobierno (según ellos) y a criticar, que es lo único que han hecho toda la vida. Cuando tuvieron la oportunidad, fallaron: se atrincheraron en su esquina radical de la izquierda y desde ahí contemplaron el mundo únicamente para quienes seguían sus ideas. Se olvidaron de gobernar para el país y lo hicieron para sí mismos, excluyendo a quienes no compartían su línea política. Por eso, el gobierno que llegue debe ser superior: debe gobernar para la nación, no para la izquierda. En eso, el gabinete de Narnia es experto: en excluir. No saben construir, pero son profesionales en destruir

miércoles, agosto 26, 2026

Un país de emociones y úlceras políticas

Desde hace años se viene imponiendo en el país el modelo de las emociones políticas, una estrategia que ha generado altísimos réditos desde que Uribe y su séquito encontraron la fórmula para «emberracar» a los colombianos y lograr que salieran a votar 'No' en el plebiscito por la paz inventado por Juan Manuel Santos. Desde esa época, los políticos actuales entendieron cómo movilizar a la gente a través de la indignación pura para alinearla con sus causas.

Si nos remitimos quizás un poco más atrás, en Santa Marta, un aventajado político de la época logró mover fibras para hacerse llamar «el político del cambio». Ese mismo personaje hoy huye de la justicia cuando esta por fin actúa y lo condena a 9 años de prisión, teniendo además encima investigaciones por presunto abuso sexual de menores. Un político carcomido por el poder y un delirio de grandeza que cultivó para ostentar durante 12 años el control de la ciudad y durante 8 el del departamento. Sin embargo, le ha llegado su hora a quien movilizó emociones contra Metroagua en su momento y creó una empresa que sus alfiles quebraron tan rápido que al Gobierno no le quedó otra opción que intervenirla. Ese gran mesías, que hablaba de los «viejos clanes», cimentó en 12 años su propio clan al lado de sus mejores amigos —a quienes también llevó al poder—, amasando fortunas que les permiten «vivir sabroso» aun sin trabajar, a pesar de que hace unos años eran solo el ayudante de bus y la secretaria muy aplicada del mismísimo caudillo.

Petro, con su primera línea, logró en el año 2021 el famoso estallido social en contra del Gobierno de turno: incendiaron el país en las calles y salieron a marchar contra la reforma tributaria de la época del ministro Carrasquilla, logrando que la nación montara en cólera contra un inerte Iván Duque, el payaso de circo que Uribe había puesto en el poder y que terminó como DJ Duke en el retiro de su corta carrera política. Duque, entre otros logros, tuvo como mayor éxito hundir al uribismo y entregarle el poder a la izquierda que siempre se autonombra «el cambio» —claro, el cambio de bolsillo, ya que son ellos quienes luego se llenan las arcas para vivir sabroso—.


El entendimiento de la movilización emocional lo tienen claro en ambas orillas: somos un país que no elige ideas ni propuestas, sino gritos y pasiones. Recientemente, el asesor estratégico de la campaña de Abelardo de la Espriella lo confesó: el país necesitaba movilizar la repugnancia que generaron los cuatro años de Petro. Ese manejo que le dio el expresidente incluyendo a personajes como Juliana Guerrero —quien era confidente y asesora presidencial sin título alguno— o teniendo a Benedetti como el salvador final en sus horas postrimeras, sumado a los trinos de madrugada, era algo que había que erradicar, y la campaña de Abelardo lo entendió a la perfección.

Hoy, en un país que hace menos de un mes sufrió un devastador terremoto, la tragedia se acompaña con incendios forestales provocados supuestamente por las disidencias de las FARC y el ELN. Se dice incluso que las primeras líneas estarían detrás de este infame crimen, buscando aplacar la capacidad estatal desplegada para perseguirlos. Estas organizaciones, de la mano del brazo político en el Congreso que defiende los ideales de Marx, buscan generar úlceras en el país que les permitan retornar al poder en cuatro años. Saben perfectamente que el discurso del odio y el incendio funciona de maravilla en una nación que no se mueve con ideas, sino con visceralidad.

viernes, agosto 21, 2026

El cinismo como doctrina: la oposición del desmemoriado

 El llamado Pacto Histórico no reconoce el gobierno de Abelardo de la Espriella; sin embargo, Iván Cepeda se posesiona como senador gracias a su condición de perdedor de las elecciones presidenciales, y esta semana, acogiéndose al mismo estatuto de la oposición, realizaron su primera alocución como partido opositor al gobierno legítimo de De la Espriella.

En ese espacio de aproximadamente 20 minutos, Petro y Cepeda volvieron a lo que mejor saben hacer: criticar. Tuvieron cuatro años para construir, pero resulta una tarea imposible para un megalómano como Petro, quien no construye ni es capaz de mantener un hogar, mucho menos de conducir una nación. Con una profunda amnesia selectiva, no reconocen al Gobierno, pero salen a exigir, con lista de peticiones en mano, lo que jamás hicieron por el país. Tienen la fórmula para arreglar a Colombia en dos días, aunque cuando gobernaron parece que se les olvidó la receta. Piden hoy los resultados que nunca supieron dar. El nivel de descaro y cinismo es, verdaderamente, digno de admirar.

Petro y Cepeda sostuvieron que la respuesta del nuevo Gobierno ha sido insuficiente y desorganizada frente a la magnitud de la tragedia. Cuestionaron especialmente la atención a los damnificados y la capacidad del Estado para coordinar la reconstrucción. Petro no menciona que es un gobierno con apenas tres días de mandato que apenas se está estructurando y tratando de organizar el desastre que dejaron cuatro años de desgobierno. Incapaz de asumir su propia inoperancia frente a la tragedia invernal que azotó al país entre 2022 y 2023 —probablemente la primera gran emergencia de su administración—, Petro olvida que las lluvias afectaron a buena parte del territorio y que su Gobierno declaró el desastre nacional.



Fue allí donde emergió uno de los mayores escándalos de su gestión: la UNGRD terminó envuelta en la trama de corrupción de los carrotanques de La Guajira y, posteriormente, en el cuestionado manejo de los recursos de emergencia. El propio Petro reconoció errores y puso a Carlos Carrillo al frente de la entidad tras enfrentar múltiples temporadas de lluvias, inundaciones y deslizamientos. Aunque la UNGRD reportó en 2023 un total de 174 calamidades públicas y más de $1,35 billones en asistencia humanitaria, el problema de fondo no fue la capacidad de reacción ante cada evento, sino la nefasta gestión de los recursos y la incapacidad de ejecutar soluciones reales debido a la crisis de la UNGRD.

Petro y Cepeda intentaron mostrar en su alocución que su sector político sí está comprometido con las víctimas y que, desde la oposición, continuará acompañando a las regiones afectadas. También cuestionaron decisiones concretas del Ejecutivo; entre ellas, Petro criticó que el hospital flotante Benkos Biohó no estuviera siendo utilizado en la emergencia. La ministra de Salud respondió que la administración anterior no había dejado contratos vigentes para su operación, omisión que Petro prefirió callar: su propio gobierno dejó desfinanciado y fuera de servicio el buque Biohó desde hace dos meses.

Petro y Cepeda intentan construir el relato de que el nuevo Gobierno maneja mal la crisis, mientras ellos, desde la oposición, se presentan como la alternativa que defiende a las víctimas. Para Petro, un hombre habituado a vivir en la confrontación y la crítica, esta fue una de sus primeras intervenciones nacionales como líder opositor frente a la nueva administración. La intervención junto a Cepeda no fue una respuesta técnica al discurso presidencial; sirvió para trazar la línea política del Pacto Histórico durante los próximos años.

La oposición aprovechó la tragedia del terremoto para cuestionar la gestión de De la Espriella, proponer una reforma tributaria con la que financiar la reconstrucción y, al mismo tiempo, posicionar a Petro y Cepeda como los principales caudillos de la causa opositora. Lanzan patadas de ahogado apelando a lo que mejor conocen y saben que funciona: alimentar el odio visceral para que la gente actúe con el hígado y no con la cabeza, tal como lo señaló el asesor y estratega de Abelardo en campaña: en Colombia la gente no elige ideas, vive de emociones. Y no es que no se pueda criticar, como alguien por ahi me dijo, es que el que carece de autoridad moral y tiene rabo de paja, a la candela no se acerca.

sábado, agosto 15, 2026

El Magdalena ya no tiene dueño: el empanado divorcio entre Margarita y el caicedismo

Cuando Margarita Guerra hizo campaña para la Gobernación en 2025, no escondía su vínculo con Carlos Caicedo. En su propio programa de gobierno decía que había trabajado de la mano de Caicedo y Rafael Martínez, y hablaba de Caicedo como su mentor; su lema y su publicidad eran "La de Caicedo". Margarita llegó al poder gracias a una estructura construida fundamentalmente por Caicedo, pero también gracias a sectores que no necesariamente responden a él. Un sancocho de políticos que incluía a Rodrigo Roncallo, Eduardo Pulgar, «El zonero mayor» y otra cantidad de figuras que supieron llevar al poder a Margarita en épocas que parecían ser el declive político de Caicedo.

Además, la elección atípica de noviembre de 2025 fue prácticamente un plebiscito sobre el poder de Caicedo. Guerra obtuvo 188.722 votos, frente a 124.291 de Rafael Noya, quien había salido de Fuerza Ciudadana y terminó respaldado por sectores del Pacto Histórico y fuerzas anti-Caicedo.

En estos días, la gobernadora del Magdalena, María Margarita Guerra, hizo unas denuncias bastante fuertes que han generado mucha atención política en el departamento. En un comunicado publicado a comienzos de agosto, Guerra afirmó que durante los últimos meses ha sido víctima de amenazas, presiones, insultos, descalificaciones, humillaciones, ataques dirigidos contra ella y su familia, y una supuesta campaña para desprestigiar su gestión.

Pero lo más delicado de sus declaraciones fue que aseguró haber encontrado oficinas públicas y hospitales que, según ella, estaban funcionando como “focos de corrupción y de negocios personales” al servicio de unos pocos. Dijo que ha tomado decisiones para "depurar" esas estructuras y que precisamente eso habría generado resistencia. Guerra no nombró directamente a Carlos Caicedo en su comunicado. Sin embargo, el contexto político hace que muchos interpreten sus declaraciones como un distanciamiento muy fuerte del caicedismo. Ella, que llegó a la Gobernación con el aval de Fuerza Ciudadana y había sido presentada como continuadora del proyecto político de Caicedo, ahora afirma que: “El Magdalena no tiene dueño.” Y dice que está gobernando con autonomía, corrigiendo lo que considera que estaba mal y depurando estructuras que encontró en la administración.

Posteriormente, cuando le preguntaron directamente por Caicedo, negó que él estuviera detrás de las amenazas y sostuvo que sus decisiones son independientes. Es interesante porque ocurre justo después de que Carlos Caicedo fuera condenado en primera instancia, el 29 de julio de 2026, a 117 meses de prisión por delitos relacionados con contratación cuando era alcalde de Santa Marta. La sentencia es apelable y Caicedo ha defendido su inocencia. El comunicado de Guerra apareció apenas cinco días después. Eso ha hecho que políticamente se interprete como un posible rompimiento con el sector de Caicedo, aunque no se puede afirmar que ella lo esté acusando directamente de las amenazas.



Además, diferentes sectores políticos —incluido el alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo— salieron a respaldarla después de sus denuncias. A Margarita se le ha visto en lo impensado hace unos años: que un miembro del movimiento naranja, en declive, saliera en público abrazada y bailando vallenatos con el que llamaban ilegítimo porque le ganó la alcaldía al pupilo de Caicedo, Jorge Agudelo.

Hoy muchos hablan en voz baja o en los pasillos sobre quiénes son los responsables de esas amenazas: sectores duros del caicedismo que tienen enquistada esa corrupción y que sienten cómo la valiente Margarita los ha enfrentado. A Margarita, Caicedo la escogió para que aglutinara a su alrededor a otros sectores, y hoy sufren eso en el movimiento naranja, ya que la época en la que comían los mismos ricos de siempre y los perros de ricos parece que ya pasó.

sábado, agosto 08, 2026

El último delirio del huérfano de poder

No debe resultar fácil para Gustavo Petro y su izquierda entregar el poder a quien le ganó las elecciones más tramposas e irregulares de la historia; tramposas e irregulares por todo lo que se movió alrededor de Iván Cepeda: el Gobierno inyectándole dinero a más no poder, un presidente participando en política como jamás se había visto, voto fusil en lugares apartados, mentiras en contra de los demás candidatos en campaña y fajos de billetes que movilizaban en cajas de vajillas y bolsas de basura, como mencionó Eva Ferrer, la amiga de Verónica Alcocer. 

Petro, en otra de sus tantas salidas en falso —de esas a las que ya nos tiene acostumbrados—, salió a decir recientemente que el verdadero ganador de las elecciones fue Iván Cepeda, cuando en democracia fueron derrotados por un país que le dijo: "¡Fuera Petro! Con gusto, adiós para que no vuelva más". Se pasaron de piña, hicieron todas las porquerías que se pueden imaginar en política; los escándalos con los que se van no se ven ni siquiera en las peores series de políticos corruptos de Netflix: House of Cards les quedó en pañales.

Gustavo, en una madrugada de esas de trasnocho a las cuales nos tiene acostumbrados —quién sabe metiéndose qué o bajo el efecto de qué sustancia—, tras referirse a hechos de violencia en el Cauca, hizo un llamado al "movimiento indígena, campesino, popular y estudiantil" para organizar "guardias libertadoras" con el fin de proteger a las comunidades de grupos armados ilegales. Adicional a esa minga indígena que llevan en buses pagados por el Estado para llenar plazas y hacer desmanes, quiere Petro tener su propio ejército bolivariano o esas milicias que armaron en Venezuela.

A esos petrilovers a los que se les acaba la chequera les va a doler haberse radicalizado en la izquierda más extrema de este país. A Francia Márquez le faltará su "helicóptero" y a Petro entregarle el poder a las muchachitas rebeldes que lo acompañaban, luego de acompasar su clítoris con el cerebro.


A muchos nos parece absurdo ver a Gustavo Petro exponiendo teorías, mostrando gráficas sin contexto y hablando de un supuesto fraude sin pruebas. Pero ese no es un error, es una estrategia. Él no está intentando convencer a quienes contrastamos información o exigimos evidencia; está apelando a la emoción, al resentimiento y a la esperanza de personas que no tienen una estructura académica —que, a decir verdad, en Colombia son la mayoría, ¡una población ignorante!—. Sabe que una narrativa repetida muchas veces puede ser más poderosa que una prueba. Ese ha sido, desde hace años, su principal capital político. Petro, al igual que Uribe, apela a la emoción de sus seguidores más radicales y sabe que una mentira repetida muchas veces ante esas personas se les convierte en verdad.

En un país como Colombia, donde existe un historial de violencia política, muchos analistas consideran que los líderes públicos deberían procurar que sus mensajes sean lo más claros posible para evitar interpretaciones que puedan alentar acciones fuera de la institucionalidad. Pero para Petro el lenguaje es importante: sus bases le reclaman lo que él les da, y él sabe inyectarles ese odio y esa mentira digna de la izquierda cuando queda huérfana de poder. Esos personajes ya están esperando el 7 de agosto para comenzar a contar masacres, obviando las 355 masacres y 1.351 víctimas registradas durante estos cuatro años.

Petro sigue llamando a sus bases a incendiar, a no reconocer el resultado; llama ilegítimo a quien le ganó las elecciones a pesar de no ser político y no vivir en Colombia. Eso quizás le duela a Petro todos los días, porque hizo lo imposible por perpetuar su modelo radical, pero Colombia le dijo que NO. No queremos ser Venezuela, no queremos ser Nicaragua; somos un país diferente que entendió que el tiempo de Petro para gobernar ya pasó. Lo mejor que podemos hacer es estar atentos como sociedad, y que el gobierno de Abelardo de la Espriella responda con todo el poder del Estado ante las amenazas de un pobre loco huérfano de poder.

jueves, agosto 06, 2026

Entraron nueve, quedaron tres: la soledad del megalómano y el final del viaje

El 7 de agosto de 2022 pasó a la historia por ser el día en que el primer gobierno de izquierda iniciaba su andar. Ese día, en la posesión de Gustavo Petro, el mandatario electo fue recibido en la Casa de Nariño por el presidente saliente, Iván Duque, quien junto a su familia y sus colaboradores más cercanos dejaba el gobierno tras cuatro años de férrea oposición por parte de quien llegaba a sucederlo. Petro arribó junto a su hijo Nicolás y la esposa de este en ese momento, Daysuris del Carmen Vásquez; sus hijas Sofía, Antonella y Andrea; su otro hijo, Nicolás Alcocer, y su esposa de entonces, Verónica Alcocer, ataviada con un vestido que parecia estar disfrazada del papa Francisco.

En la foto presidencial del día aparecen los nueve, unidos y agarrados de la mano. Una familia a la que el poder mordió y envenenó a tal punto de dejar al megalómano de Gustavo Petro hoy solo, pero con muchas «jóvenes rebeldes» a su lado, como Juliana Guerrero o Gabriela Muñoz. Los escándalos de la familia presidencial apenas estaban por comenzar: estos incluyen la detención de Nicolás Petro junto a su ya expareja, Daysuris del Carmen. Nicolás, acusado de enriquecimiento ilícito como servidor público y lavado de activos; Day, su expareja, acusada de lavado de activos y violación de datos personales cuando descubrió que Nicolás la engañaba con su mejor amiga, Laura Ojeda. Y la polémica frase de Petro en la que afirmó que no había criado a su hijo, conocido como "Remolacho".



Nicolás Alcocer (hijo de Verónica Alcocer y adoptado legalmente por Gustavo Petro) ha manifestado públicamente que vive en Europa desde hace varios años, al igual que Andrea Petro, la otra hija del mandatario, quien al parecer reside en París. Sin embargo, la joya de la corona se la lleva Verónica Alcocer, quien entre todos sus escándalos y delirios de Lady Di criolla, se mudó hace un par de años a Suecia, en donde ostenta una agitada vida nocturna —al parecer financiada por el Estado colombiano— en búsqueda del silencio de la que fue la esposa del saliente presidente. Han existido serios cuestionamientos sobre sus viajes internacionales, su equipo de apoyo y los recursos destinados a su oficina. En los últimos días del gobierno se divulgaron audios atribuidos a una excolaboradora cercana de Alcocer, en los que se hacen acusaciones sobre el presunto manejo irregular de recursos, uso de testaferros y financiación ilegal de campaña. Organismos de control solicitaron información sobre estos gastos, lo que generó un tenso debate público sobre el verdadero alcance de las funciones de la Primera Dama.

Gustavo Petro es un personaje con todos los rasgos de un megalómano: alguien que se siente más inteligente o capaz que los demás, busca constantemente admiración y reconocimiento, piensa que las reglas no aplican para él, es capaz de exagerar sus logros o atribuirse méritos que no le corresponden, tiene seria dificultad para aceptar críticas y se cree destinado a cambiar el mundo o a cumplir una misión extraordinaria. Se refugia en su red X, desde donde trina a altas horas de la noche, y se va de viaje con muchachitas o amiguitas que lo acompañan en esa soledad que su fragmentada familia no logró llenar.

Entraron nueve el 7 de agosto de 2022. Cuatro años después, solo lo acompañan su hija Antonella —que también se irá a Europa— y su hija Sofía, quien regresó luego de terminar sus estudios en europa. El poder le arrebató una familia a Petro, pero le dejó pelo nuevo, estiramiento facial, un paseo por Panamá y bastantes viajes junto a jovencitas rebeldes que tratan de llenar el vacío.

Este 7 de agosto, Colombia grita más fuerte que nunca: ¡Fuera Petro! Vas de salida; que nunca más un personaje como tú regrese al poder.





martes, agosto 04, 2026

Barranquilla: Capital alterna de Colombia

Durante décadas, el poder político de Colombia ha tenido un único epicentro: Bogotá. Desde la capital han gobernado los presidentes, se han definido las grandes decisiones del Estado y se ha concentrado la mayor parte de la administración pública. Ahora, el presidente electo, Abelardo De la Espriella, pretende romper con esa tradición y ha elegido a Barranquilla como el escenario desde el cual comenzará a impulsar una nueva visión de gobierno. Un guiño a la ciudad que está de moda en Colombia. Uno de los argumentos del mandatario electo es que la medida busca corregir el histórico centralismo colombiano y otorgarle un mayor protagonismo a la región Caribe en las decisiones nacionales.

Algunos países que ya manejan esta figura son Bolivia —donde Sucre es la capital constitucional y La Paz es la sede del Gobierno y del Congreso— y Sudáfrica, que no tiene una sola capital: Pretoria alberga el poder ejecutivo, Ciudad del Cabo el legislativo y Bloemfontein el judicial. En los Países Bajos, Ámsterdam es la capital constitucional y La Haya la sede del Gobierno y de la Corte Suprema. Chile es otro ejemplo: hasta 1973, su Congreso sesionaba en Santiago, pero tras el retorno a la democracia en 1990, se inauguró la nueva sede en Valparaíso como una medida orientada a promover la descentralización del país.


En el caso de Colombia, la propuesta planteada busca que Barranquilla complemente a Bogotá, no que la reemplace como capital. Para que dicho reconocimiento tenga carácter permanente y no dependa del gobierno de turno, la vía más sólida sería una reforma constitucional aprobada por el Congreso mediante un acto legislativo.

Sin embargo, la iniciativa ya ha desatado duras críticas. Mantener dos sedes de gobierno implicaría altos costos adicionales, traslados frecuentes de funcionarios, mayores gastos logísticos y la urgencia de definir con precisión qué entidades o funciones operarían realmente desde la Arenosa.

Para Barranquilla, la idea de De la Espriella representaría una mayor inversión pública, pues la ciudad tendría que adecuar su infraestructura para atender al presidente, ministros, altos funcionarios y delegaciones internacionales. Esto se traduciría en recursos para seguridad, vías, conectividad y telecomunicaciones. Asimismo, significaría un gran impulso económico: la llegada frecuente del Ejecutivo generaría demanda para hoteles, restaurantes, transporte, empresas de logística, eventos, servicios tecnológicos y seguridad privada. En términos de visibilidad internacional, embajadores, inversionistas y organismos extranjeros tendrían más actividades oficiales en la ciudad, consolidando su proyección como centro de negocios y puerta de entrada al Caribe.


Si la iniciativa se implementa con un traslado real de funciones y no solo como un despacho presidencial simbólico, Barranquilla podría consolidarse como un segundo centro político y administrativo del país, de manera similar a lo que ocurre en otras naciones. Si, por el contrario, la presencia del Gobierno termina siendo ocasional y carente de nuevas competencias o entidades, el impacto económico y administrativo será meramente testimonial. Barranquilla está de moda y hoy tiene el foco del país; es la ciudad que más ha crecido a pesar del desgobierno de Petro. Abelardo le rinde un homenaje, aunque ni siquiera haya ganado las elecciones en esa plaza.

El Gabinete de Narnia: la fantasía del poder perdido

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